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El amor: instrucciones de uso


El amor es una necesidad básica, pero nadie nace sabiendo amar, es un sentimiento que se aprende, aunque es difícil encontrar a alguien que nos enseñe cómo se hace.
¿Estamos por ello condenados a ser siempre un poco analfabetas en la materia? El psicólogo portugués Joaquim Quintino Aires asegura que, conociendo unas pocas reglas, lograr el amor depende solo de nosotros.
Se nace con necesidad de amor, aunque no se nace sabiendo amar. Pero no es un problema, porque el amor se aprende, basta con prestar atención para saber cómo funciona, aunque tampoco hay que engañarse, conseguir el amor es difícil, no depende de la suerte o del azar, sino del esfuerzo que hace cada uno para alcanzarlo. El amor no surge de la nada, se construye y es un camino que lleva mucho tiempo y esfuerzo, según el especialista, quien recientemente ha publicado en castellano el libro “El amor es una carta cerrada”.
Quintino no enseña cuál es el camino que conduce al amor, pero describe los que no llevan a él. Mentiras de amor en las que quedan atrapados muchos adultos a los que les resulta imposible alcanzarlo.

Pero, ¿qué es el amor?
Todos estamos acostumbrados a usar la palabra amor, “la cual debería tener un uso mucho más restringido”, según explica Quintino. “El amor se da sólo entre dos adultos que comparten sus vidas y sus cuerpos”, el resto son afectos que se pueden sentir por muchas personas --padres, hermanos, amigos, parientes--, hay que aprender a hacer esa distinción pues “es peligroso usar la palabra amor de forma poco adecuada”, alerta el psicólogo.
No todo es amor y, sin embargo, es muy fácil confundir éste con sentimientos como la atracción y la pasión, que son dos fases que preceden obligatoriamente al amor pero que no desembocan necesariamente en él. “El amor no sigue siempre a la pasión ni tiene por qué hacerlo”, cansarse de una pasión no supone que hayamos fracasado en la tarea de encontrar alguien a quien amar, sólo significa que no somos compatibles con esa persona.
Pero, sobre todo, Quintino alerta ante el desastre de confundir pasión con amor y vivir la primera como si fuera el segundo. “Dos personas que sienten pasión podrán tener muchas ganas de estar juntas, pero es muy posible que sean muy diferentes y, por ello, en el día a día tendrán muchos conflictos”.
Y, ¿dónde se aprende?
“Aprender el amor es un proceso muy complejo y será casi imposible que alguien te lo pueda enseñar”, por eso “siempre seremos un poquito analfabetos en la materia”, asegura Quintino, quien, sin embargo, afirma que no por ello hay que ser pesimista.
“Nadie nos habla de cómo se hace el camino del amor. Es algo que se aprende, como se hace con las matemáticas o la gramática”, por ello sería necesario que alguien nos hablase de cómo trazar ese recorrido, pero nadie lo hace, es “como si cada uno tuviera que inventarlo cada vez”.
Para aprender sobre el amor, una alternativa que parecería lógica sería observar a nuestros padres si su relación ha sido positiva, pero, para Quintino, “el problema es que los padres no son un buen ejemplo”, pues esos matrimonios “pueden estar contaminados de mentiras y estereotipos”. De lo que realmente pasa o de cómo se vive un matrimonio o pareja, en realidad poco se sabe.
Si se pudiera mirar lo que realmente pasa dentro de muchas relaciones nos sería más fácil saber qué es el amor. Observar, recopilar información a través de los comportamientos ajenos es una de las formas de aprendizaje del niño. En materia de amor la cosa no difiere mucho, pero antes de meter las narices en relaciones ajenas, Quintino propone otra escuela de vida: las novelas románticas y las telenovelas, “que nos cuentan las historias sobre la vida de otra gente y sirven perfectamente para ese fin”.
Pero, además, existe otro factor fundamental, el diálogo que, de hecho, es el concepto de base que atraviesa todo el libro: “Hay que hablar más del amor. El lenguaje nos ayuda a tener conciencia de las cosas y a construir el camino que lleva al amor. Sin embargo, observa Quintino, “lo normal es que la gente tenga dificultades a la hora hablar de amor”, pero “cuanto más hablamos, sin recelos, de nuestras dificultades más desarrollamos nuestra capacidad de construir el amor”.

Para aprender...nada como la práctica
Pero, como la experiencia es la madre de todas las ciencias, nada mejor que poner manos a la obra para aplicar nuestros conocimientos. Actuar es “lo más difícil” y supone “llevar a cabo una acción que nos transforma”, “vivir en primera persona aquellos aspectos que comentamos sobre la vida de los demás, las circunstancias que observamos en las historias y en las telenovelas”, escribe el psicólogo.
La sociedad ha pensado también en ello y ha creado una institución que sirve “perfectamente para ese fin: el noviazgo”, que para Quintino puede definirse como banco de pruebas del amor. Así, durante la adolescencia y la juventud, pero no sólo, hay que vivir muchos noviazgos que permitan actuar, crear conciencia y situarse frente al paso sucesivo. El psicólogo narra que las personas que se casan con una de sus primeras relaciones “aceptan y permiten” cosas que nos sorprenden. “Se comportan como niños asustados para quien el mundo amoroso es un terrible desconocido”.
El noviazgo es un tiempo, guiado por la pasión, que nos hace desear estar cerca de la otra persona y debe servir para evaluar la compatibilidad entre ambos. La transición de la pasión al amor y la posibilidad de vivir una relación amorosa adulta exige una afinidad de actitudes y de estilos de vida de los miembros de la pareja en cinco áreas: “autoconservación, afecto, poder, libertad y diversión”.
Quintino enumera en su libro, a través de casos reales recopilados entre sus pacientes, una serie de actitudes y comportamientos a evitar para lograr un amor feliz.
Entre ellos, el psicólogo cita aquellas personas que asumen todas las culpas dentro de la pareja, o aquellos que viven juntos, incluso durante lustros, sin mantener relaciones sexuales, como si se hubieran convertido solo en buenos amigos. Asimismo, hay que evitar los celos desproporcionados, los amores platónicos o tener miedo de poner fin a una historia de pareja sólo por el temor a afrontar el futuro. Situaciones todas ellas que acarrean sufrimiento.

¿El amor es para siempre?
Quintino no duda de que una relación amorosa pueda ser para siempre, “pero eso no podemos saberlo hasta el final”, pues se trata “de algo vivo que respira y tiene que nutrirse” y por cualquier motivo todo puede cambiar.
Y, si se habla de amor eterno, también hay que hablar de traición, sobre la que Quintino es tajante: “Quien ama no traiciona”, escribe. Puede pasar que empecemos a sentir pasión por una tercera persona, pero entonces es el momento de reevaluar el amor que se tiene, pues “en el amor no hay lugar para la traición. En la atracción y en la pasión sí”.
En todo el libro, se destaca la necesidad de hablar, de comunicar, tanto con nuestro entorno como con la pareja, sobre todo con esta última, pues “no tenemos tradición de hablar claro” con la persona con quien compartimos nuestra vida, muchas veces “por miedo a ser cómo realmente somos o al rechazo”. Sin embargo, “son muy frecuentes” los casos de parejas que, una vez rotas, ambos se muestran como son y finalmente descubren que son mucho más afines de lo que creyeron cuando estaban juntos.
“El amor es una obra de arte que difícilmente se consigue a la primera”, pero hay una máxima: “hablando construimos el amor”.