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La sangre tiñó la cárcel

El obsoleto sistema penitenciario hondureño fue otra vez el escenario de una masacre que ha dejado en manifiesto la poca preocupación del gobierno hondureño por reforzar la seguridad en las prisiones del país, en las que ningún reo tiene garantizada su vida.

La sangre ha teñido de nuevo el obsoleto sistema carcelario de Honduras con la muerte de trece reos de la Penitenciaría Nacional y un herido registrados ayer jueves en un tiroteo.

Los informes preliminares del Ministerio de Seguridad y de la Dirección de Centros Penales indican que una lucha de poder entre los mismos reclusos fue la causa de la matanza.

Según versiones extraoficiales, en la masacre, ocurrida en el módulo conocido como "Casa Blanca", se utilizó una pistola calibre nueve milímetros.

Jaime Banegas, director de Centros Penales, dijo a los periodistas que en ese módulo permanecen unos 400 internos, considerados "muy peligrosos".

Imágenes de la televisión local mostraron charcos de sangre y cadáveres esparcidos en diferentes sitios del modulo.

Carlos Alberto Flores, el preso que resultó con dos heridas de bala a la altura del abdomen, dijo anoche escuetamente en el Hospital Escuela de Tegucigalpa, que caminaba de espaldas al sitio donde se produjo el tiroteo, por lo que "no pude ver nada. De pronto sentí que estaba herido".

En el centro de mayor seguridad

Tras la matanza, efectivos del batallón especial "Cobras", de la Policía Nacional, y del Ejército resguardaron el interior y exterior de la Penitenciaría, un centro construido a finales del siglo XX, que se supone es el de mayor seguridad en el país.

Pero en ese centro, al igual que en los 23 restantes que integran el sistema penitenciario, ningún reo tiene garantizada su vida.

Solamente en 2005, en la Penitenciaría Nacional fueron asesinados al menos 29 internos, sin que hasta ahora esas muertes hayan sido esclarecidas.

El ministro de Seguridad, Armando Calidonio, dijo que el Ministerio Público, Medicina Forense y la Policía Nacional, entre otras autoridades, participan en la investigación de lo ocurrido en la Penitenciaría.

Las autoridades también buscaban anoche dos granadas de fragmentación, que los presos presumiblemente utilizarían para una fuga masiva, según versiones extraoficiales difundidas por medios locales de prensa.

Tráfico interno de armas

El director de Centros Penales aseguró que en las celdas de la Penitenciaría con frecuencia se hacen operaciones de supervisión, en las que siempre se decomisan armas blancas y a veces de fuego, lo mismo que drogas y teléfonos móviles, entre otros aparatos.

El ministro de Seguridad atribuyó en parte la matanza a las limitaciones de equipo especializado y personal que tienen los centros penales del país, que globalmente tienen una población de unos 11.000 reclusos.

El nuevo presidente electo de Honduras, Manuel Zelaya, quien asumirá el poder el próximo 27 de enero, dijo que una de sus primeras instrucciones en materia de seguridad penitenciaria, será ordenar que los centros penales sean desligados del Ministerio de Seguridad.

Zelaya promete seguridad

Zelaya considera que las cárceles del país deben tener más autonomía y ser seguras, porque los reos "también son seres humanos".

En las cárceles de Honduras a veces "se asesina para eliminar testigos", expresó Zelaya.
La matanza de ayer se suma a la registrada el 5 de abril de 2003 en la Granja Penal de El Porvenir, en el Caribe de Honduras, donde murieron 68 personas, de los que 65 eran presos, en su mayoría integrantes de la pandilla conocida como Mara-18.

Al menos 25 de las 68 personas murieron quemadas en el interior de dos celdas, revela un informe del Comisionado de los Derechos Humanos, Ramón Custodio.

Los demás fallecieron por disparos de armas de fuego y heridas con puñales, machetes y golpes contusos.

El 17 de mayo de 2004, unos 107 pandilleros murieron quemados y asfixiados en el presidio de San Pedro Sula, norte del país, en un hecho que las autoridades atribuyeron a un incendio provocado por un recalentamiento en las líneas de conducción de energía eléctrica.

Ambas matanzas no han sido del todo esclarecidas por las autoridades hondureñas.

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