Economía

Un desastre que aún puede ser revertido

Contrario a lo esperado, el huracán “Félix”, que devastó miles de hectáreas de bosques, no es una oportunidad para la alicaída industria de la madera, cuyos mejores días pasaron hace rato, pero la posibilidad para levantarla y que aporte en forma importante al Producto Interno Bruto de Nicaragua está latente, aun con todo y el desastre natural y la falta de visión.

Ervin Sánchez

Expertos en el tema forestal sostienen que es posible levantar una poderosa industria basada en el recurso forestal de Nicaragua, tomando en cuenta que al menos el 70 por ciento del territorio nacional tiene vocación para los bosques que, manejados sosteniblemente, podrían estar aportando a Nicaragua entre 300 y 400 millones de dólares anuales en productos maderables. El planteamiento, levantado por diversos conocedores del sector, entre ellos Sandra Tijerino, representante de la Red Mesoamericana y del Caribe de Comercio Forestal, puntualiza que este sector podría aportar en forma importante al Producto Interno Bruto nacional y ayudar a disminuir la pobreza.

¿Hay esperanzas para este sector?
“Creo que el potencial de Nicaragua en recursos forestales, en suelos con vocación forestal, donde se puedan sembrar bosques, haría factible un aporte importante al país, como en el caso de Chile, donde desde 1940 se comenzó a sembrar bosques y hoy es una de las principales naciones exportadoras de madera y de productos maderables del mundo”, destaca Tijerino.
“El asunto es poder determinar y unificar nacionalmente los criterios en torno al uso y manejo sustentable de los recursos forestales, y lograr que las industrias exploten el bosque en forma racional, aprovechando la materia prima para darle valor agregado”, agregó.
Por otra parte, señaló que no se puede ocultar que más de la mitad de la población de Nicaragua está cocinando todos los días sus alimentos con leña que proviene de los recursos forestales que son patrimonio de la nación y que pueden ser un eje de desarrollo económico del país
Sin embargo, para administrar hay que conocer primero, ¿no?
“Así es, uno de los grandes problemas que tenemos todos los países pobres es el poco conocimiento del recurso natural propiamente dicho, y del comportamiento de los usuarios en esas actividades productivas; muchas veces los gobiernos no conocen a fondo lo que existe en el país y cómo hacer para sacar de la pobreza a comunidades, como las indígenas del Atlántico Norte, dotándolas de un ingreso permanente”, respondió.
Sin embargo, no se trata sólo de aprovechar, el asunto es conocer que esta actividad requiere dinero y no existe en Nicaragua financiamiento para el aprovechamiento del bosque en términos económicos, y no se ha visibilizado el aporte que tienen los recursos forestales.
Actualmente en términos de las cuentas nacionales el sector forestal aparece aportando entre un 0.2 y 0.3 por ciento al Producto Interno Bruto, pero eso no es así, sostiene Tijerino, quien fue hace algunos años directora del Instituto Nacional Forestal.

Aporte energético de la leña
En Nicaragua viven seis millones de personas, y poco más de la mitad usa leña, que viene de los recursos forestales, y según las compilaciones oficiales eso tiene un valor de unos cinco millones de dólares al año. Ese dato aparece en el balance energético de la nación que realiza el Ministerio de Energía y Minas, entidad que señala que el 52 por ciento de la utilización energética del país proviene de la leña y de sus productos primarios como el carbón.
El restante 48 por ciento proviene de otras energías como el petróleo, la hidroeléctrica, la geotérmica y otras fuentes, pero en ese sentido un aporte energético a la nación es sumamente importante, pero no aparece en las cuenta nacionales, sin embargo, tres millones de nicaragüenses usan leña para cocinar en zonas donde no hay gas ni electricidad.
Ese costo para el país, contabilizado, es de más de 100 millones de dólares, y esa proporción de la participación de la madera en el balance energético se incrementa con el alza de los precios del petróleo porque la gente empieza a ahorrar gas y dinero, y por lo tanto el uso de la leña se incrementa, lo que implica mayor demanda de productos forestales.
Tijerino advierte que de hecho el 50 por ciento de la nación está cocinando con un patrimonio de la nación, y por el aumento en los precios del petróleo el recurso disminuye de forma acelerada.

Entonces, ¿no hay planificación del uso de estos recursos?
“No, no hay eso, no hay planteamiento integral de las cosas, cada uno de los sectores programa casi independientemente, no hay integralidad de la planificación ni de los de territorios, ni de los sectores mismos que son parte de esas áreas”, explicó. Tijerino también aseguró que hay que tener políticas consensuadas entre el Estado, la población de las comunidades y las autoridades.

Planificación del desarrollo forestal industrial
Cómo poder sustentar ese desarrollo de sus habitantes y el crecimiento sobre la base de los recursos que tiene el país es uno de los grandes problemas. En general hay esfuerzos dispersos y muchas políticas que son erradas, como el hecho de incentivar siembras agrícolas en zonas donde la vocación del suelo es forestal, como en las regiones autónomas.
La ex directora del Inafor expresa que promover un solo proyecto gubernamental en zonas forestales, como el cultivo de cacao, maíz o frijoles, pero derribando bosques para dar paso a extensiones sin bosques, es una inversión para la destrucción de un sector que es patrimonio de la nación, tomando en cuenta que los suelos de las zonas forestales no tienen vocación agropecuaria y por lo tanto son rentables a corto plazo.
En ese sentido señala que se están usando impuestos de los nicaragüenses para “destruir nuestro propio patrimonio, porque cuando se le cambia el uso a los suelos de vocación forestal, se está afectando el patrimonio nacional y se continúa la misma dinámica con grupos de desplazados, quienes posteriormente venden la tierra a ganaderos, que las convierten en áreas de pastos”.
La experta sostiene que no se ha apoyado al sector forestal, que, afirma, puede producir más que el café o el ganado, pero con un manejo sostenible de las zonas forestales.
Esta área de la economía tendría capacidad de generar entre 300 y 400 millones de dólares al año, sólo en exportaciones de madera aserrada y productos elaborados.
Para la representante de la Red Mesoamericana y del Caribe de Comercio Forestal, la Ley de Veda no detiene la irracionalidad con los bosques, lo que puede hacer es el manejo sustentable del bosque, invertir en el sector forestal, crear infraestructura de caminos, energía eléctrica para poner industrias en el campo y procesar la madera para darle valor y valor agregado.
Con el paso del huracán “Félix”, a la devastación ya provocada antes se le sumó la del meteoro, que arrasó las comunidades más pobres, que están sentadas en un gran capital que amenaza con perderse, y añade que se hace necesario hacer de Nicaragua un país que se sostenga con base en sus recursos, que procese sosteniblemente sus riquezas forestales y le generen recursos para combatir la pobreza.
En ese sentido manifestó que hay que hacer inversiones de largo plazo, como mínimo a 15 años, para ir acabando con la irracionalidad que existe actualmente. Incluso, agregó que se tiene que planificar el uso sostenible y la transformación del bosque sobre la base del crecimiento de la población de Nicaragua, que cada vez más seguirá demandando productos de madera, como muebles, puertas y ventanas.
Sin embargo, la falta de apoyo por parte del Estado ha llevado a que la nación misma capte menos impuestos de la extracción y proceso de la madera, porque fue establecida la Ley de Veda sin tener capacidad de sostener y controlar el aprovechamiento ilegal.
Un ejemplo de eso se ve en las cifras. En 2002 el Inafor autorizó una extracción de 158 mil metros cúbicos, pero se ha venido disminuyendo en términos oficiales hasta el punto que en 2006 sólo fueron autorizados oficialmente 22 mil 350 metros cúbicos, es decir, se redujo en siete veces aproximadamente, pero hay madera en todos lados y en términos reales el Estado dejó de percibir una cantidad importante en impuestos.