Economía

Tecnología sostenible


Agua para mejorar
En una comunidad de Nandaime, varias familias demandaban financiamiento para un pozo. Por muy alto que fuese el mismo, estaban decididos a enjaranarse a cambio de tener una fuente de abasto de agua. Un grupo de técnicos consideraban que dicha inversión no tenía sentido si la misma no estaba asociada a un proyecto productivo que permitiera la rápida recuperación de la inversión y así asegurarse el pago.
Lamentablemente las opciones técnicas consideradas no eran viables, pero consultando a la comunidad, argumentaban que estaban dispuestos a pagar por el solo hecho de tener agua cerca, pues para ellos significaría: liberar el tiempo destinado a su acarreo para acciones económicas, tiempo personal y de recursos como bueyes o caballos; evitarse o reducir los gastos por compra de agua, etc.
Estas personas logran argumentar no solo la necesidad del agua, lo que está de más, sino los beneficios económicos que se producen al acercar el agua. Y es posible que algunos no lo vean con claridad, pero sí identifican un cambio sustancial para mejor en lo económico, en su estatus (léase dignidad), en comodidad, etc.
Rolando Bunch, el autor de “Dos mazorcas de maíz”, en una comunicación electrónica a un grupo de colegas comentaba precisamente: “Los campesinos no ven el agua como un instrumento de importancia para la producción, sino que es ante todo una demanda a las necesidades del hogar. Por ello mismo, los pozos no están ubicados en las parcelas productivas, sino cerca de las casas” a raíz de una experiencia en Honduras.
Una investigación realizada en Nicaragua, por el estimado A. Fajardo y otros, donde se evaluaba ingresos vs. pozos, demuestra que las familias que cuentan con un pozo, tienen un ingreso superior respecto de las que carecen de él, de donde se deduce que un pozo permitirá un ingreso adicional promedio de unos 120 dólares anuales.
Luego nos encontramos numerosas experiencias de sistemas de abasto de agua desarrolladas por comunidades, en unos casos con sistemas artesanales, donde aprovechan un ojo de agua, para conducir por gravedad el agua a las casas a través de un miniacueducto (5 a 20 casas). Y en otros casos soluciones más drásticas (pozo, bomba centrífuga, red domiciliar) para resolver a comunidades de 100 o más casas. En todos los casos, estos comités de agua han venido agrupando a personas de reconocida honorabilidad en sus comunidades y funcionan acordando montos a pagar por el servicio, realizando nuevas conexiones, exonerando a personas que por su edad no trabajan o a las escuelas, entre otras cosas. Y en muchos casos nos hemos encontrado que el gran temor de éstos es Enacal, quien los presiona para que le entreguen el sistema, porque “ellos pondrán medidor y las comunidades siempre destruyen las cosas. No saben administrar”. En este sentido, nos parece importante desmontar estos temores y quizás a INAA le corresponda apoyar estas experiencias con asesoría contable, apoyando su normación y tantas otras necesidades que pueden presentar para fortalecer por esta vía la búsqueda de soluciones en vez de poner obstáculos.
Marcia Estrada y Carlos Javier López
Consultores en Desarrollo Rural
marciaestrada@yahoo.com