El Deportivo

¿Llegará “Bora” a su sexto Mundial?


Prensa Latina
Es osado calificar algún récord de “casi imposible” de superar; pero a ello se acerca el del entrenador serbio de fútbol “Bora” Milutinovic, quien ha conducido a equipos de cinco países en Copas del Mundo.
Una marca que pudiera incluso llevar hasta seis en la próxima cita, la de Sudáfrica-2010, para lo cual ¡cuántas circunstancias y casualidades de muy difícil conjugación se han dado para que redondee semejante expediente!
El incansable técnico dirigió a la selección local en el Mundial de México-1986, a la de Costa Rica en Italia-1990, a la anfitriona en el de Estados Unidos-1994 (por segunda y hasta ahora última vez a un equipo de casa), a la nigeriana en Francia-1998, y a la china en el de Sudcorea-Japón 2002.
Y no ha sido dirigir por dirigir, ir sólo de comparsa a la gran fiesta capaz de paralizar al planeta; sino para brindar espectáculo y marcar, o momentos relevantes o hitos para esos conjuntos. En 1986 llevó a los mexicanos hasta el sexto lugar (mejor faena histórica); en el de 1990 los ticos conocieron por primera vez los cuartos de final, lo mismo que sucedió con los estadounidenses en 1994.
Los nigerianos quedaron en octavos por segunda vez en 1998, en tanto con los chinos logró la primera clasificación de esa nación.
Se hizo cargo del elenco jamaicano desde el pasado 16 de noviembre, y a inicios de marzo logró en Asia el sueño de todo entrenador: empezar con una victoria, pues sus muchachos, sin refuerzos de jugadores insertados en otras ligas, se impusieron a una selección de Hong Kong (5-3 en los penaltis).
El plantel caribeño tuvo una participación discreta en la cita de Francia-1998, en la cual fue eliminado en primera ronda, cuando perdió con Croacia (1-3), Argentina (0-5) y derrotó a Japón (2-1), para lograr sus tres puntos.
Ha ganado, además, el título de la Copa Caribe en tres oportunidades (1991, 1998 y 2005) y logró el subcampeonato en dos ocasiones.
Milutinovic, de 62 años de edad, anteriormente jugador, es un viajero de esos ante los cuales uno debe quitarse el imaginario sombrero: pocas horas después de haber estado en Asia, pasó por Kingston y siguió camino hacia México, para presenciar un partido del pre-mundial sub-20 entre ese país y Jamaica.
Esa faceta nos permitió encontrarlo, rodeado de periodistas, en un pasillo del hotel Provincial de Mar del Plata, a raíz de los Juegos Panamericanos de 1995, ocasión en la cual, con amabilidad, terminó concediéndonos una entrevista exclusiva.
“No creo que sean por un milagro los resultados de mi trabajo. Quizás eso se relaciona con mi forma de ser. Yo disfruto todo lo que hago”, nos dijo entonces con una sonrisa.
No tiene problemas para comunicarse: habla yugoslavo, español francés, inglés, italiano, ruso, búlgaro y alemán.
En todos estos años, claro está, no todo ha sido felicidad, e incluso han existido situaciones verdaderamente difíciles: una vez había clasificado a un equipo y de buenas a primeras, pese a haber logrado los boletos, se quedó en la calle sin llavín y parecía que se le había escapado la inminente cita del orbe.
Lo anterior ocurrió cuando logró la presencia de México en la justa de Francia-1998: el “tri” se calificó con récord de ocho éxitos, seis empates y sólo dos reveses en la eliminatoria de la Concacaf.
Mas ello resultó insuficiente, pues se consideró que el rendimiento fue de más a menos y su contrato terminó siendo cancelado.
Se le escapaba el mundial de 1998, pero una vez dada a conocer la noticia de su despido, recibió la oferta de conducir a Nigeria, que había sido campeona en los Juegos Olímpicos de Atlanta-1996, guiada por el entrenador holandés Johannes Bonfrere.
Esa fue, por cierto, la primera victoria bajo los cinco aros en este deporte de una nación que no proviniera de Europa o de Sudamérica.
Nigeria era el primer equipo que dirigía con verdaderas posibilidades de llegar lejos, y estaba convencido de las excepcionales cualidades técnicas de sus integrantes, pero también de la necesidad de dotarlos de disciplina táctica, lo cual fue motivo desde el inicio de sólidas divergencias con ellos.
El 8 de junio de 1998 un grupo de astros nigerianos, a quienes el entonces dictador del país, el general Sani Abracha, les profesaba una conocida simpatía y amistad, se reunieron en un bar holandés a tomarse unas cervezas con el técnico Bonfrere, y decidieron el regreso al puesto del entrenador y la destitución de Milutinovic.
Creían que sólo faltaba una llamada telefónica a Abracha, realizada por uno de los jugadores desde el mismo bar, la cual recibió una inesperada respuesta.
- Lo siento, no le podemos pasar la llamada: el Presidente acaba de fallecer. La casualidad dejó con “vida” al serbio en su puesto y le permitió conducir a los africanos, los cuales tuvieron un desempeño gris.
Si cuando ganaban se conocía de sus peleas internas, entonces se destaparon los reproches, principalmente contra el director técnico, en puntos como mala preparación física y no realización de sustituciones.
“Ganan y pierden los 11 que juegan”, se defendió Milutinovic.
El secretario de la Federación, Sani Toro, prendió el fuego cuando trató a los futbolistas como “un puñado de traficantes de dinero”, en alusión a la exigencia de 10 mil dólares antes del partido contra Dinamarca, en octavos de final, el cual perdieron 1-4 y los obligó a preparar las maletas para el regreso.
Más lejos llegó el presidente de la Federación, Abdulmumini Aminu, quien casi prometió una revolución: “Para el 2002 cambiaremos todo. Jugadores, técnico y organización”.
¿Qué pasó después? “Bora” Milutinovic, como ya apuntamos, llevó en el 2002 a la importante primera clasificación de China a un mundial, lo cual no resultó una sorpresa, pues siempre tiene a más de un equipo ofreciéndole trabajon