Ellas

¡No te alteres!


Durante 15 minutos recorrí todo el centro comercial buscando un lugar para estacionarme, pero era imposible encontrar un espacio libre, por fin vi a una dama que caminaba hacia su auto. Aceleré para colocarme en el lugar que dejaría, y esperé pacientemente a que la señora guardara todas sus pertenencias en su camioneta roja.
Las luces de reversa finalmente se encendieron indicando su partida, suspiré de alivio y retrocedí un poco para que ella saliera. De repente, otro carro que apenas llegaba, se adelantó al mío y descaradamente su conductor se metió en el espacio que yo aguardaba… ¡No podía creer lo que presenciaba, sentí que echaba humo por la cabeza y el coraje me hizo volverme del mismo color de la camioneta de la señora!
Estaba lista para bajar el vidrio e insultar a ese hombre, pero recordé las palabras que dijo un ministro la semana anterior en su sermón. Él mencionó que diariamente tienes cientos de oportunidades para sulfurarte por alguien que fue rudo contigo o por tu hijo que no quiso obedecerte, o quizás porque no te dieron la promoción que merecías en tu trabajo.
Indicó que en esos instantes en que estamos a punto de perder la calma, deberíamos imitar el comportamiento de un águila. Esta ave, cuando se encuentra con mal tiempo, en lugar de volar a través de la tempestad, majestuosamente y sin perder la calma, comienza a abrir sus alas hasta extenderlas a ocho pies de ancho. En ese momento asciende sobre la tormenta y se eleva hasta lograr una altura donde el clima está despejado. Estos plumíferos tienen la habilidad de llegar a una asombrosa elevación de 10 mil pies, algo que ninguna otra ave alcanza y por eso es el único animal de su especie que ha compartido los cielos con aviones comerciales.
El incidente del estacionamiento me reveló que en una situación desafiante podemos actuar como el águila o podemos conducirnos como cuervos, los cuales son conocidos por molestar y entorpecer el vuelo de otras aves.
Confieso que después de estacionarme y pasar al lado del auto del caballero (no tan caballero por cierto), tuve la tentación de desinflarle las llantas del carro… ¡bueno, sólo una!, pero suspiré de nuevo y con una sonrisa dije: “Soy un águila y puedo volar por encima de esta tempestad”.
La próxima vez que alguien te provoque, en vez de rebajarte a su nivel, actúa como ese pájaro esplendoroso, extiende tus alas y asciende hasta un cielo despejado donde siempre, al igual que un águila, hallarás la paz.

Maria Marín es motivadora internacional, figura radial, columnista y autora de Mujer sin límite. Visite: www.MariaMarin.com