Economía

Agro latinoamericano eleva su productividad


El sector agropecuario de América Latina y el Caribe mostró un desempeño satisfactorio desde el año 2000, tanto en términos de crecimiento, productividad, inserción externa y encadenamientos con el resto de la economía, pero persisten altos niveles de pobreza e indigencia rural, y los ingresos de los agricultores por cuenta propia han retrocedido.
El planteamiento es realizado por la publicación Panorama 2005, de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), cuyos expositores señalan que la agricultura representa como sector alrededor del 8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) latinoamericano.
En la región, casi 800 millones de hectáreas se ocupan en actividades agrícolas, de las cuales el 80% están destinadas a la ganadería, un 15% a cultivos transitorios y el resto a cultivos permanentes.
El documento indica que la agricultura ha experimentado un proceso de modernización que, para varios productos, la ha llevado a niveles de eficiencia situados en la frontera internacional. Esta modernización se ha concentrado en productos de bajo grado de elaboración, pero de alto contenido tecnológico, como por ejemplo la soya transgénica.
Soya transgénica, la más dinámica
De hecho, la soya es el único cultivo que muestra una importante y constante expansión, considerando la evolución del área sembrada en el período 1980-2004. Brasil se ha constituido como el primer exportador mundial de soya convencional, seguido muy de cerca por Argentina, que es el segundo exportador mundial de soya transgénica.
Otros productos que se han expandido en este período, aunque con magnitudes muy inferiores a la soya, son la caña de azúcar, las frutas y hortalizas. En tanto, el trigo aumentó la superficie sembrada a partir de 1995, mientras que el algodón mostró una vigorosa recuperación en la década presente, luego de haber disminuido fuertemente en los años ochenta y noventa.
En el valor total de la producción se constata el enorme peso de la ganadería, en especial del sector bovino, seguido de la producción de carne de aves, leche de vaca y carne de cerdo. De acuerdo con la publicación, el valor de las exportaciones de productos agropecuarios primarios e industrializados ha crecido en los años 2000-2004 a un ritmo más acelerado que el de las exportaciones totales.
El crecimiento más importante corresponde al comercio extrarregional con socios no tradicionales con quienes, por lo general, la región no cuenta con acuerdos comerciales vigentes o con un acceso preferencial.
Población y empleo rural
Entre tanto, la población rural está cayendo permanentemente, pasando del 42,6% de la población total en 1970, a un 24,2% en 2001, previéndose que disminuirá al 20,5% en 2010 y al 18,1% en 2020 por una emigración continua desde las áreas rurales a las urbanas, especialmente de los jóvenes, lo que significa que las zonas rurales están perdiendo capital humano y emprendedor y que está padeciendo desequilibrios demográficos y envejecimiento.
Según la Cepal, la ocupación en la agricultura está en los 43 millones de personas, mostrando desde principios de los años noventa una leve tendencia a la disminución a una tasa anual del 0,2%. Además, se destaca que aproximadamente un 20% de la población total ocupada en la agricultura tiene residencia urbana, lo que muestra un claro desplazamiento de los trabajadores agrícolas hacia el área urbana.
Actualmente la proporción de ocupados en la agroindustria alcanza aproximadamente el 25% del total de los ocupados en la industria manufacturera, según datos de 2003, lo que demuestra encadenamientos entre este sector y actividad agroindustrial.
Pero, a pesar de los avances mostrados por el sector, las tasas de pobreza e indigencia rural siguen siendo más altas que las urbanas, prevaleciendo en la agricultura una modalidad de desarrollo modernizante, pero con exclusión, dinamizado por un pequeño grupo de productos vinculados a mercados de alto crecimiento.