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Bronceado vs. salud

Los rayos UV producen radicales libres que provocan la oxidación de las estructuras de nuestra piel y se disminuye la producción de colágeno y elastina que le dan tersura y elasticidad

Existe la creencia muy arraigada de que una piel bronceada corresponde a una piel saludable. Nada más alejado de la realidad que este concepto.
Si bien el exponerse al sol permite una tonalidad morena o bronceada, esto ocurre debido a un mecanismo de defensa y protección. Nos protegemos porque las radiaciones del sol penetran en nuestra piel y ocasionan agresiones que se acumulan con el paso del tiempo (nos estamos refiriendo a las radiaciones de longitud de onda comprendidas dentro del rango de las UVB y UVA). Estas agresiones se suman al deterioro natural ocasionado por el paso del tiempo.
Los rayos UV producen radicales libres que provocan la oxidación de las estructuras de nuestra piel y se disminuye la producción de colágeno y elastina que le dan tersura y elasticidad.
Se reduce, además, la capacidad defensiva de la piel como consecuencia de lo cual aparecen micosis, herpes, etc. Con el tiempo aparecen telangiectasias, se pierde la capacidad de retención de humedad y por último, en no pocos casos, se produce fotocarcinogénesis. También hay una reducción en la síntesis epidérmica de vitamina D. Todo esto nos lleva a decir que no hay un bronceado saludable.

Protección adecuada
Sin embargo, podemos disfrutar de la vida al aire libre si protegemos adecuadamente nuestra piel con los Factores de Protección Solar (FPS) que correspondan a nuestro fototipo cutáneo. Y si queremos tener un “colorcito” podemos usar autobronceadores, aplicándolos con el cuidado necesario para que no produzcan manchas.
Es recomendable usar cremas y emulsiones, maquillajes, champúes, etc. que contengan filtros solares, a los que últimamente se les han agregado antioxidantes como la vitamina E que ayudan a mantener la salud de nuestra piel.

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