El Deportivo

El Chelsea a quebrar el maleficio

Un gol de Joe Cole tiene en ventaja al equipo londinense, que busca su primera final de la Champions

El País
Londres
En este tiempo de tacticismo cibernauta que distingue al cuerpo de elite del fútbol inglés era fácil pronosticar que el Chelsea y el Liverpool se jugarían la eliminatoria a un largo encuentro de 180 minutos. Con el portugués José Mourinho y el español Rafa Benítez al mando, dos técnicos que procesan en su disco duro los partidos antes de que se jueguen, era sencillo presagiar un duelo cerrado, sin una chispa de improvisación, todo sujeto al guión preconcebido en los despachos de los entrenadores.
Y así fue: un choque sin concesiones en el que el Chelsea impuso su mayor pegada, su mayor riqueza, y el Liverpool se sostuvo por el espíritu gregario de sus jugadores. Pero nadie dio por cerrado el partido, sabedores uno y otro de que sólo hay intermedio hasta la vuelta en Anfield.
Desde la importación de entrenadores continentales, en la Premier League ya no discuten técnicos con mejillas de tono magiar, sentados en un cuartucho en torno a una taza de té mientras se respira linimento y transpiran las botas. Hoy, en clubes como el Chelsea, el Liverpool, el Arsenal o el Manchester United se discute con un pentium de por medio. Por esta vía el fútbol inglés ha perdido aquel ingenuo encanto que le distinguía, pero es futbolísticamente más rico. Los equipos británicos siempre fueron competitivos, pero actualmente su juego tiene más registros, es más pícaro, maneja variantes tácticas y prevalece un sentido más calculado del juego. En este aspecto, el Chelsea y el Liverpool son las primeras academias.
Pero, por mucho que la vocación de los técnicos tenga similitudes, llegada la hora de la verdad, el asunto es cosa de los futbolistas. Y hoy en día el género del Chelsea es muy superior, sobre todo en cuestiones ofensivas. Donde Benítez expone a Zenden, sorprendente titular el miércoles, su colega envida con Joe Cole; la réplica red al poderosísimo Drogba es Bellamy, un remiendo cualquiera. Sólo el fogoso Kuyt admite alguna comparación con el decadente Shevchenko. Demasiada diferencia cuando se trata de resolver una eliminatoria por pequeños detalles.
Con Mascherano y Xabi Alonso como metrónomos, el Liverpool fue capaz de debatir en el centro del campo frente a dos jugadores esculpidos en acero como Makelele y Obi Mikel. Para mayor equilibrio, Lampard frente a Gerrard, los dos jugadores más versátiles de Inglaterra.
Todo emparejado hasta que la pelota derivaba hacia las áreas. El Liverpool, incompetente ante Cech, al que apenas echó un vistazo; el Chelsea, directo y peligroso ante Reina. En el ataque el equipo de Mourinho tiene dos guiones: una salida directa utilizando el corpachón de Drogba como diana o el camino de Joe Cole, un futbolista dinámico, pillo y habilidoso capaz de transitar por las dos orillas. El inglés, decisivo en la vuelta frente al Valencia en los cuartos de final, hizo pasar un rato horroroso a Arbeloa, al igual que Drogba a Agger. Tras varios avisos ante Reina, el africano se midió en carrera con su marcador danés, al que sacó varias cuadras antes de enlazar con Joe Cole, que llegó con el turbo en marcha frente al portero español y ejecutó al Liverpool.
Con un gol de ventaja, este Chelsea cuajado por Mourinho se siente el amo del universo. Es un equipo tan atlético, solidario y ordenado que primero pasa el rodillo y luego administra el botín con ese aire depredador que le distingue. Lo hizo en el segundo acto, cuando cedió la iniciativa a la muchachada de Benítez. Obligado el Liverpool, quedaron en evidencia sus rebajas ofensivas. No hubo variación: a la contra, el Chelsea amenazó una y otra vez a su rival sin que éste despeinara a Cech, salvo en un disparo de Gerrard desde fuera del área.
Hay datos que subrayan las penurias ofensivas del Liverpool: sus dos delanteros titulares, Kuyt y Bellamy, han logrado en esta Premier tantos goles (19) como ha conseguido Drogba. Elocuente. Como lo es que en seis visitas a Stamford Bridge con Benítez al frente el Liverpool no haya sido capaz de marcar un simple gol. El Chelsea aún aspira a tres podios y el Liverpool, como ha sido habitual en los últimos cursos, se juega el órdago en los torneos que permitan una mayor dosificación. En las últimas ediciones se ha manejado muy bien en estas distancias, pero mañana martes tendrá que remontar un gol. Y frente a una superpotencia como el Chelsea le puede resultar himalayesco.
‘Nos ha faltado determinación y confianza’
José Mourinho, el entrenador del Chelsea, cerró el partido de ida de la semifinal que disputan su equipo y el Liverpool pensando en el peso que puede tener Anfield en la eliminatoria y quejándose de la actuación del árbitro. No es una novedad. El portugués ya protestó el fin de semana pasado, señalando que, en su opinión, era imposible que en la Premier el Chelsea recibiera una pena máxima a favor y el Manchester United, su rival por el título, una en contra. El miércoles, con la Champions como escenario, insistió en el tema: “No entiendo por qué no nos pitan penaltis (a favor) cuando son tan claros. Nadie puede decir que no fuera un penalti. Pasa, pasa y pasa. Fue una gran oportunidad para que nos pusiéramos dos goles a cero, para cambiar completamente el partido. Espero que en el partido de vuelta no tengamos que volver a llorar por una decisión así, como hace dos años (cuando el Liverpool ganó con un polémico gol de Baros que no llegó a entrar). Espero que hagamos lo suficiente como para no tener que mirar atrás.”
Las quejas de Mourinho tenían dos destinatarios. Uno, Arbeloa, había tocado el balón con la mano en el área del Liverpool, según el técnico portugués. El otro, el árbitro. “Hay mano de Arbeloa, eso es seguro. El árbitro ha hecho un gran partido. Controlarlo como lo ha hecho, con tan pocas amarillas, demuestra que está entre los mejores. Sin embargo, como todo el mundo, como yo, como los jugadores, se ha equivocado en ese caso. Ha sido una decisión importante contra nosotros.”
La vuelta en Anfield, el mítico estadio del Liverpool, también ocupó a Mourinho. “Estamos en cabeza,” dijo el portugués. “Cuando empiece el partido en Anfield, estaremos en cabeza”, insistió. “Y normalmente, marcamos un gol. Si lo hacemos, tendremos una gran oportunidad de llegar a la final. Muchos dirán que es un resultado que les da una oportunidad de clasificarse para la final (al Liverpool). Ellos juegan en casa y tienen la ventaja histórica de la experiencia competitiva adquirida durante décadas”.
Rafa Benítez, técnico del Liverpool, vio dos partidos. Uno, el de la primera parte, malo para los suyos. Otro, el de la segunda, esperanzador de cara a la vuelta. ‘En la primera mitad no hemos estado bien. No hemos estado a la altura. Nos ha faltado determinación para ir arriba’, argumentó. “La diferencia ha sido el nivel de las segundas jugadas, de confianza con el balón en los pies, de determinación. No hemos estado bien en el primer tiempo”, continuó. “Luego, la entrada de Crouch nos ha dado más opciones. Tuvimos mucho más control del partido e incluso posibilidades de marcar. Miramos ya hacia Anfield y a la oportunidad de jugar delante de nuestros aficionados. Tenemos confianza porque somos un buen equipo. Sabemos que podemos hacer goles y que podemos hacerles daño”