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Cuba: La vida es posible sin Fidel

* El Comandante en Jefe ha sido el alfa y el omega, pero él mismo preparó a los cubanos para que se las arreglen sin su presencia * Las capturas frente a los hoteles, el recuerdo de Ochoa, las hazañas revolucionarias y los recuerdos de La Habana * Pese a respeto por los “principios revolucionarios”, hay cuestionamiento por los valores individuales

La Habana, Cuba
(Especial para EL NUEVO DIARIO)

La vida continúa igual en La Habana y en todo el país, sin las explosiones y revueltas sociales jubilosamente previstas por los cubanos anticastristas radicados en Miami. Pero algo fundamental ha cambiado: por primera vez en casi medio siglo, los cubanos tomaron conciencia de que Cuba puede funcionar sin Fidel.
Como se sabe, Fidel Castro es más que omnipresente, casi un Dios. Antes del súbito colapso que lo obligó a someterse a una delicada e incómoda intervención quirúrgica y a delegar el poder por primera vez, él era el alfa y el beta, el principio de todo, y quizá, también el final. Ahora se sabe, que él no es el final, que el proyecto social podrá continuar sin él, aunque no exento de cambios.
La mayoría abrumadora de cubanos es fidelista hasta la muerte, lo admiran como a un padre, como a alguien fuera de serie, realmente excepcional, capaz de proezas mitológicas. Él es una mezcla de Ulises y Espartaco para casi todos. “Mira nica, Fidel es como un padre para nosotros, él se dio cuenta antes que cualquier otro cubano, que nos íbamos a quedar solos en el mundo, y no nos dijo nada para no preocuparnos, pero comenzó a prepararse para lo que venía, y ya ves, logramos pasar esa situación del período especial”.
La casi total dependencia de Cuba respecto de la URSS, dejó a esta isla en la calle cuando colapsó el llamado sistema socialista mundial. La más terrible escasez y las siete plagas de Egipto se abatieron sobre la población, hundiéndola en la desgracia.
El período especial implicó medidas extremas para que el país sobreviviera. Y lo logró. Ahora el Partido Comunista de Cuba (PCC) proclama haber tenido el mayor crecimiento económico de Latinoamérica en 2005, aunque sus cifras no son avaladas por la Cepal ni ningún otro organismo económico internacional.
El súbito desmejoramiento de la salud del líder único, del caudillo, del jefe máximo, del padre espiritual, del guía excepcional, cayó como un porrazo sobre todos los cubanos sin excepción, pues hasta los no fidelistas, que los hay, se conmovieron ante la posibilidad de que desapareciera el mito, el símbolo, la marca, la máxima expresión de la identidad corporativa cubana.
Hay futuro después de Fidel
Un manto de nerviosa preocupación cubrió a toda la nación y por varios días la tristeza se apoderó de todos, una tristeza que se sentía en las casas, en cada familia, en las paradas de buses, en los atestados y calientes “camellos” de más de 200 pasajeros, en los parques y mercados. La mirada sin brillo de los cubanos se parecía a la de los que recientemente desde las graderías del estadio, vieron perder con incredulidad y angustia a su poderosa y casi imbatible selección nacional de béisbol ante la de los Estados Unidos de Norteamérica.
Después de unos días de sorpresa expectante ante la inédita e impredecible delegación de poderes realizada por Fidel a favor de su hermano Raúl y de un reducido grupo de dirigentes del PCC y funcionarios de primera línea del Estado, como Carlos Lage, la población fue tomando nota de como lentamente transcurrían las cosas de todos los días, de los últimos años, como que no hubiera pasado nada. Entonces se dieron cuenta de que la vida será posible después de Fidel. Esto no es una exageración.
En un momento determinado, ante la lluvia de rumores y especulaciones, el PCC se vio obligado a sacar del closet a su líder convaleciente, y entonces publicó aquellas primeras imágenes con Hugo Chávez, con quien se ha reunido tres veces más hasta ahora, lo que ha dado la impresión de que se pretende proyectar que el carismático e incendiario orador venezolano es el continuador de Fidel.
Pero algunos intelectuales habaneros, supuestamente bien informados, no creen esto último, pero aceptan que con tantos encuentros en estas circunstancias especiales, en efecto, se ha proyectado esa imagen.
Y quiéranlo o no el PCC y algunos intelectuales cubanos, Hugo Chávez se ha convertido en un nuevo paradigma, en una representación de Fidel, aunque ligeramente disminuido, con la ventaja de que está en el poder en un país petrolero en un contexto de altos precios para los hidrocarburos.
La existencia de otra experiencia socializante en América, fortalece al cubano común y corriente, que ve así legitimados los esfuerzos realizados durante 46 años en su país, pese a los problemas cotidianos.
Daniel Ortega no alcanza en Cuba la estatura de Chávez, ni nada parecido, pero es el referente de Nicaragua para los cubanos, quienes no se explican la derrota electoral del FSLN en 1990, pues la mayoría de ellos, incluyendo a intelectuales, desconoce las contradicciones que generó el proceso revolucionario sandinista y las fracturas que ocasionó en la sociedad, particularmente entre el campesinado.
Medios sólo son propaganda
Igualmente, la mayoría de los cubanos no sabe que en los meses anteriores a la entrega del poder, dirigentes y cuadros del FSLN se apropiaron ilícitamente de bienes del Estado para su provecho personal, ni del pacto prebendario y politiquero Ortega-Alemán. Del proceso electoral nicaragüense hay escasa información, y la poca que se difunde en los herméticos medios de comunicación revolucionarios, está relacionada con el inminente retorno al poder del Frente Sandinista, lo cual es apreciado como que resurgirá la revolución perdida en 1990.
Aun con todo su oficialismo --laboré once años ahí-- el diario Barricada informaba muchísimo más que los diarios cubanos, de forma particular Granma, el órgano oficial del PCC, cuyo contenido es estrictamente propagandístico.
Hace unos meses publicaron un reportaje sobre una unidad de salud muy destacada. Luego hicieron otro sobre una unidad muy deficiente, pero éste no se ha publicado todavía. Los cuatro canales de televisión no son diferentes. Lo mejor es su canal educativo.
Hace algunos años, creyendo que el micrófono estaba cerrado, un periodista de la televisión dijo que ya no se debería seguir hablando sobre el famoso caso del niño Elián, lo cual le mereció una sanción. Igual ocurrió con otro periodista que tuvo el atrevimiento de responder en público a uno de sus jefes, quien, mientras él leía una noticia, lo urgía a hablar sobre determinada situación.
El colega expresó que hablaría de eso, pero después de terminar la noticia que estaba leyendo. Estas cosas no se deben hacer en los medios de comunicación cubanos, pues hay una política de control muy severa.
El control es parte de la vida cotidiana y hay gente para quien esto es exasperante. Algunos mostraron a voz viva, en la calle, su desacuerdo con algunas capturas que realizó la Policía en la ciudad de La Habana antes y durante la Cumbre de los No Alineados de la semana pasada.
La Cumbre abrió la esperanza de ver aparecer a Fidel Castro, lo cual no se produjo, aunque estuvo recibiendo a jefes de Estado y amigos, a quienes regaló un ejemplar del libro con la entrevista ampliada y corregida que le hizo el comunicólogo franco-español Juan Ignacio Ramonet.
Cien horas con Fidel
Muchos intelectuales cubanos, si no todos, consideran que el libro original, de unas 700 páginas, es de colección.
El entrevistador sorprendió a los cubanos que han leído el libro por el conocimiento sobre Cuba que demuestran sus acuciosas preguntas. Jamás antes alguien había entrevistado tan a profundidad a Fidel Castro, y la actitud de éste parece confirmarlo, pues dedicó la mayor parte de su convalecencia a revisar, corregir y ampliar sus declaraciones, incluyendo nueva información y documentos inéditos.
En el libro Cien horas con Fidel, Ramonet logró sacar a luz por primera vez, que los altos militares del Ejército de Cuba, fusilados por sentencia de un tribual revolucionario, entre ellos el conocidísimo en Nicaragua, Gral. Arnaldo Ochoa, no traficaron droga por enriquecimiento personal, sino porque consideraron que así ayudaban al Estado cubano y al movimiento guerrillero en Colombia. Aún no se sabe cuándo estará a la venta la nueva versión corregida por Fidel.
Algunos intelectuales consideran que la refundación del Movimiento de Países No Alineados --que es el sentido que oficialmente se le ha dado aquí a la Cumbre--, pasa por una autocrítica por los años en que los NOAL fueron un movimiento político subordinado a uno de los dos ejes globales de poder: la extinta URSS.
El Movimiento fue alineado y alienado, pero no, No Alineado. Joseph Broz Tito era un ferviente partidario de un verdadero no alineamiento, y desde el inicio advirtió con preocupación la inclinación hacia la órbita soviética. Pero no hubo nada de eso.
Totalmente al margen de la política internacional, a muchos taxistas les disgustó la Cumbre porque fueron cerradas algunas calles del centro de La Habana y de La Habana Vieja, un patrimonio cultural de la humanidad, donde se han realizado importantes obras de restauración en los últimos años.
Para el gobierno fue un éxito total, pues mostró su capacidad organizativa, la fortaleza de sus relaciones internacionales y, por primera vez, dio lugar a que salieran a luz pública rostros inadvertidos del aparato gubernamental, que tuvieron que ir una y otra vez al aeropuerto a recibir a los distinguidos visitantes.
Fue un poco raro para los cubanos, ver a Raúl Castro dando el discurso central, en vez de la sempiterna figura de su hermano Fidel.
La dura carrera hacia el consumo que hay entre la población, incluyendo a los militantes de base del PCC y dirigentes en los barrios de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), tiene como sustrato su inconformidad ante el modo de vida que les ofrece el Estado, lo cual implica una ruptura sicológica e ideológica, con los controles, las limitaciones, las largas esperas, las carencias y el burocratismo.
El burocratismo
Fui a Cuba como turista para ver a una familia amiga. En el consulado de Cuba en Las Colinas, Managua, me extendieron la visa en unos cuantos minutos, y fui advertido de que al llegar donde mi amiga, ésta debía acompañarme a la oficina de Migración del municipio, para cambiar la visa de turismo por visa familiar, pues de lo contrario no podría salir del país. Una gentil pero inquisidora oficial de Migración del bonito Aeropuerto “José Martí”, de La Habana, me hizo la misma indicación.
De inmediato fuimos a la oficina de Migración del municipio Diez de Octubre, y ahí comenzaron los problemas. Tenía que ir a otra dirección, mi amiga debía llevar la escritura o documento que acreditara que, efectivamente, la casa donde vive le había sido asignada por el Estado.
Además, pagar 40 dólares. Llegamos al sitio, lo cual se complica por los problemas del transporte urbano, y ahí una oficial de Migración dio orientaciones apresuradas y confusas a unas 20 personas que nos encontrábamos.
Se hizo un relajo y, desde luego, a esperar, afuera, en la acera y en la calle. Unas tres horas después estaba hecho el cambio de visa. ¡Qué alivio! Pero éste es el tipo de cosas que ya está cansando a la gente.
Otra muestra: una señora de tez blanca y cabello completamente nevado, de unos 60 años, tecleaba trabajosa pero admirablemente ante una vieja computadora en el centro de servicio de Internet en el Ministerio de Comunicaciones.
Es una sala pequeña con siete máquinas, hay mucho calor, la conexión se interrumpe con frecuencia y la velocidad de trasmisión es baja. Esperé una hora y media en la cola para poder entrar y enviar dos correos a mi esposa en Managua. La calidad del servicio y la larga espera se han convertido en algo indeseable para muchos cubanos.
Además, el discurso oficial moja y remoja que los cubanos son tal cosa, por la revolución.
El maestro, el médico, el físico, el químico, el técnico medio, etcétera, lo son, gracias a la revolución.
La casa y los electrodomésticos que tengan, es gracias a la revolución. No hay méritos individuales.
Un físico-matemático de alto nivel, con un doctorado en su haber, que llegó por mí al Aeropuerto “José Martí” en un carro Lada destartalado, y cuyo sueldo mensual es el equivalente de treinta dólares, está de acuerdo conque la revolución ha hecho muchas cosas positivas por el pueblo cubano, pero no tolera que se niegue el crédito a la capacidad de la persona.
“Resulta que no gano ni para comer --afirmó el doctor--, que trabajo como una mula, y encima de eso tengo que agradecerle al Estado, cuando en realidad en tres años, con mi trabajo ya le devolví a la revolución lo que me dio”.

“A cada cual según su necesidad…”
Tener productos y servicios de calidad y con rapidez, se ha convertido en una demanda insatisfecha de la población. Muchos cubanos quieren comer carne de res, movilizarse a voluntad dentro y fuera del país y no estar sujetos a tantas reglamentaciones y límites.
La vieja premisa de Carlos Marx de “a cada cual según su necesidad y a cada quien según su capacidad”, no se aplica en Cuba, aunque el PCC dice sostener este principio, porque más bien el Estado trata de imponer una forma de vida igualitaria.
En una parada de buses pueden estar, igual, un militar con tres líneas de condecoraciones ganadas en 20 años de servicio, como profesionales de alto nivel con maestrías y doctorados, junto a técnicos medios y estudiantes, todos vestidos muy modestamente y con los bolsillos vacíos.
Tras 46 años, todo parece indicar que se requieren cambios profundos, pero nadie se atreve a pronosticar cuándo se efectuarán. Algunos estiman que crear condiciones para que haya competitividad entre las empresas estatales podría ser uno de los primeros pasos.
Cuba goza de buena salud, mejor que Fidel, pero la mayoría de las banderas de 1959 continúan siendo levantadas.