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Policía estancada en DDHH


Mauricio Miranda

La primera botella de ron la bebieron recién terminada la jornada en la empresa. Cuando abordaron en Ciudad Sandino un bus expreso a Chinandega, José María Castillo y su amigo Germán empezaron la segunda botella.
No hubo tercera. Castillo recibió una brutal golpiza por parte de tres policías el pasado 15 de octubre, abuso que lo mantiene postrado y en estado delicado desde hace dos meses en una cama del Hospital Sumédico, en Managua.
“Cuando llegamos a una parada en León, el cobrador le dijo a unos policías que yo iba alterando el orden público”, relata Castillo desde su cama de convaleciente. ¿Cómo fueron los hechos? Los patrulleros lo bajaron del autobús. Le exigieron que abriera su mochila. Resistirse le costó muy caro.
Por varios minutos, los oficiales José Luis Blessing Alvarado, Salvador Bravo y el suboficial Sergio Juárez lo patearon mientras le gritaban: “¡Vos sos un delincuente!”.
La paliza continuó después de esposarlo y aun cuando lo tiraron a la tina de la patrulla. Casi todos los golpes y patadas afectaron el abdomen de Castillo, quien --además-- recibió un culatazo en la cara.
Casos como éste son los que la institución policial se ha comprometido a erradicar con el Programa Cambio de Actitud, una propuesta del primer comisionado Edwin Cordero.
Pero las estadísticas cuentan otra realidad, la cual ha hecho dudar a los organismos de derechos humanos sobre la seriedad con que la institución ha tomado ese compromiso.
La División de Asuntos Internos de la Policía Nacional recibió en 2002 mil 81 denuncias de abusos cometidos por oficiales. En 2003 la cifra aumentó en un 15 por ciento: mil 252.
Y sólo en el primer semestre de este año, dicha instancia recibió 880 denuncias. Mil 363 policías fueron investigados y 465 fueron encontrados con responsabilidades administrativas, es decir, el 34 por ciento.
“La ley establece que el uso de la tortura es un delito punible, sin embargo, hubo informes confiables de que agentes de la Policía golpearon o maltrataron físicamente a personas detenidas, a menudo para obtener confesiones”, señala el informe sobre derechos humanos de la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Asuntos Laborales del Departamento de Estado de los Estados Unidos, correspondiente a 2004.
Según el mismo informe, en muchos casos de abusos “persistió un grado de impunidad”.
Versiones encontradas
Al comisionado mayor Juan Báez, jefe de la División de Asuntos Internos, no le sorprenden los señalamientos. Según él, ése es el precio que debe pagarse por combatir la delincuencia en las calles y el inevitable contacto directo con la población.
“Pero nosotros creemos que eso (abuso policial) ha disminuido, si vos ves se ha minimizado el agarrar a un detenido y tirarlo como un saco a la camioneta”, asegura.
Entre los “grandes avances” contra esta práctica están los talleres de capacitación que desarrolla la Policía Nacional en conjunto con organismos de derechos humanos.
Para Gonzalo Carrión, jefe de Asesoría Legal del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), es posible que el Programa Cambio de Actitud no brinde los resultados esperados, porque además de ser “a largo plazo”, la institución sufre abandono económico, y al mismo tiempo los oficiales no reciben de sus mandos el apoyo que necesitan.
“Un precario presupuesto se traduce en malas condiciones de trabajo, falta de servicios básicos como agua, infraestructura. Hay áreas donde se custodian las evidencias de la Policía que parecen bodegas, son terribles las condiciones de precariedad”, señala Carrión.
“Además --continúa--, un policía que está bajo jornadas intensas, restricto por sanción y que le exigen aún seguir brindando servicio a la comunidad, es un policía mal encarado. Lo que no justifica tampoco que sea un policía malcriado y que se las pague con la sociedad”.
Por su parte, Marcos Carmona, Secretario Ejecutivo de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), critica “el apañamiento de parte de la Policía en cuanto a la actuación de sus miembros”.
Abuso de autoridad
“Nos preocupa que cuando empezamos a hacer señalamientos, de que el policía fulano de tal, con chip tal, con foto y todo, al final, cuando se le manda el caso a Asuntos Internos y éste hace las investigaciones, vienen haciendo señalamientos de que no existe violación a los derechos humanos”, asegura Carmona.
Reconoce la “buena comunicación” entre la Policía y los organismos pro derechos humanos, “pero al fin y al cabo sentimos que no están resolviendo”, dice.
Hasta octubre de este año, el “abuso de autoridad” encabezaba la lista de las denuncias más frecuentes en contra de la Policía Nacional, con 163, de acuerdo con un reporte de la CPDH. Le siguen “detención ilegal”, con 101 denuncias, y “negligencia”, con 50. Incluyendo otro tipo de denuncias, el total hasta octubre pasado fue de 316.
Muy atrás están el Poder Judicial, con 52 denuncias, y el Sistema Penitenciario, con 33, de acuerdo con el reporte de la CPDH.
Impunidad en brutal golpiza
Después de la paliza que propinaron a José María Castillo, el pasado 15 de octubre, los oficiales José Luis Blessing Alvarado, Salvador Bravo y el suboficial Sergio Juárez le ofrecieron siete mil córdobas para gastos médicos. Según Blanca Mendoza Zapata, familiar de Castillo, sólo pagaron una parte “y no han vuelto a aparecer”.
Castillo Miranda tiene una grave lesión en los intestinos delgado y grueso. Lo han operado seis veces. Padece de desnutrición severa debido a problemas intestinales. En la primera intervención, le extrajeron medio litro de sangre coagulada en el estómago.
Sus familiares se turnan para cuidarlo en la habitación tres del Hospital Sumédico, en Managua. Necesita un frasco de Dextrosa de 1,000 cc, un frasco de Levamín de 1000 cc y un frasco de Freamine de 1,000 al 50, cada ocho horas, de acuerdo con un resumen clínico emitido por uno de los doctores que lo atendió.
Pero el valor de estos dos últimos medicamentos no desciende de los setecientos córdobas cada uno, y ni siquiera se encuentran disponibles en el país. El seguro no los cubre y su madre y su tío apenas tienen para los pasajes.
El comisionado Juan Báez sugirió la baja deshonrosa para los abusadores. “Pero la Inspectora General --comisionada general Aminta Granera-- sancionó a los oficiales con 30 días de restricción en la unidad, y el suboficial fue trasladado a otra estación”, dijo Báez.
Opinión Negativa
En el informe final “Talleres: Derechos Humanos y Policía Nacional” realizado por la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), se demuestra que tanto los pobladores detenidos como los no detenidos tienen una percepción negativa sobre el respeto de los uniformados hacia los derechos humanos.
Según encuestas, “los conocimientos de los miembros de la Policía Nacional sobre la ética y la doctrina policial son pocos, en un 64%”, describe el informe.
El 45% de las personas que han sido detenidas o están detenidas, dijo que habían sido maltratadas. “…La Policía Nacional muchas veces no lee sus derechos al detenido, no le explica por qué lo detiene, no presenta orden de captura o cateo, no le permite acceso a un abogado o a una llamada telefónica o la compañía de algún familiar, en el caso de adolescentes”, dice el informe. El maltrato ocurre en un 54 por ciento al momento de la detención, según el mismo documento, presentado a finales de este año.
No aplican las técnicas adecuadas
Rhina Moreno, miembro de CPDH, señala que en muchos casos los oficiales ni siquiera saben cómo capturar a una persona.
“Si vos me das un golpe yo te hago una llave, si vos sacás un cuchillo yo saco el bastón, si vos me sacás un arma, yo también puedo usar mi arma, es decir que va en proporción a la fuerza. Todo esto lo ven en la Academia cuando están estudiando, ellos deberían saber cómo”, explica.
El Comisionado mayor Juan Báez asegura que los oficiales --sobre todo los más jóvenes-- sí conocen las técnicas, pero igual que los conocimientos adquiridos en la universidad, éstos se afianzan con la práctica. Sobre las detenciones es categórico: “Si los familiares del detenido se resisten y golpean a nuestros oficiales, ¿ellos se van a dejar?”.
Pero además de los talleres de capacitación, la Policía Nacional cuenta con el manual de bolsillo para la actuación policial, “otro gran avance”, según el comisionado.
Este manual recuerda el marco legal por el cual se rigen los oficiales, los derechos fundamentales de los ciudadanos, las técnicas que deben aplicar para las detenciones en base al uso racional de la fuerza y los derechos que deben leerles para su defensa.
“Nosotros siempre decimos que el cambio de actitud va a venir de parte de los comisionados”, señala Marcos Carmona, quien asegura que el manual “no es significativo”.
“Lo que la ciudadanía tiene que aprender --contesta Báez-- es a reconocer la autoridad de la Policía Nacional. Si hay orden de detención y la Policía tiene que actuar, entonces tienen que colaborar, no resistirse con violencia”.
Abuso policial en la misma institución
Según Rhina Moreno, los oficiales de Policía se quejan de maltrato por parte de los comisionados y altos jefes. De acuerdo con ella, estos últimos no se presentan a los talleres de capacitación.
“Lo que pasa --argumenta el comisionado Juan Báez-- es que a veces la magnitud del trabajo roza con lo que se le puede llamar maltrato”. Báez aseguró que los comisionados sí asisten a los talleres, “pero es que no están todos”.
“Los hacen redoblar turnos --detalla Moreno--, están de vacaciones y los mandan a llamar, les gritan, los mandan a hacer patrullajes a veces desvelados. Hay casos en que les dan órdenes de que al individuo lo tienen que llevar detenido, y no encuentran ni qué poner para acusar, entonces inventan pruebas y después la gente está detenida, eso es bien grave”.
Báez asegura que “no es política de la institución” tratar mal a los oficiales, y que, por el contrario, en los últimos años han mejorado las condiciones y creado beneficios.
“Cada año se les mejora el salario, se han construido clínicas regionales, está el comisariato para que tenga facilidad de compra a créditos y bajos, aquí mismo (Plaza el Sol) hay una farmacia”, detalla. Reconoció que “es posible que haya quejas”, pero también existen “malos policías, y lo más seguro es que si el policía es efectivo, no va a haber problemas de supuesto mal trato”.