Ellas

¿Doble vida en el matrimonio?


Tengo un serio problema, me comentaba una lectora de la columna, “ya no aguanto más a mi esposo, me ha sido infiel en varias ocasiones, y lo peor de todo es que me he acostumbrando a compartirlo con su amante”.
Detrás de estas palabras seguía un testamento inmenso acompañado de detalles de su vida familiar, que verdaderamente me llenaban de tristeza pero no de asombro, ya que no es el primer caso que recibo con este mismo problema.
Lamentablemente hoy día muchas parejas viven la infidelidad en carne propia, y se apropian del famoso tema musical “Que me la pegue, pero que no me deje”, y “pueden haber muchas sucursales pero yo soy la principal”.
Para la doctora Gioconda Cajina las personas que llegan a soportar estas situaciones son las que sufren de un “enamoramiento patológico”; es decir, que no pueden concebir la vida sin su pareja, y por ello son capaces de aguantar cualquier situación humillante.
“La mujer ama de casa dependiente, es la que en su mayoría vive estas situaciones, ya que el matrimonio le permite, según ella, que la economía familiar se mantenga a favor de sus hijos aunque en el fondo la que sufra es ella”, afirmó.
Cuando se viven situaciones de este tipo, siempre se piensa en la persona engañada sin tomar en cuenta el terrible daño que también sufren los hijos al vivir en este tipo de ambiente.
Según la doctora Cajina, “la mentira y el cinismo de un padre o una madre que lleva doble vida, es un impedimento para formar valores ideales en los hijos.
“Cuando están pequeños podemos esconder los errores, pero cuando los hijos se enteran hay que hablar del asunto y explicarles con la verdad lo que está pasando.
En la mayoría de los casos, los hijos cierran filas alrededor de la madre y el padre afectivamente pierde al quedar fuera de este círculo familiar”.
Si bien es cierto, en la mayoría de los casos son los hombres los que traicionan a las mujeres, pero ¿qué pasa cuando son mujeres las que engañan?
En el caso de las mujeres, Cajina nos explica que este también es un modelo aprendido. “Seguramente ella vivió la historia de infidelidad de su padre hacia su madre y ella quiere repetir el mismo ejemplo. Este hecho seguramente la afectó de forma que un día ya adulta ella repite el modelo de quien odiaba de pequeña”.
Finalmente, siempre he dicho que los hijos son el reflejo de los padres, si nosotros educamos a nuestros hijos con valores y dando ejemplo de ello, nuestros pequeños lo imitarán.
Es por ello que nuestra responsabilidad como padres tiene que enfocarse en darle buenos ejemplos, ya que la primera escuela está en la casa.

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