Ellas

Entre llamas y rescates

Considera que es genial el voluntariado, porque le permitió cumplir una de sus metas: ser un bombero preparado

Carlos Federico Hayn Roa (CFHR) tiene 25 años, de los cuales lleva casi cinco entregado a la labor de bombero voluntario de la Dirección General de Bomberos. Lo que pocos saben es que constantemente se le ve en las noticias de accidentes o incendios que aparecen en los noticieros de la tele.
Pero, ¿de dónde nace la idea de ser bombero voluntario? Pues asegura que más allá de ser un sueño de niño, una de las razones más importantes que lo impulsó fue la muerte de su papá en un accidente automovilístico en el que viajaban juntos cuando apenas contaba con nueve años. En esa ocasión no hubo respuesta rápida de paramédicos, y conforme fue creciendo vio que en Nicaragua urgía ese tipo de servicios.
La experiencia ha sido extraordinaria, “porque he logrado cumplir una de mis metas, la cual era llegar a ser un bombero preparado”, dice.
Durante su preparación ha asistido a seminarios y cursos que imparte el Cuerpo de Bomberos. “También he recibido entrenamiento en intercambios con otras instituciones internacionales como Bomberos Sin Fronteras y Bomberos en Acción. A estas alturas estoy preparado en prevención y extinción de incendios, prevención de desastres naturales y también lo estoy como paramédico”, continúa Carlos.
Lo mejor de ser bombero es la posibilidad de salvar vidas, es satisfactorio saber que mientras la gente huye del peligro, nosotros nos introducimos en él para eliminarlo, comenta.
Este joven considera que durante su trabajo se ha encontrado con diferentes escenas, sin embargo, la que más lo marcó fue un accidente de tránsito en Carretera a Masaya, donde murieron dos personas porque quedaron prensadas en los vehículos. “Era una muchacha como de 20 años que aún estaba con vida, cuando logramos sacarla falleció en mis brazos. Eso me traumatizó, porque tenía la esperanza de llevarla con vida al hospital y no pudo ser. Además fue duro cuando su madre llegó desesperada y me agarró de la camisa preguntándome por su hija”, recuerda.
También hay felicidad
Pero en su trabajo no todo es tristeza, recuerda como uno de los momentos de mayor felicidad cuando le tocó atender un parto de una joven de 18 años en Carretera Norte. “En el momento no lo podía creer, pero vencí el miedo porque se supone que estoy preparado y entrenado para eso. Definitivamente no hay mayor felicidad que decirle a alguien: ‘Tomá, aquí está tu hijo’”.
Más sobre Carlos Federico
Aparte de trabajar como bombero, modifica vehículos particulares e instala luces y sirenas a la Policía Nacional, a la Cruz Roja y hasta al Gobierno. Disfruta mucho ir al cine.
Acostumbra ver series sobre rescates o emergencias como Third Watch o ER; otro de sus hobbies es jugar billar.
No se considera parrandero y prefiere las reuniones caseras. Recientemente se casó.