Economía

Peso del sector informal en la creación de empleo

* El contrasentido de promover y privilegiar los grandes enclaves del sector formal

Colaboración
En el contexto de la actual campaña electoral, los candidatos han multiplicado sus promesas relativas a la creación masiva de empleos de calidad, bien remunerados, si ellos resultan electos.
Vale la pena interrogarse sobre los fundamentos reales de estas promesas y sus perspectivas de materialización.
En los últimos 15 años, la economía nicaragüense ha estado creando, predominantemente, aquel tipo de ocupación que es capaz de absorber a una fuerza de trabajo con las características de la nicaragüense: los empleos generados han sido, fundamentalmente, empleos precarios, de baja calidad y de muy pobre remuneración, los cuales únicamente demandan, para su desempeño, una fuerza de trabajo de muy baja calificación.
Resulta obvio que una economía cuya fuerza de trabajo adolece, en términos generales, de una bajísima calificación, no puede generar predominantemente empleos de calidad y bien remunerados, que demandan, por el contrario, de una fuerza de trabajo con un nivel promedio de calificación mucho mayor que el que exhibe nuestro país.
En cierto sentido, nuestra sociedad desigual está cosechando lo que sembró: al cerrar a los niños de los hogares de menores ingresos --que constituyen la mayoría absoluta de los niños-- el acceso a una educación suficiente y de calidad en las décadas pasadas, se condenó al país a tener hoy una fuerza de trabajo de bajísima calificación, la cual únicamente puede ser absorbida por el tipo de empleos que, de manera predominante, está generando nuestra economía.
En efecto, como puede apreciarse, la Encuesta de Medición del Nivel de Vida 2001(EMNV) mostró que el 66% de los trabajadores en Nicaragua exhibían una escolaridad entre nula o únicamente de primaria. El 52% mostraba una escolaridad de entre 0 y 3 años. Este 52% de trabajadores devengaba un ingreso promedio equivalente al 44% del costo de la canasta básica, y sólo aquellos que habían alcanzado la secundaria completa, equivalentes al 8% del total de trabajadores, se acercaban a cubrir con su ingreso el costo de dicha canasta.

Fuerte peso del sector informal
Por su parte, el tipo de actividad económica que genera los tipos de ocupación capaces de absorber a una fuerza de trabajo con estas características, son las actividades predominantemente informales, de baja productividad, cuyo desempeño exige una bajísima calificación y que generan a quienes encuentran ocupación en ellas, ingresos consistentes con el pauperismo.
Como ya lo hemos visto, los mayores generadores de empleo (generan un 87.5% de la ocupación) son sectores en los que tiene un fuerte peso el sector informal, y sobre todo, las pequeñas unidades que generan cinco o menos ocupaciones: 1. Agricultura (29% de la ocupación, 70% de los ocupados pertenecen al sector informal); 2. Comercio (23% de los ocupados, 79% pertenecen al sector informal); 3. Servicios comunales, sociales y personales (21% de los ocupados, 48% sector informal). 4. La industria manufacturera (genera el 14.5% de la ocupación total, y el 57% de los ocupados pertenece al sector informal).
Incluso, dentro de la propia industria manufacturera, la maquila, que pertenece al sector formal, tampoco puede decirse que genere un tipo de empleo que requiera de una calificación muy elevada.
Por otra parte, es importante relevar el hecho de que la mayor parte del empleo no lo están generando las empresas grandes, nacionales o extranjeras, del sector formal.
Como puede apreciarse, el 66% de la ocupación la generan, sin ningún tipo de acceso a los recursos, pequeñas unidades económicas urbanas y rurales que apenas ocupan entre una a cinco personas, y que con frecuencia reflejan la necesidad de gran parte de los hogares de emprender, por sus propios medios, algún tipo de actividad económica para sobrevivir. En conjunto con las unidades económicas que emplean entre seis y 20 personas, que se categorizan como pequeñas, generan el 82% del empleo total del país.
Sólo el 8.6% de la ocupación total la generan las empresas grandes del sector formal, las cuales sí tienen acceso a todo tipo de recursos.
Similar en América Latina
Esta tendencia es característica de toda América Latina: según datos de la Cepal, siete de cada diez nuevos empleos en la región los están creando unidades económicas pequeñas, mientras que las empresas grandes del sector formal, por el contrario, sometidas a la competencia internacional, se ven restringidas en lo que respecta a la generación de empleo por los acentuados procesos de racionalización y de implantación de avances tecnológicos, que las llevan a crecer más por la vía de la productividad, que de la creación de empleo.
En ninguna parte de América Latina la inversión privada grande, local o extranjera, se ha convertido en el “motor” principal de la generación de empleo, ni nada que se le parezca. Esto no ha sido así aún en México, el país de la región que, con mucho, es el que más ha atraído inversión extranjera directa. Por el contrario, la participación de las grandes empresas del sector formal en la generación de empleo, es cada vez más reducida.
En este contexto, el denominado “mercado laboral” se dualiza: el sector informal absorbe a las grandes mayorías de la fuerza de trabajo, que en la región exhibe una baja calificación, mientras las empresas grandes, que emplean porcentajes muy restringidos de la fuerza de trabajo, concentran su demanda de fuerza de trabajo en trabajadores más calificados, con acceso a la educación media y superior, los cuales constituyen la minoría de la fuerza de trabajo.

Educación reproduce polarización
La polarización educativa reproduce y profundiza la gigantesca polarización y desigualdad social pre-existente: los niños de los hogares de menores ingresos, que representan la mayoría absoluta de los niños, sólo pueden alcanzar una escolaridad muy baja --en Nicaragua, a lo sumo cuatro años, y con una calidad muy deficiente--, y por tanto, se ven irremediablemente condenados, por el resto de su vida, a encontrar ocupaciones que los mantendrán bajo el umbral de la pobreza.
Por el contrario, los niños de los hogares de menores ingresos alcanzan niveles de calificación mucho más elevados, que les permiten acceder posteriormente a los empleos de calidad y bien remunerados que logran crearse.
Asimismo, detrás de la enorme polarización y desigualdad en la distribución del ingreso que existe, cada vez más se encuentra el diverso acceso que las personas tienen a la educación.
Cada vez más, los limitados sectores poblacionales con acceso a niveles superiores de educación se ubican en los niveles superiores de la distribución del ingreso, mientras que la gran mayoría de la población, con acceso a niveles muy pobres de educación, se ve condenada a permanecer de manera irremediable en los niveles de menores ingresos.

Superar profundo dualismo
La conclusión es inevitable: las posibilidades de una creación más generalizada de empleos de mayor calidad, pasa por superar este profundo dualismo y por llegar a posibilitar, por primera vez, el acceso de todos y todas a una escolaridad más extendida, y a una educación de mucha mejor calidad.
Esto incluye no sólo mejorar y extender el acceso de todos los niños y niñas a una educación de calidad, sino elevar la calificación de quienes actualmente laboran en actividades informales, para que puedan elevar su productividad e ingresos.
En este contexto, por lo demás, es evidente que concentrar los esfuerzos fundamentales destinados a la generación de empleos, en la promoción de enclaves privilegiados de inversión local o extranjera, a través de nuevos y masivos subsidios tributarios y de subvenciones de todo tipo, mientras se continúa sometiendo al completo abandono a los sectores que generan la mayor parte del empleo --o a lo sumo, mientras se continúan restringiendo las posibilidades de acceso de dichos sectores a los recursos, a los conocidos “programas marginales para sectores marginales” que tanto proliferan-- , únicamente será una vía para continuar profundizando, todavía más, la enorme heterogeneidad estructural, el acentuado dualismo y la gigantesca e intolerable polarización y desigualdad económica y social que caracterizan a nuestro pobre y querido país.