El Deportivo

“Tuzo” Portuguez un tico que fue ídolo para los nicas

Fue un verdadero trotamundo. Combatió en cuatro continentes, y aunque nunca peleó por una corona mundial, su nombre iluminó las más grandes arenas del boxeo internacional

Colaboración

En el mundo deportivo los ídolos no son de nacimiento; la idolatría la logran a base de esfuerzo y de grandeza, lo mismo que de la sencillez que da la humildad y el respeto que profesen hacia los aficionados, quienes son los que los convierten en consagrados y les crean un pedestal para inmortalizarlos.
Corrían los años 40 y el boxeo en nuestro país cada vez tomaba más auge. Miguel Ángel Rivas, “Kid Pambelé”, había regresado triunfante de una gira por Sudamérica, donde disputó el campeonato Welter continental, además de haberse coronado campeón en Colombia en ese peso. Aquí se le presentaba a “Pambelé” la oportunidad de enfrentarse a Jesús “Tuzo” Portuguez, quien venía realizando una gran carrera, y ningún nicaragüense lo había vencido, a pesar de que ya había peleado con lo mejor del patio.
Portuguez nació el 12 de noviembre de 1927, en el barrio “Los Ángeles”, en la capital de Costa Rica, San José. Fue el quinto de siete hermanos. Por aquellos días nadie llegó a imaginar que este nuevo hijo de la patria costarricense un día llegaría no solamente a destacar en el boxeo, sino también a convertirse en ídolo, tanto de los aficionados de su patria, como también del pueblo de Nicaragua, en donde sentó su fama con una larga carrera como boxeador con 235 combates realizados en arenas de América, Europa, Asia, y África.

Las peleas con “Pambelé”
Tras el victorioso regreso de “Pambelé” por Sudamérica, de inmediato se buscó cómo montar una pelea entre él y “Tuzo”, quien impresionaba después que debutó en 1946 con seis triunfos y una derrota. Recién había noqueado a Ferny Carpentier en junio de 1947 y se programó el combate, y Pambelé venció al “Tuzo” en diez asaltos. Se dio la revancha y empataron en doce rounds. Inconformes por los resultados, se tuvo que montar un tercer encuentro el primero de noviembre de 1947, que terminó empatado. 14 días después se dio el cuarto desafío, y entonces fue que ganó el “Tuzo”. Todos fueron combates violentísimos, agradando mucho a los aficionados. Las peleas se realizaron en el teatro “Trébol” y en el Gimnasio Nacional, al que todos conocimos como el de “Doña Chepita”.

Somoza Debayle, el más duro rival
Por aquellos días, Anastasio Somoza Debayle, hijo de Somoza García, era Director de la Academia Militar. Allí se entrenaban los cadetes, que luego pasaban a formar parte de la Guardia Nacional, y entre las disciplinas que se daban en la preparación estaba el boxeo. Uno de los que impartía las enseñanzas era Fernando Hurtado, conocido deportivamente como “Ferny Carpentier”. A la sazón, era uno de los mejores prospectos del boxeo nacional, y Somoza Debayle era su protector. Somoza lo echó con “Tuzo”, tratando de que “Ferny” lo derrotara, para seguirlo proyectando y que ascendiera en su carrera.
El tico noqueó a Ferny en su primera pelea, y también en la revancha. Esto disgustó a Somoza Debayle, quien desde entonces empezó a traer del extranjero a boxeadores de muy buena calidad para que lo derrotaran, y de esta forma lavar la afrenta que su pupilo había sufrido a manos del “Tuzo”. De España llegó uno de los mejores peleadores que por ese tiempo había pisado suelo centroamericano, José García Álvarez. En el primer combate “Tuzo” lo iba derrotando, pero una jugada sucia del español, quien alegó un golpe bajo, hizo que el referi detuviera el combate y le diera el triunfo a García Álvarez. Como el resultado no había sido convincente, se montó la revancha, y “Tuzo” noqueó en cinco rounds.
Siguió el peregrinaje de boxeadores que venían en busca de derrotar al tico. Somoza pagaba los mejores salarios a quienes se enfrentaban con Portuguez. Antes de pelear con García Álvarez, un panameño llamado Tito Despaigne había sido contratado para pelear contra el tico y también fue derrotado. Baby Yucatán, Youn Coronels, un mexicano que para entonces residía en nuestro país, Charolito Espirituano, All Campbell, Baby Chichi, Joel Molina, Raúl Rivas, campeón de Paraguay, Jorge Castro, de México, y otros peleadores, trataron vanamente de derrotarlo, mientras Somoza Debayle seguía buscando aquel famoso desquite que ya se había convertido en una obsesión.

Pelea contra Baby Cullimberg
Baby Cullimberg era el campeón Welter de Cuba. Por aquellos días se encontraba en México, y hasta allá mandó Somoza Debayle a un delegado a contratarlo. Lo que caló en la curiosidad del público era que además de un buen boxeador, Cullimberg practicaba la santería. La propaganda destacada en todos los medios de aquella época despertó la curiosidad no solamente de los aficionados del boxeo, sino también de quienes nunca habían presenciado un combate.
“El Palacio de los Deportes”, un redondel que había construido Moncho Bonilla a la orilla del lago, por donde hoy es el Teatro Nacional Rubén Darío, fue el escenario de la pelea. Con la presencia no solamente de Somoza Debayle, sino también de su padre, Somoza García. Y con el local a reventar de aficionados se inició el combate, el que a la altura del décimo round no tenía un vencedor definido; era un pleito muy parejo. Cullimberg no cedía en el deseo de derrotar a “Tuzo”, estaba de por medio su orgullo de campeón cubano y una mayor cantidad de dinero fuera del contrato que le había ofrecido Somoza Debayle si lo derrotaba.
El público presente, en su mayoría por admiración a Portuguez, quien ya se había convertido en un ídolo de los nicas, y por otra parte por su aversión a Somoza, apoyaba al tico, quien se estaba fajando como un gran gladiador con el cubano. No se puede asegurar, pero en aquellos días se supo que Somoza Debayle había apostado una gran cantidad de dinero a favor de Cullimberg. Quienes habían aceptado la apuesta eran miembros de los que aversaban políticamente al padre de Somoza Debayle.
En medio de la pelea se dejó sentir un aguacero de aquellos que para entonces azotaban la capital, pero el combate seguía. Había tanta agua en la lona del ring que ambos boxeadores se quitaron los botines para seguir en la lucha. A la altura del doceavo round, alguien del público escaló el entarimado y dejando anonadados a los espectadores, levantó la mano a ambos contendientes declarando la pelea empatada. Aquel personaje se llamaba Julio Frixione, capitalino al que conocían como “Julio Pelota”.
El público presente exigía que la pelea siguiera luego que cesara la lluvia, pero fue imposible, el aguacero más bien arreció, y muchos de los presentes pedían que la pelea continuara al día siguiente.
Si la historia del boxeo nacional registra una página en la cual se tengan vivencias es ésta, en donde un extranjero de nacimiento, pero nicaragüense de corazón, a como lo era Jesús “Tuzo” Portuguez, defendía los colores deportivos de Nicaragua, mientras el hijo del presidente del país, en un acto de revanchismo, apostaba y deseaba la derrota de quien peleaba por su patria, a como tantas veces lo hizo “Tuzo” Portuguez.
En su carrera, el “Tuzo”, quien regresó al país en el año 2000, completó 235 combates en unos 40 países de América, Europa y Asia. Jamás fue destronado como campeón centroamericano y reinó invicto en los escenarios nicaragüenses por cinco temporadas.n