Emprenedores

¿Trabajar o mendigar? Un asunto de importancia estratégica


Acompañadas de algunos varones, que generalmente no son los padres de sus hijos, y ubicadas en posiciones estratégicas, parecen “coach” de picheo en un partido de béisbol. Desde allí, tales mujeres enseñan a sus criaturas cómo levantar el dedo índice todo el día sin que se les canse la mano. Les demuestran cómo ese dedo levantado les ahorra saliva y esfuerzo, pues así piden “un pesito” sin tener que hablar. Otras, entrenan en la técnica que permite engancharse a un niño en el cuadril, no importando lo grande que sea, y así proyectar lástima doble. También hay muchas que forman verdaderos profesionales en simular rostros tristes, con hambre y hasta de moribundos. Cualquier actor podría aprender de ellas.
¿Y el varón qué hace? Casi nada, pero es muy importante en el negocio. Él protege a sus “recolectores de ingresos”, de cualquiera que intente romper la dinámica para la que fueron entrenados. Si no me lo cree, intente regañar a un niño que le quiebre uno de los parabrisas o le arranque la marca de su vehículo, y verá cómo aparecen estos “protectores” como por arte de magia. ¡Y no llegan con las manos vacías, eh!
Sobre las causas de este fenómeno, se argumenta la pobreza como uno de los principales factores, pero tengo mis dudas. Conozco a muchísimas personas de escasos recursos que han podido vencer la pobreza y otras adversidades para subsistir dignamente e incluso dar trabajo a otras. Son personas que conservan la dignidad del trabajo, tal como lo proclama nuestro himno nacional: “El trabajo es tu digno laurel”. A varias de ellas consultaremos sobre el tema de la mendicidad, que hoy abordamos en esta página, pues saben mucho más de ello que los expertos en reducir la pobreza que, en ciertos momentos, ha contratado el gobierno. Veamos qué nos dicen con su ejemplo y con sus palabras:
Un Cluster chapiollo
en el Centro Cívico
A pocas cuadras de Variedades Génesis, propiamente frente a las oficinas del Inatec, se encuentra lo que podríamos llamar un Cluster chapiollo de cuero-calzado. Es decir, un conglomerado de artesanos del calzado que reparan y lustran, instalados en sus champas de plástico y madera. Veamos qué nos dicen estas personas:
Marbelí del Socorro Meléndez
Tiene ocho años de trabajar en la zapatería. Trabaja con su marido y su hijo, Francisco, de diez años. Ellos reparan, cambian suelas y pegan zippers a las mochilas, entre otros trabajos. Marbelí primero era lustradora, y al conocer a su marido, Marco Antonio Méndez, éste le enseñó zapatería. Con mucho orgullo hablan de la buena clientela que tienen y de su niño que lustra por la mañana y por la tarde asiste a la escuela.
¿Por qué hay tanto niño que pide en las calles?
Yo digo que nosotras las madres no les enseñamos a trabajar a nuestros hijos, a ganarse los reales. Yo veo por aquí cerca, mujeres con maridos jóvenes huele pega, y a los niños pidiendo para darles dinero. Casi siempre los hijos no son de esos hombres.

Juan José Uriarte
Tiene 47 años, casa propia y una buena clientela. Producto de su trabajo y esfuerzo ha montado otros negocios en los cuales colabora su esposa. Ella vende ropa y zapatos. Juan José atiende diariamente entre 20 y 40 clientes, es decir, entre dos y cuatro clientes por hora, a los cuales cobra cinco córdobas por cada lustrada.
¿Es rentable lustrar zapatos?
¡Claro! Lo que pasa es que la gente lo mira a uno como nada, pero esto es como tener un empleo; uno se hace un salario mensual. Por decir, si uno gana cien pesos diarios, al mes son como tres mil.
¿Cuántas horas trabajás y cuántos días a la semana?
De cinco de la mañana a cinco de la tarde. De lunes a sábado.
¿Por qué hay tanto niño que pide en las calles?
La nueva generación no quiere trabajar. Pero también es culpa de los padres que no les enseñan.
Efraín Acevedo
Este hombre es el veterano del Cluster. 24 años reparando zapatos frente al Inatec. Atiende unos seis u ocho clientes diarios, y muy satisfecho me comenta que se gana bien reparando calzado. Aclara que reparar es mejor que hacer el zapato nuevo, pues entra mucho producto barato del exterior. Gana un mínimo de tres mil córdobas mensuales, es dueño de su casa, donde vive feliz.
¿Cuál ha sido su fórmula para vivir sin angustias económicas?No fumo, no bebo y ahora… ni mujereo.
¿Antes sí lo hacía?
Claro, ya no sabe pues (risas).
Con esto del zapato barato, ¿cree que llegue el día en que ya no se reparen?
Nooo. Sólo que se acabe el mundo se dejará de reparar zapatos (risas).
¿Por qué será que no veo jóvenes en el oficio de reparar zapatos?
Porque no les gusta trabajar. Es más fácil pedir.
Consideraciones finales
Escuchar y ver trabajar a estas personas nacidas en condiciones tan adversas, es algo que nos debe hacer meditar y revisar nuestras creencias sobre las causas de la mendicidad. La industria del dedo levantado pidiendo “un peso” atrae a más personas que la fontanería, que la electricidad, que lustrar, lavar o planchar. Es tan buen negocio pedir, que hay mendigos que hasta tienen cuenta de ahorro en el banco, y llegan al semáforo de su predilección en taxi.
Pero algo más dramático que la mendicidad callejera, es la cultura de la mendicidad que se está institucionalizando en nuestro país. Muchos problemas estructurales se pretenden resolver mendigando internacionalmente.
Los hechos nos indican que la pedigüeñería no resuelve nuestros problemas y más bien prostituye el espíritu. “Lo que no nos cuesta hagámoslo fiesta”, dice el refrán popular; tal vez por eso hay tanto ladrón de cuello blanco que anda suelto y tanta ansiedad por el dinero fácil en nuestra juventud.
Emprendamos un retorno a la dignidad y digamos adiós, a la mendicidad. Se puede, claro que se puede. Los ejemplos de nuestros héroes del trabajo así nos lo confirman.

Variedades Génesis
María Adilia Orochena Payán es dueña de Variedades Génesis, una pequeña tienda ubicada de El Zumen dos cuadras arriba diez metros al sur. Comenzó hace ocho años como vendedora ambulante con un préstamo de cien dólares que le facilitó la microfinanciera FINCA. Ella vendía perfumes y alguna ropa interior.
La microfinanciera facilitó el dinero a María Adilia y a otras mujeres que deseaban cambiar sus condiciones de vida. Le prestaron sin brindar garantía alguna. El requisito era su firme voluntad para trabajar y que se organizaran para brindarse un mejor apoyo. Fue así que un grupo de 30 mujeres se unieron a María Adilia. Algunas vendían tortillas, tenían una pequeña pulpería, o eran vendedoras ambulantes.
Hace un año alquiló el local donde actualmente tiene su negocio. El estar ubicada en un local permanente le ha facilitado que algunos proveedores le dejen mercadería al crédito, lo cual ha fortalecido su negocio. En la actualidad, Variedades Génesis brinda trabajo a tres personas que laboran en un horario de 8 de la mañana a siete de la noche.
¿Cuáles son los principales factores para el éxito?
Creo que obtener un préstamo sin garantía, como me lo proporcionó FINCA es muy importante. FINCA no es como otros bancos, que si hay un atraso buscan como quitarle la casa o sus bienes. Ellos más bien nos estimulan a resolver los problemas de alguna manera. Nos inculcan un compañerismo solidario, de forma tal que si alguien se atrasa, otras abonan a la deuda de esa compañera, y cuando ésta se recupera salda la deuda con el grupo. También creo que ahorrar para pasar los momentos difíciles que puedan venir es algo fundamental. Otra cosa importante es que la familia debe unirse alrededor del negocio, para coordinar esfuerzos. La gente que se separa de su familia para viajar a otro país sufre mucho, pues hasta son humillados.
¿Cuál es el monto que ahora le prestan?
Finca me presta hasta tres mil dólares. Mi negocio ha crecido y está inscrito en la Alcaldía y en la DGI.
¿Qué piensa de las personas que piden en las calles?
No me gusta. Antes, cuando yo tenía problemas con mi esposo, yo me dije: “Me compro un bolsón de papel higiénico, una bolsa de detergente y pasta de dientes, las junto y voy a decir que vendo ofertas”. Así lo hice, pues esos productos todo mundo los ocupa. Traté de que salieran un poquito más baratos y la gente los compraba. Nunca se me ocurrió pedir. Hay gente a la que no le gusta trabajar. Figúrese que allá por el Palacio de la Cultura, hay señoras con sus señores, sentadas, tomando licor, y los niños están en las calles pidiendo para ellas.
Me pareció escucharla que profesa alguna religión.
Si, ahora soy cristiana y mi marido también. Por eso él ya no bebe y trabajamos unidos.