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“Además de héroe, es nuestro abuelo”


María Haydée Brenes

Cuando el joven español Aparicio Sandino decidió quedarse en Nicaragua, mientras sus otros dos hermanos partían hacia México y Colombia, no se imaginó que su tataranieto Augusto C. Sandino se convertiría en el Sandino más famoso de la historia del mundo. Quizá tampoco proyectó que su simiente continuaría viva a casi trescientos años de su llegada a esta tierra.
Gracias a la investigación genealógica emprendida hace más de diez años por Walter y su esposa Marbelly, Augusto y Julio César Castillo Sandino, hijos de Blanca Segovia Sandino Aráuz y Policarpio Enrique Castillo Delgado, se ha determinado que desde el matrimonio entre Aparicio Sandino con la señora Apolonia Castillo, ocho generaciones se han desarrollado, y han resultado de la unión de 57 parejas, 327 personas que a su vez poseen 153 apellidos diferentes.
“Éste es un trabajo que nosotros iniciamos empíricamente, y hemos recibido ayuda de la Academia Nicaragüense de Genealogía y del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (Ihnca-UCA). Hemos buscado información en algunos documentos, en los cementerios, pero la mayoría de la información la obtuvimos de fuentes vivas que son familiares nuestros, de allí buscamos hermanos de nuestro abuelo, primos; y en los cementerios e iglesias buscamos fechas y nombres, porque en el Registro Público no existe mucha información”, declaró Walter Castillo Sandino.

El general… nuestro abuelo
“Siempre sentimos curiosidad por conocer más de nuestro abuelo y del resto de la familia”, señaló Walter, el menor de los nietos de Sandino, “pues desde que nacimos nos dijeron que la familia era mi papá, mi mamá, mis hermanos, un tío y un primo, nada más, y cuando hablábamos de mi abuelo nos decían que había sido asesinado pero que no se sabía dónde estaba su cuerpo”.
“Todo el mundo ha hablado de Sandino, y para nosotros era una costumbre escuchar de él como héroe, pero Sandino, el general, era nuestro abuelo, el padre de nuestra madre, alguien cercano, y nosotros no contamos con la suerte de tenerlo cerca o por último saber dónde esta su cuerpo; siempre hemos tenido el vacío, sabemos de él por otros, igual que mi mamá”, destacó Walter.
De acuerdo con la investigación realizada, se encontraron que el apellido Sandino es ítalo- español, incluso hallaron el escudo de la familia Sandino, el cual está hecho a base de oro y plata y tiene grabados los números 7 y 6, cuyo significado aún desconocen.
“Estamos investigando de qué sitio en España partieron específicamente los primeros Sandino hacia América; por ahora tenemos que Aparicio Sandino se casó en Nicaragua con Apolonia Castillo y procrearon tres hijos; algunas personas me han dicho que fueron diez, pero no lo he podido confirmar, pero los que sabemos eran José María, Santiago y Eufresiano Sandino Castillo”, señaló Walter.
De Santiago Sandino Castillo nace don Gregorio Sandino, quien sostuvo una relación amorosa con Margarita Calderón. De allí nace su hijo mayor Augusto C. Sandino, pero además, de su matrimonio con América Tiffer, nacen Sócrates, Asunción y Zoilamérica Sandino Tiffer.
“Podemos adelantar que Rosario Murillo es nuestra familiar porque es nieta de Zoilamérica Sandino Tiffer, hermana del general Sandino; hemos encontrado la relación hasta ahora, pues siempre supimos que éramos familia, pero ahora ya tenemos toda la genealogía”, señalaron.
“Nosotros hemos seguido los genes de forma independiente. Hasta ahora tenemos casi completos los Sandino, pero aún nos falta investigar más sobre la familia. Nuestra bisabuela, Margarita Calderón, tuvo siete hijos, todos de distinto papá. Hemos contactado a ramas de la familia Sandino que son Alvarado, para ello nos ayudó mucho Uriel Alvarado, con los Calderón nos han ayudado Luis Fernando Calderón, de Niquinohomo, y el general Roberto Calderón, y nos falta saber mucho sobre los Aráuz.

De la familia
En la búsqueda de sus raíces fueron hasta la montaña a buscar a Amanda Aguilar, recientemente fallecida, porque pensaron que ella podía saber algo y así era, pues aunque no conoció a Sandino, su mamá fue cocinera de él y les relató muchas anécdotas del abuelo, por lo cual dicen haberla visto como una familiar. Amanda a la vez les comunicó que tenían familiares en San Ramón, Matagalpa.
“Hay mucha descendencia que está dispersa en toda Nicaragua. Hemos encontrado familiares en Niquinohomo, y le digo que hemos encontrado porque estamos vivos y nunca nos conocimos. Llegamos hasta Granada, donde tenemos familia, así también en Masaya, Managua, Matagalpa, Somoto, León y Estelí, y gracias a ellos seguimos contactando a otros familiares. Eso es algo que nos regocija, aunque a veces tocamos las puertas y les decimos quiénes somos y algunos hasta nos han visto con desconfianza, eso consideramos que es algo normal”, afirmaron.

Marcados
El descender de Augusto C. Sandino es para esta familia un orgullo que se percibe desde el ingreso a su hogar, donde nos recibe una estatua del General y un pequeño museo con fotografías de él y su gesta, pero es algo que también los ha marcado de forma negativa, pues desde recién nacidos tuvieron enemigos.
Una de las anécdotas que rememoran es cuando en 1955 nació Augusto Enrique Castillo Sandino, y alguien le dijo a Anastasio Somoza García: “General, acaba de nacer el primer nieto de Sandino”, y el dictador respondió: “Acaba de nacer un enemigo más”.
A partir de entonces, para mantenerse segura y garantizar la protección de sus hijos, Blanca Segovia comenzó a migrar. Así, Augusto nació en León; Rodolfo en San Rafael del Norte; Julio César en León y Walter en Corinto.

Constantes hostigamientos
“Siempre”, comenta Walter, “íbamos de un sitio a otro, lo que hizo nuestras vidas muy duras, nos cateaban la casa, hostigaban y amenazaban.
“Carlos Fonseca se enteró de las penurias que pasábamos, y en un viaje a Cuba se lo contó a Fidel Castro y al Che, ellos dijeron entonces: “Sáquenlos, aquí los vamos a proteger para que no los maten”, y así fuimos al exilio de manera separada. Primero salimos mi mamá y yo en una mula; Augusto salió con un tío; Julio César con otro; Rodolfo con mi papá, todos de forma clandestina por veredas y ríos, pasando las mil y una necesidades que puede pasar una familia perseguida y pobre”, relata Walter.

El exilio
Durante 18 años esta familia permaneció exiliada en Cuba, donde los chavalos crecieron y se prepararon para retornar al país y participar en la insurrección que permitió, en 1979, el retorno definitivo de la familia a Nicaragua.
“El exilio fue duro”, recuerda Walter. “Mucha gente incluso cree que estamos allá aún, y algunos hasta piensan que no sufrimos la guerra. En ese país que nos tendió la mano sufrimos muchas pobrezas y dificultades, quizá más grandes viscicitudes que el pueblo cubano, pues ellos tenían más familia y todos cooperaban, mientras nosotros sólo éramos seis nicaragüenses”.
La pobreza de la familia Castillo Sandino era tal, que los niños sólo tenían un par de zapatos y una muda de ropa, su mamá y su papá trabajaban fuera de casa. Los cuatro hermanos permanecían solos en la calle después que salían del colegio.

Una tragedia
“Como todo niño pobre jugábamos en la calle y buscábamos qué comer, íbamos a una finca que estaba a siete u ocho kilómetros de la casa buscando mangos. La tragedia nos llegó un abril. Veníamos de esa finca, todos teníamos mucha sed, nuestro hermano Rodolfo divisó del otro lado de la calle una llave de agua, gritó dando aviso al grupo y se mandó a correr para ser el primero en beber; en la carrera la chinelita que andaba se le quedó en medio de la calle y se regresó por ella sin fijarse que venía un camión que lo embistió. Esa pobreza nos marcó”, señala.

Así era tu abuelo
“Conocimos a grandes hombres”, dice, “los principales líderes del Frente Sandinista, algunos de ellos cuando llegaban a Cuba iban a visitarnos, y como sabían las pobrezas que pasábamos, se llevaban de los hoteles el jabón, el papel higiénico, el café, todo lo que podían.
“Conocimos a nuestro abuelo por el coronel Santos López y un tío abuelo, Pedro Antonio Aráuz, “tío Toño”, hermano de Blanca Estela Aráuz, que fue por siete años secretario del General”.
Tío Toño era hombre orquesta, manifestaron los hermanos Castillo Sandino, tocaba el trombón, la guitarra, era muy sensible, “él conoció al abuelo y nos enseñó desde pequeñitos cómo era en todo su conjunto, su personalidad, se esmeró en que no lo olvidáramos, sino que estuviese vigente. Nos decía cómo actuaba, cómo pensaba, y nos contaba anécdotas muy bonitas e interesantes que están vinculadas con la historia tan significativa de nuestra familia.
“El acta de bautismo de nuestra madre, la cual encontramos en la investigación, dice que se llama Blanca María de Jesús Sandino Aráuz, mientras en el Registro Civil se encuentra su acta de nacimiento como Blanca Segovia Sandino Aráuz, pero eso tiene su explicación, una explicación que el tío Toño nos contó antes incluso de que pretendiéramos iniciar este trabajo”, señala Walter.
Según el relato, al morir durante el parto su esposa, Blanca Aráuz, Augusto Sandino estaba abatido, y delegó al tío Toño para que bajara al pueblo a registrar a la niña que sostenía en brazos, la cual se llamaría Blanca, como su mamá, Segovia por las montañas en las que luchó, con los respectivos apellidos, pero al llegar ante el registrador éste se negó a asentar a la niña aduciendo que Segovia no era un nombre de persona, y que no le pondría a una niña el nombre de las montañas.
“Tío Toño era muy diferente al abuelo, que tenía un temperamento muy fuerte, entonces se devolvió a la montaña y le expresó lo antes dicho por el registrador, a lo que Sandino respondió: “Dígale que la inscriba así, si no quiere que yo mismo vaya a hacerlo”. Envalentonado, el tío Toño bajó y le dio la razón al registrador, quien de inmediato inscribió a nuestra madre con ese nombre tan particular”, dijo Walter.

Una petición
Blanca Segovia Sandino Aráuz tenía sólo siete meses cuando asesinaron a su padre, el 21 de febrero de 1934. Sus hijos están muy interesados en conocer el verdadero paradero de los restos de su abuelo, pues a través del tiempo se han manejado muchas hipótesis sobre el posible lugar, que ubican en las cercanías del Lago Xolotlán o detrás del Hospital Militar.
“Lo más fácil es decir que Sandino está en toda Nicaragua”, comentó uno de los nietos del General. “Habrá a quiénes esto les conviene mucho, pero a nosotros no nos satisface, queremos saber dónde están sus restos, queremos llevarle flores, queremos sentarnos cerca de su tumba y hablar con él, muchos lo hacen, nosotros también lo quisiéramos hacer.
“Estoy seguro de que alguien en este mundo sabe dónde están sus restos, y ese alguien puede hacer esa obra de caridad hacia nuestra familia y decírnoslo, pedimos que quien lo sepa nos lo diga, sea quien sea, e incluso los familiares de su asesino. Presumimos que ellos deben saber algo y lo manejan como un secreto. Le solicitamos a quien sepa algo que nos lo diga para hacerlo en vida de mi madre. Sabemos que es algo que le importa a mucha gente en Nicaragua, pero queremos que sepan que no hay personas más interesadas que nosotros en saber dónde está”, dijo Walter.