Especiales

Camilo Ortega: Caminante y sońador


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En agradecimiento a su madre dońa Lidia. Y a mamá Chela, que lo quiso como tal.;
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Tengo que confesar que siempre quise escribir algo personal sobre Camilo Ortega Saavedra. Hacerlo, no porque esté muerto y porque todos los muertos sean buenos, porque no es cierto que todos lo fueron cuando pasaron por esta vida. ;


Si no porque se lo merece y porque además siento que se lo debo; que todos, los que en verdad lo conocimos se lo debemos de una u otra forma. ;


Y orientándome atento al recuerdo, alinear ese adeudo relatando algún pasaje aunque fuera uno corto y sencillo. Pero eso sí, todo colmado de veracidad e identidad propia. En fin, escribir sobre una que otra de las muchas cosas que compartí con ese labrador de la humildad y de la entereza efectiva.;


Hacerlo para referirme a este compańero de gran valor y de comunión verdadera. ;


Hombre que sin pretender ser capitán de nada, llegó a ser Primus Inter Pares del patriotismo sin mácula y del humanismo completo. Pero sobre todo, llegó a ser modelo de lo que en esos días más se precisaba y estábamos buscando: ser ejemplo vivo de la unidad en la entrega y en la solidaridad revolucionaria.;


ĄCuánta falta hizo!;


Desgraciadamente a este hombre quien como Sandino "nunca tuvo propiedades", no logramos preservarlo. Sobre todo y esencialmente para el momento de la victoria, cuando su presencia física hizo muchísima falta. En especial por su lealtad a los principios comprometidos y a la expresión de su terco y preclaro pensamiento incluyente. Pero no nos fue posible hacerlo aunque lo intentamos. ;


Ni siquiera estuvimos cerca de conseguirlo a como era el deseo y el deber sentido de todos nosotros. De aquel pequeńo gran contingente insurreccional que formábamos las estructuras iniciales del Frente Interno.;


Pero hablar sobre personajes como él no es tan fácil. Como no es tan tampoco dable escribir con seriedad sobre la historia de la Revolución y sus agentes; de hacerlo sobre acontecimientos auténticos a tan poco tiempo de haber éstos transcurrido. Y escribir, haciéndolo individualmente y sin que hayamos madurado lo suficiente en nuestras formas de proceder y reflexionar, es en verdad una tarea mucho más difícil, por la responsabilidad que envuelve el ser objetivo y desapasionado con nuestra propia historia. La que siempre ha sido escrita y se sigue escribiendo de acuerdo con intereses particulares y egoístas, cuando no alimentada por resentimientos o figuraciones oportunistas.;
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Enfrentar a la leyenda negra;


Y todo esto muy a pesar de la ingente necesidad que existe de escribir por el bien de Nicaragua. De hacerlo por la enorme urgencia conque la verdad histórica nos lo está ahora reclamando. Especialmente para enfrentar a la leyenda negra inventada por los enemigos de la verdad y del sandinismo, los que deforman los hechos y los acomodan a su manera. Vilipendiosos interesados que nos llenan de infamias y de mentiras, ahora orquestados por algunos diz que sandinistas escalpelos, que en su necedad le hacen el favor a toda la derecha utilitaria.;


Pero más aún, hacerlo para escribir y contar lo que verdaderamente aconteció. Y evitar así que con justificada ira, nuestros muertos, buenos y nobles, en su memoria nos vayan a reclamar por su aparente e injusta calidad de prójimos ausentes y olvidados. Porque además de ser un papel ingrato a su memoria, no se lo merecen, pues a ellos sí que se lo debemos todo.;


Siempre se dijo y se ha dicho, que hombres buenos y sandinistas sońadores ofrendaron sus vidas y una generación entera por amor a los demás. Y ésta es, sin lugar a dudas, una verdad absoluta en la mayoría de los casos. Pero en el caso de Camilo Ortega es absoluta y considerablemente más. Y aquellos que tuvimos la oportunidad única de trabajar con él, tal vez pudiéramos dar fe y reafirmarlo como testigos.;


Sobre todo esos que como yo tuvimos quizás la suerte injusta de vivir para contarlo, aunque en la mayoría de los casos seamos también nosotros testigos inconsultos de esos sacrificios silenciosos y paradigmáticos.;


Con todo esto aclarado, me atrevo ahora a escribir. Haciéndolo aunque sea, como ya dije, de una forma insuficiente y modesta.;


Yo me encontré con Camilo Ortega Saavedra, otra vez, después de no verlo por algunos ańos, allá por septiembre de 1977 en el barrio "El Domingazo" de la ciudad de Granada. Siendo ambos militantes clandestinos de la guerrilla: Camilo, ya como cuadro dirigente del Frente Interno, y yo, como un joven combatiente recién llegado a esa ciudad.;


Digo después de algunos ańos, porque con Camilo; amigo, combatiente y poeta, igual que con su familia, nos conocíamos desde hacía muchísimo tiempo. Siendo para mí su figura aquijotada y lírica una referencia de la época y tiempotes de la vieja Managua, con todo lo que ella pudo haber significado para nosotros: traslado del pueblo natal; Colegio Calasanz y antisomocismo. Rebeldía; Juventud Patriótica; Teatro Salazar; primeros amores; etc.;


"Tu nombre de combatiente será Willy";


"Somos rebrotes de almendros floridos". Recuerdo que me dijo Camilo en esa primera ocasión, abriendo sus ojos grandes como sorprendido, al bautizarme con el nuevo seudónimo que debía utilizar en esa ciudad y en el Frente Interno: 'Willy', de la Escuadra de los Gringos", se carcajeó de su propia ocurrencia, teniendo como la tenía, referencias de mi lugar de ubicación anterior, en el trabajo y las filas de la Comisión del Exterior del Frente Sandinista en los Estados Unidos, de donde veníamos un grupo de compańeros guerrilleros. Entre los que se contaba el siempre recordado y entrańable hermano Walter Ferreti, "Chombito".;


Un sentimiento importante en aquel mundo de la guerrilla, que nos estimulaba y nos mantenía firmes en aquel universo tan ingrato y tan duro, fue siempre la confianza que sentíamos en lo genuino de la meta que perseguíamos luchando. Confianza que te provocaba fortaleza para seguir adelante frente a los peligros continuos y el sacrificio diario. Y esta fuerza íntima, que absolutamente nada tenía que ver con la ración ni la prebenda, solamente podía nada más crecer y aumentarse en el corazón de los combatientes, para estar siempre prestos a la lucha y a la abnegación. Porque cuando te faltaba, fracasabas, y te podías fácilmente rendir frente a la adversidad y ante el riesgo, como algunos --para bien o para mal-- lo hicieron y hasta traicionaron.;


Mańana: Siempre el "vamos", no el "vayan". ¿Qué se hicieron los guerrilleros? La última noche juntos. Su inédita contribución al consenso.;


Raúl Venerio ;


Comandante Guerrillero. ;


En Palmira, febrero de 2004.;


Mańana:;


Siempre el "vamos", no el "vayan". ¿Qué se hicieron los guerrilleros? La última noche juntos. Su inédita contribución al consenso.;


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