Ellas

Concepción Palacios

La ciencia no tiene sexo, ni credo religioso, ni color político, mucho menos estatus social. Por eso invito a todas las mujeres que aspiran por una carrera profesional o técnica, a todas las mujeres que poseen inquietudes científicas, a que nos unamos y luchemos juntas en pro de la consecución de estos ideales, de estas aspiraciones. Concepción Palacios

— —

Entre las mujeres que han luchado por abrirse camino cuando la sociedad era más discriminatoria y sexista, se destaca Concepción Palacios, la primera nicaragüense y centroamericana que llegó a obtener el título de doctora en Medicina. En sus tiempos, hasta pensar algo así ya era un gran atrevimiento, pero ella lo logró.;

;
Concepción Palacios Herrera nació en El Sauce, departamento de León, el 5 de diciembre de 1893. En sus documentos aparece que había nacido en 1901, porque ella tuvo que bajarse la edad con el fin de obtener una beca para estudiar un postgrado.;

;
Su madre Baltazara Herrera era partera y curandera, una suerte de médica naturista de su tiempo. Era muy inteligente, de gran corazón y mente abierta. ;
Precisamente de ella heredó Concepción su amor a la medicina.;

;
Acorde a la costumbre de aquella época, las personas tenían que llevar el nombre que traía el calendario el día de su nacimiento. Según el calendario, la nińa se tenía que llamar Sabina pero su padre Pío Palacios Urbina -aserrador de oficio- decidió ponerle Concepción Palacios, el nombre de la madre de Simón Bolívar, gran luchador por la independencia de América Latina del poderío espańol.;

;
La familia Palacios-Herrera era de escasos recursos económicos pero tenía mucha voluntad para sacar adelante a su prole: 4 mujeres y 3 varones. Ańos más tarde, dos de las hermanas de Conchita llegaron a ser maestras y enseńaron las primeras letras a casi todo El Sauce.;

;
Pero antes de que todo eso ocurriera, el propio don Pío fue el primer maestro de su hija. La enseńó hasta el Cuarto Grado de Primaria y luego ella asistió a una escuela que se había establecido en El Sauce. La escuelita llegaba sólo hasta el Quinto Grado, así que dońa Baltazara no se conformó con que sus hijas e hijos no terminaran la Primaria y los mandó a León para que cursaran el Sexto Grado. No había carreteras, tenían que viajar a caballo, era toda una aventura.;

;
Conchita terminó el Sexto Grado con las más altas calificaciones, pero no tenía recursos para continuar sus estudios. Regresó desconsolada a El Sauce. Luego ella misma contaba que un día se puso a meditar debajo de un árbol de su casa, quedó contemplando a las golondrinas y dijo para sí: ŤSi ellas vuelan, ¿por qué no podré volar yo también?ť Entonces, escribió una carta al Ministro de ;
Educación Pública de ese entonces, solicitándole una beca. La siguiente semana recibió la respuesta: ella iba a ingresar becada a la Escuela Normal de Seńoritas de Managua. Como su madre no tenía máquina de coser, preparó el ajuar escolar de su hija a mano.;

;
Junto con su padre, salió a caballo rumbo a León, para tomar allí el tren a Managua. Conchita se sentía feliz: Ąse estaba cumpliendo su sueńo! Sin embargo, tuvo que afrontar nuevos retos.;

;
SE BURLABAN DE SU POBREZA;

;
Como en la Normal estudiaban únicamente jóvenes Ťde buenas familiasť, éstas se reían de ella por su humilde ropa, sus zapatos pueblerinos y porque su padre llegaba a visitarla vestido como campesino.;

;
Pese a que Concepción siempre era la mejor alumna del colegio, la Directora le tenía mala voluntad, por su condición social y por sus ideas progresistas. ;

;
Entonces, cuando Conchita regresó después de las vacaciones, se enteró de que fue expulsada del plantel -y para colmo, de todos los centros de estudio del país- porque, según la directora, Ťno podía estar estudiando con las muchachas de familias decentesť. Pero Josefa Toledo de Aguerri, la primera feminista nicaragüense y una brillante educadora, se enteró de esta situación y dio a ;
Concepción Palacios todo su apoyo. Durante un ańo los más eminentes profesores convocados por dońa Chepita estuvieron preparando a la joven para el bachillerato, sin cobrar un centavo.;

;
Cuando en 1918 Conchita concluyó sus estudios, solicitó hacer un examen para obtener el grado de bachillera. El Ministerio se lo negó dos veces, la tercera dijeron que sí, pero con una condición muy difícil de cumplir: que presentara examen de suficiencia, materia por materia, de todos los cinco ańos del bachillerato. Concepción aceptó el reto y presentó el examen -que duró 11 días seguidos -con un gran éxito.;

;
El siguiente paso que pretendía dar era ingresar ni más ni menos que a la Facultad de Medicina de la Universidad de León. Ahora no suena tan extraordinario, pero en aquellos tiempos muy pocas mujeres accedían a estudios universitarios y ninguna -Ąni una sola! -estudiaba Medicina, porque se creía que era una carrera exclusivamente para hombres. Sin embargo, Conchita Ťya había aprendido a luchar y a vencerť y logró entrar a la universidad, desafiando todos los prejuicios.;

;
Enseguida mostró su gran capacidad y mereció el respeto de muchos profesores. ;
Sin embargo, también había quienes no veían con buenos ojos que una mujer estudiara Medicina. Algunas personas ordenaban a sus empleadas domésticas que le tiraran a la Ťatrevidať agua sucia mientras ella iba caminando por la calle vestida con su impecable gabacha blanca; hasta piedras le lanzaban. Durante las clases los estudiantes que la malquerían le ponían en los bolsillos dedos y testículos de los cadáveres, diciendo que esto tenía que ser de su agrado porque Ťle gustaba ver hombres desnudosť. El obispo de León dijo desde el púlpito que para una mujer estudiar Medicina, era una perversidad.;

;
Ante esos percances, Conchita decía que le daba más pena el atraso de la sociedad nicaragüense que sus propios problemas. No obstante, harta del hostigamiento, en 1919 decidió marcharse a México, que en ese entonces era un país progresista y más adelantado políticamente en cuanto a los derechos de las mujeres. Con grandes sacrificios, la familia de Concepción le consiguió dinero para el pasaje. Durante la despedida, momentos antes de que ella partiera en barco desde Corinto rumbo a Veracruz, su madre le entregó 50 dólares -todo lo que podían aportar- y dijo: ŤPensá bien lo que hacés porque serás ejemplo para otras mujeresť.;

;
Desde Veracruz, Conchita viajó en tren a la capital de México. Durante el viaje le impresionó profundamente haber visto a las mujeres donar sus joyas para apoyar el proceso revolucionario. Concepción ya creía en la necesidad de lograr un cambio social. Sus convicciones políticas terminaron de madurar con la influencia de la revolución mexicana.;

;
Al inicio de su estancia en México, trabajó en lo que pudo y en 1920 ingresó a la Escuela Nacional de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Se destacó tanto en los estudios, que en 1922, cuando la célebre poeta y educadora chilena Gabriela Mistral visitó México para apoyar la reforma educativa, Concepción Palacios fue designada para pronunciar el discurso de bienvenida de la UNAM. No tenía ropa ni calzado adecuados para asistir a un evento tan solemne y las autoridades universitarias mandaron a comprárselos. A ;
Mistral le gustó mucho el discurso de Conchita; cuando se enteró de que la estudiante tenía grandes dificultades económicas, solicitó que el Gobierno otorgara a la talentosa nicaragüense una beca completa. Y así se hizo.;

;
SOLIDARIA Y GENEROSA;

;
Concepción Palacios era muy solidaria y generosa. Durante sus ańos de estudiante dio clases en una escuela nocturna para obreros y brindó atención médica en el Dispensario para Mujeres Obreras, sin remuneración alguna. Durante toda la vida trabajó horas y horas gratis, por su compromiso con los pobres y en especial, con las mujeres. También fundó una clínica que atendía a madres solteras.;

;
En 1927 se graduó como médica y cirujana, siempre con las más altas calificaciones. En 1928 regresó a Nicaragua, movida por el deseo de contribuir al desarrollo de la Medicina en nuestro país. También se involucró en política; apoyaba la lucha de Augusto César Sandino contra la ocupación norteamericana. ;

;
El presidente José María Moncada incluso la mandó encarcelar por razones políticas; una vez en libertad, Conchita volvió a México como exiliada.;

;
Hizo sus estudios de postgrado, primero en el país azteca y luego, en los Estados Unidos. Llegó a ser una brillante especialista, magnífica cirujana y obstetra. Cuentan que cuando ella atendía un parto, nunca hubo gritos, porque sabía tranquilizar a las parturientas y enseńarles a lidiar con el proceso de dar a luz sin temores ni vergüenzas. Decía que la maternidad era grandiosa y se esmeraba muchísimo en ayudar a parejas estériles que deseaban tener hijas.;

;
De 1945 a 46 estuvo en Europa en calidad de voluntaria de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas, atendiendo a personas sobrevivientes de los campos de concentración nazis y a desplazadas de guerra.;

;
Era muy creyente, a menudo leía la Biblia, rezaba mucho y afirmaba que Dios está con las y los pobres. Le hablaba como a un amigo; ŤCualquiera que sea Tu forma, yo Te conozcoť, decía. También era una mujer culta; fue amiga de los grandes artistas mexicanos y de altos funcionarios del Gobierno, pero nunca usó sus influencias para obtener beneficios personales sino que trataba de ayudar a otros.;

;
Todo nicaragüense que llegaba a México en busca de mejores horizontes, o perseguido por sus ideas políticas, encontraba refugio en su casa. Su hogar no sólo era de las y los nicas sino de todas las personas latinoamericanas que de una u otra manera luchaban por la libertad de sus pueblos. Ella decía que eran como sus hijos. Así conoció a Ernesto ŤCheť Guevara, Fidel Castro, Salvador Allende, Carlos Fonseca...;

;
Por supuesto, con esta manera de pensar ella no era bienvenida en Nicaragua. Visitó su patria en 1947, pero Anastasio Somoza no toleró su presencia; de nuevo tuvo que salir al exilio.;

;
LE DETECTAN CANCER EN LA SANGRE;

;
En 1971 le detectaron leucemia, o sea cáncer en la sangre, una enfermedad muy peligrosa que amenazaba su vida. Ella quería volver a Nicaragua, incluso dijo en una de sus cartas: ŤDejar mis restos allá sería colmar mi muerte de dichať. ;

;
Sus amistades nicas le ofrecieron gestionar con Somoza Debayle su retorno, pero ella se negó y explicó su decisión de esta manera: ŤNo quise que la bestia supiera mi angustia dolorosať. Era valerosa, indoblegable y brusca.;

;
Concepción Palacios enfrentó los prejuicios sexistas no sólo en su desempeńo profesional sino también en el ámbito personal. Mientras estudiaba en México, se casó con el ingeniero Lorenzo Zelaya, hondureńo de origen. Pero ocurrió que el esposo intentó mandar en la vida de Concepción, ella no lo permitió y terminaron separándose. La pareja tuvo una sola hija, María Elena, que llegó a ser una profesional muy destacada y todavía vive en Washington.;

;
Cada una de ellas -madre e hija- había escogido su camino en la vida, y respetaban la decisión de la otra, aunque sus maneras de pensar eran distintas. Dońa Conchita era una excelente abuela, sus nietos la visitaban y la querían mucho, ella tenía el don de jugar con ellos como si fuera una nińa.;

;
Parece que Concepción Palacios confiaba en la sabiduría del refrán Ťmejor sola que mal acompańadať. No pensaba que una mujer necesitaba a un hombre para ser una persona completa. ;

;
Creía que las mujeres tenemos la capacidad de participar en todo con la misma excelencia que los varones. Por eso era exigente con las mujeres, siempre decía que ellas tenían que tomar parte en las luchas sociales. ;

;
ŤNo miremos solamente luchar, luchemosť, repetía. Sugería a sus amigas que estaban en Nicaragua crear una revista Ťpor y para las mujeresť. Simpatizaba con el feminismo pero creía, igual que la mayoría de las personas de su generación, que primero era necesario hacer una revolución, para lo cual las mujeres tenían que luchar junto con los hombres, hombro a hombro y en condiciones de igualdad.;

;
Volvió a Nicaragua después del triunfo de la revolución de 1979. Fue recibida con honores. En 1980 la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua -en la que ella empezó sus estudios de Medicina en el lejano 1918 -le otorgó un Doctorado Honoris Causa, con el que se distingue a personas de mayores méritos profesionales y científicos.;

;
Mantuvo siempre su posición crítica y cuando no estaba de acuerdo con lo que hacían o decían los dirigentes sandinistas, lo decía sin tapujos. No tuvo mucha participación en los acontecimientos de aquella época porque ya estaba muy enferma. Las personas que la conocían bien piensan que si ella hubiera venido a Nicaragua en mejores condiciones de salud, hubiese aportado mucho más. Pero no le fue posible. Falleció el 1 de mayo de 1981. Ahora un Complejo del Ministerio de Salud lleva su nombre. En realidad, es mucho menos de lo que se merece.;

;