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Del pizarrón a las máquinas

* Profesora de Nagarote pasó de ganar mil córdobas mensuales a tener ganancias de un millón de córdobas anuales como propietaria de un negocio * En los meses previos al inicio de clases, fabrica 10 mil de las 15 mil piezas anuales que produce en su pequeño taller

Carlos Salinas

Hace cinco años, Gloria Solís, profesora de primaria, decidió dejar las aulas y la enseñanza para dedicarse a fabricar bolsos. Solís impartía clases en Nagarote, pero un mal sistema educativo y un salario mensual de un mil córdobas, la persuadieron para dejar esta profesión.
Solís forma parte de ese grupo de nicaragüenses a quienes la necesidad ha llevado a cambiar su estilo de vida. Ella decidió que para vivir no era suficiente con enseñar a leer y a escribir a los chavalos del pueblo, por mucho que le gustara hacerlo. También debía equiparlos.
Así, siguiendo el consejo de uno de sus hermanos, decidió montar su propia empresa, cuya actividad se centró en la fabricación de bolsos escolares. Solís hizo un préstamo a una microfinanciera local, y pudo comprar dos máquinas de coser mecánicas, que se convirtieron en la base de un próspero negocio que ahora le genera más de un millón de córdobas anuales en ganancias.
“Me salió mejor ser empresaria que estar enseñando”, dice esta mujer de marcados rasgos mestizos, sentada en la entrada de su pequeño taller, que también sirve de cuarto de exhibición y sala para su casa.
Fuerte demanda
Ya con su negocio, Solís siguió dando clases durante los primeros tres años para mantener esos ingresos extras, pero la demanda de bolsos creció de tal manera en poco tiempo, que tomó la decisión de dejar las clases definitivamente.
“La gente vio que el producto que hacíamos era muy bueno, y la demanda aumentó tanto que ya no tenía tiempo para dar clases. Desde un inicio yo me dediqué a realizar los diseños de los productos, y con el incremento de las ventas tuve que quedarme de lleno con esto”, dice.
El primer mercado fue su pueblo, Nagarote, ubicado a 40 kilómetros de Managua, y que se autonombra como la “Capital nacional del quesillo”, aunque se dispute este título con su rival y vecina La Paz Centro.
Nagarote es un pueblo sin mayores gracias. No tiene nada más que ofrecer a los viajeros que su título de Municipio más Limpio del país, y una parada para disfrutar del platillo tradicional. Más allá de eso, nada: una hilera de casas surcadas por calles vacías, un calor sofocante y una cancha de baloncesto como única diversión para los jóvenes del pueblo.
En ese caserío de tejas de barro y láminas de zinc, está el taller de Solís, que ocupa la mitad del patio de la casa. Ahí un grupo de 12 jóvenes trabajan en igual número de máquinas eléctricas, de las que Solís está orgullosa a pesar de reconocer que no sabe manejarlas.
La ex maestra, sin embargo, no olvida esta profesión. Se pasea por cada una de las mesas y les da recomendaciones a los jóvenes, como si les estuviera ayudando a realizar una tarea escolar: cómo deben de coser los bolsos, cómo no dañar el cuero, cómo pegar las distintas piezas.
El taller está lleno del ruido de las máquinas de coser, de las risas de los jóvenes y de las instrucciones de la jefa, quien deja las instrucciones antes de salir a cobrar la plata que le deben sus clientes, a quienes visita una vez por semana en los mercados de Managua, Carazo, Masaya y Granada.
El negocio de ir a clases
Solís reconoce que la competencia ha mermado un poco sus ganancias, por lo que ha tenido que diversificar su producción. El pequeño taller ya no sólo se centra en la fabricación de bolsos escolares --que siguen representado las principales ganancias--, sino que también cubre encargos para empresas que piden bolsos con sus logotipos, y otra serie de diseños “que buscan llenar otras necesidades”.
Enero y febrero representan los meses de mayor actividad en el taller. La causa: el inicio del año escolar, esa época en la que los padres de familia se vuelven locos estirando sus salarios para comprar los útiles escolares a sus hijos.
Durante la temporada de inicio de clases, en el taller de Solís se fabrican 10 mil de las 15 mil piezas anuales que produce la pequeña empresa, que recibe pedidos de muchas partes del país. La causa, dice la propietaria, es que “hemos logrado estar al día de las tendencias y fabricamos productos de calidad”.
Los bolsos que se fabrican en este taller son parecidos a los de marcas extrajeras que se exhiben en los escaparates de las tiendas de Managua. La diferencia es el precio y la marca: NewSport, el sello que Solís ha puesto a sus productos.
Esto, explica, ha sido el resultado de una serie de capacitaciones que le han permitido innovar en su empresa. Además de una marca propia, la empresaria trabaja en la creación de un código de barras que le permita comenzar a exportar sus productos.
Solís dice que los bolsos que fabrican son vendidos por terceros en Costa Rica, Honduras y El Salvador. Gente que llega a su taller o compran al por mayor en los mercados del país para luego comercializar los bolsos afuera.
Con la vista en el Lejano Oriente
Vender en el extranjero es la obsesión de la empresaria, pero su producción por ahora no es suficiente para cubrir un encargo del exterior. La razón, dice, es lo difícil de obtener las materias primas, que en Nicaragua no se pueden comprar de forma directa, sino a través de una “cadena interminable de terceros”.
Este problema llevó a Solís a mirar al Lejano Oriente. Como los insumos que utiliza son fabricados en Taiwan, la empresaria se las ha ingeniado para viajar hasta el “Tigre asiático” y ponerse directamente en contacto con los fabricantes de los insumos.
La empresaria ha buscado apoyo en la Secretaría Técnica de la Comisión Nacional de Promoción de Exportaciones (CNPE), que --explica-- se comprometió para costearle la mitad de los costos del viaje a Taiwan.
Con apoyo de la CNPE, Solís ya viajó a México, donde expuso sus productos en una feria artesanal del país azteca, y ha logrado asesoramiento para mejorar sus técnicas de producción.
“La atención que generó el producto en México, me llevó a darme cuenta que lo podía exportar”, dice Solís, quien viajará en agosto próximo a Taiwan para “para hacer contactos con los proveedores y traer un contenedor de insumos”.
“Si todo sale bien, el próximo año podríamos estar exportando a Centroamérica”, agrega Solís, mientras toca la vieja máquina mecánica con la que inició su empresa.