Ellas

Manuela Aguilar

Si se escuchan unos tacones a paso ligero por los pasillos de la Universidad Americana, se trata de la Decana de la Facultad de Diplomacia y Relaciones Internacionales, una mujer esbelta, alta y rubia

Eunice Shade

Se le ve fugaz, apurada, contra el tiempo. Ella es Manuela Aguilar, con catorce años de radicar en Nicaragua, y tiene un aspecto digamos eslavo o ario porque procede de Alemania, su tierra natal. Originaria de Colonia, estudió en Bonn, donde realizó su carrera y maestría en historia.
La lluvia le cambió el destino cuando paseaba por calles alemanas. Manuela ya había concluido sus estudios y no imaginaba lo que le esperaba. Para no mojarse decidió entrar a una casa cercana. Era una casa de intercambios estudiantiles.
Los giros del destino
Una cosa llevó a otra y cuando se vio estaba llenando los papeles para un posible viaje. El momento le llegó ese mismo año. La solicitud que llenó por casualidad fue aprobada. "Aventuroso", pensó ella.
Sus padres estaban felices, en especial su mamá, doña Irene Knapp, porque nuevamente el destino había guiado a Manuela a la universidad en donde también estudió doña Irene: Universidad de Kansas, Estados Unidos. Y fue allí que se encontró al amor vestido de nicaragüense llamado Leonel Aguilar.
La pareja se conoció en la clase de historia de América Latina. A Manuela le quedaba poco por terminar sus estudios, pero la motivación del corazón la hizo aplicar a un doctorado en la misma universidad y clasificó.
Como Decana, Manuela tiene muchas responsabilidades. "La Decana representa dentro y fuera a la facultad. Lo difícil de este trabajo es la multitud de tareas que hay", pero a Manuela no la detiene nada. Ella organiza y planifica cronometradamente cada una de las actividades que haya que hacer.
Una vida activa
Viaja de León a Managua, porque ella radica en la ciudad de los grandes poetas Rubén Darío y Alfonso Cortes y la distancia no es pretexto, siempre está puntual. Además, es profesora y conferencista. Da clases en Nicaragua y en Suecia.
Viaja constantemente a dar seminarios o charlas acerca de problemas internacionales. Energética, ordenada, como casi la mayoría de los alemanes profesionales, nos cuenta que le encanta relacionarse con personas y enseñar.
También le gusta la investigación. En su tiempo libre lee novelas de escritores anglosajones del siglo dieciocho y principios del diecinueve, nos menciona a Henry James. "Leo bastante en inglés, es una lengua bella, y creo que los autores de ese período utilizaban un léxico abundante". A propósito de lenguas, Manuela habla alemán, español e inglés, y lee latín y francés.
Pianista y deportista
En su juventud tocaba piano y participó de varios conciertos. Otra curiosidad de su vida es que estudió ocho semestres de deporte, con razón es delgada. Y asegura no haber perdido la costumbre, pues hace cinco horas a la semana de ejercicio mientras mira CNN.
Uno de sus deportes preferidos es esquiar y cada vez que visita a sus padres en Alemania, no pierde oportunidad de aprovechar la nieve.
Extrovertida, dinámica por naturaleza, esposa y madre de un hijo, Lyonel, académica, presidenta de una asociación sin fines de lucro denominada Nica Plast, donde realizan cirugías reconstructivas a gente de escasos recursos, Manuela considera que la buena cosecha de las relaciones humanas es lo más importante en la vida.
Después de estudiar tanta historia, si tuviera que elegir un momento, una época en que le hubiera gustado vivir nos dice: "En Alemania durante el nacionalsocialismo para tener una idea de cómo no debo vivir y transmitírsela a mis estudiantes; en los años cincuenta en Estados Unidos, por los inicios de la guerra fría y en el renacimiento en Italia".