Ellas

Los secretos


Todos guardamos secretos a nuestras parejas. Cosas ingenuas, o menos ingenuas, que pueden agrietar los cimientos de la convivencia. Temas que es mejor pasar por alto para no hacer daño al contrario, aunque tengan que ver con una vida anterior a la relación.
Así, se convierte en tabú todo lo relacionado con historias pasadas, especialmente lo que tenga que ver con sexo y amor, lo que hablas y haces con las amigas en las salidas nocturnas, las típicas “mentirillas” que se dicen cuando se inicia una relación para impresionar al contrario. Aunque sean cosas totalmente inocentes o sin maldad, pueden provocar desconfianza y él los aprovechará para echártelos en cara en los momentos críticos cuando tenga la más mínima oportunidad.
En realidad, no es cuestión de mentir, sino de omitir información. Y es que la sinceridad total es una virtud muy mal pagada que puede llegar a costar la relación.

El sexo
Hay dos grandes cuestiones sexuales que las mujeres tergiversan delante de sus parejas: el número de amantes que han tenido y la calidad en la cama de los mismos, y las cualidades del cónyuge para despertar la capacidad orgásmica. En el primer caso la cifra acaba reduciéndose a la mínima expresión y en el segundo sufre un aumento proporcional al de los gritos y gemidos que salen de la garganta durante el acto sexual.
Es aconsejable confesar sólo el número real de amantes cuando no se supera la barrera de los cinco. A partir de esta cifra es conveniente reducir la lista o, en todo caso, omitir parte de las experiencias.
Con lo que respecta a los orgasmos, ¡que levante la mano quien alguna vez no ha fingido en la cama! Se comienza con uno en la primera relación con él, para no hacerle sentir mal, y se acaba cogiéndole el gustillo, llegando al clímax ficticio tres y cuatro veces cada vez que se hace el amor. ¿Por qué? La presión que ejercen los hombres en la cama para llegar hasta aquí puede bloquear nuestra propia capacidad orgásmica, por lo que la única solución viable, si no se quiere acabar con determinadas partes de nuestro cuerpo echas añicos, es fingir para acelerar el proceso. Triste, sí, pero real ya que el hombre es incapaz de concebir que una mujer pueda disfrutar de una relación sin llegar al orgasmo. Mejor si se consigue, pero si no, no significa fracaso por ninguna de las dos partes. Así, su inseguridad nos hace convertirnos en las mejores actrices sensuales en nuestra propia alcoba.
Tampoco es bueno revelarse como una auténtica experta en materia sexual en la primera cita de cama. Por último, las fantasías eróticas sólo hay que compartirlas cuando él forma parte de ellas. Realmente serías incapaz de confesar que el protagonista de tu sueño picante ha sido el vecino.
Peliagudo también resulta el tema de los ex, más cuando el tiempo ha querido que sigáis siendo amigos de ellos. Si no has conseguido de ninguna de las maneras que ambos se lleven bien, lo mejor es no hablar del tema.
Todo es aún peor cuando tu ex suegra, que es un cielo, no para de llamarte

¿Yo celosa? Nunca
El tema de los celos parece que va implícito cuando se quiere a alguien, y es que es inevitable sentir hormigas en el estómago cuando él no para de hablar de su nueva compañera de trabajo o cuando su ex le llama en su cumpleaños para decirle lo mucho que se acuerda de esos maravillosos momentos que pasaron juntos. Y cuando hablo de hormigas, me refiero a esas rojas de grandes mandíbulas que te devoran las entrañas cuando tu radar detecta alguna mujer cerca.
También se deben ocultar las locuras que a veces los celos te llevan a hacer, como seguirle en más de una ocasión cuando te dice que va al fútbol con unos amigos, o revisarle los e-mails o los mensajitos y llamadas recibidas.
En definitiva, mostrar celos de forma bestial resulta contraproducente para la relación. Enseñar un poco los dientes es gratificante para la pareja, pero insistir mucho sobre esta cuestión puede llegar a resultar agobiante.

Un café con las amigas… y algo más
Lo que pasa en las reuniones de sólo chicas, debe permanecer como secreto de estado. Este pacto de silencio hay que respetarlo porque comentarios tontos o ciertas actitudes pueden llevar a malos entendidos si se sacan de contexto.
Tampoco es aconsejable revelar todo lo que se comenta entre amigas.

Me confieso…
Los asuntos relacionados con el dinero has de confesarlos siempre. Los malos entendidos con el tema pueden provocar un crack en la relación. Muéstrale siempre lo que gastas y no gastas aunque en el momento te pueda costar un disgustillo. El tiempo sólo hará engordar la importancia real sobre estos asuntos.
Y por último está el tema de las infidelidades. En este caso la elección corre de tu cuenta. Sólo tú debes decidir si contarlas o no. Hay que valorar el riesgo al revelarlas o el que se corre al callarlas. Las consecuencias de que con el tiempo salgan o no a la luz. Plantéate lo siguiente, ¿ha sido un desliz?, ¿serías capaz de repetirlo?, ¿te sientes culpable por tu pareja?, ¿sientes algo por tu amante? Las respuestas a estas preguntas te llevarán a confesarte o no a tu pareja.

Fuente: Soloellas.com