El Deportivo

“Mis triunfos y medallas son más de mi madre”

Sylvia Poll, la medallista olímpica tica nacida en Nicaragua se confiesa

Xavier Araquistain

Ganar una medalla olímpica es el sueño dorado de todo atleta, pero hay casos de países del tercer mundo, como Nicaragua, que también sueñan, en medio de las adversidades, con obtener algún día una presea olímpica, que es el máximo galardón deportivo mundial. Sin embargo, Nicaragua ya está “ligada” en cierta forma a un par de medallas olímpicas conseguidas por atletas nacidas en este país, pero desarrolladas y portando banderas de otros.
El primer caso es el de la nadadora nicaragüense Michelle Richardson, quien comenzó a practicar la natación en las piscinas nacionales y posteriormente se trasladó a vivir a los Estados Unidos, en donde desarrolló todo su potencial ganando muchos eventos, dándose a conocer, al extremo de llegar a ganar competencias a nivel nacional y posteriormente fue seleccionada por EU y participó en los Juegos Olímpicos de 1984 en Los Ángeles, donde ganó medalla de plata en la especialidad de 800 metros libres. Y pensar que el flamante presidente del Comité Olímpico Nicaragüense (CON) y de la Federación de Natación de la época, Moisés Hassan, rechazó la solicitud de Michelle y de su padre de querer representar a Nicaragua. ¡Qué tal!
El segundo caso de una medallista olímpica relacionada con Nicaragua es el de Sylvia Poll, quien recientemente visitó nuestro país como madrina de los XII Juegos Centroamericanos de Colegios Alemanes que se realizaron en el Colegio Alemán-Nicaragüense. La nadadora que nació y vivió sus primeros ocho años en Nicaragua y que posteriormente se mudó con su familia a la vecina Costa Rica, país en donde se nacionalizó, se inició y se desarrolló en la natación hasta cumplir su gran meta de ganar medalla de plata olímpica en Seúl 1988, en la prueba de 200 metros libres.
A propósito de la visita de Sylvia Úrsula Poll Ahrens a Nicaragua, el suplemento EL DEPORTIVO consiguió una entrevista con la sirena costarricense, quien se confesó como una profesional de éxito que siempre le gustó ser independiente, conserva su soltería y es una empedernida enamorada de las comidas típicas del país y de guardar lindos recuerdos de su niñez en Nicaragua.

Contanos, ¿cómo la natación cambió tu vida?
La verdad es que nunca imaginé que haría carrera en algún deporte, pues vengo de padres alemanes que vivieron la época de la II Guerra Mundial, durante la cual la prioridad era sobrevivir y no pensaban en practicar algún deporte. Haber nacido y vivido en un país tan lindo como Nicaragua en donde abundan las playas, los ríos, las quebradas en las fincas y piscinas en la ciudad, la idea de mi padre fue que mi hermana menor Claudia y yo aprendiéramos a nadar para poder disfrutar de tantas facilidades que el país brindaba. No hubo motivación especial, la idea era que aprendiéramos a nadar.
A mis ocho años mi familia decidió trasladarse a Costa Rica. Allí fuimos afiliadas a un club que pertenecía al reparto en donde alquilaron mis padres una casa, y ese club, entre otras cosas, tenía una piscina a la cual asistíamos a bañarnos. Luego fuimos invitadas a formar para de un club de natación de niños y jóvenes en donde comenzamos a cultivar amistades, detalle por el cual comencé a querer la natación, porque al inicio me gustaba bañarme en la piscina, pero no me interesaba practicar la natación.
Así fue cómo el entrenador del club, Francisco Rivas, al verme que tenía alguna habilidad, habló con mi madre para que me convenciera de practicar. Y así, diariamente madrugaba, levantándome a las tres para entrenar de cuatro a seis de la mañana en piscina de agua fría, para luego ir a la escuela a las siete y por las tardes regresar a entrenar de 4 a 6:30 de la tarde de lunes a viernes. Los sábados y domingos los horarios cambiaban de ocho a diez de la mañana y de dos a cuatro de la tarde. Entrenaba todos los días sin tener descanso.
Al final te queda la satisfacción de haber realizado un trabajo planificado por muchos años y para llegar a ganar la medalla olímpica primero tuve que destacar a nivel interno del club, luego a ganar en eventos interclubes a nivel nacional. Las medallas siguieron llegando en eventos a nivel Centroamericano, Centroamericanos y del Caribe, en Panamericanos, en campeonatos mundiales, al extremo de que la medalla olímpica en Seúl ya no fue una sorpresa, pues mis marcas cada día indicaban que esa medalla era factible, y aunque todos deseamos una de oro, yo obtuve para Costa Rica y toda Centroamérica, la medalla de plata en los 100 metros libres.
La medalla fue un sueño hecho realidad en base a un trabajo duro, trabajando con mi entrenador Francisco Rivas. Nunca tuve que entrenarme fuera de Costa Rica, con esto quiero decir que aunque seamos de un país pequeño, si le ponemos ganas al entrenamiento podemos lograr nuestras metas. Todas mis medallas y mis triunfos los considero más de mi madre que míos, porque sin el apoyo, entusiasmo y sacrificio de ella esas medallas no hubiesen sido posible.
Mi eterno agradecimiento a mi entrenador, que jugó un papel fundamental en mi carrera y de la natación agradezco que aún los triunfos nunca me hicieron cambiar como persona humilde, siempre me consideré un ser humano con sus defectos. Siempre estuve consciente de que no todo me iba a salir bien, pero luchando siempre he cumplido con mis metas.
END: ¡Nunca valoraste la posibilidad de entrenar a jóvenes y transmitirles tus conocimientos?
SP: Sí, un tiempo di clases. Fui entrenadora, pero la verdad es que no es lo mismo ser atleta que ser entrenadora, pues quería convertirme en una profesional, estudiar, ser independiente y creo que lo he logrado. Entrenar a jóvenes es bonito, pero no era mi prioridad

¿Qué hace actualmente Sylvia Poll?
Una vez que me retiré de la actividad de la natación en 1994, decidí sacar una carrera profesional en Mercadeo y Ventas en la Universidad Internacional de Las Américas (UIA), en San José, Costa Rica, y después alcancé un postgrado aquí en Nicaragua, en el Incae. Actualmente trabajo para el Incae en Costa Rica.

¿Qué cosas añorás de Nicaragua?
Los recuerdos de mi niñez, la escuelita a la cual asistí cuando vivíamos en Chinandega, cuyo nombre ya no recuerdo. De mis amistades del Colegio Americano en donde estudié segundo y tercer grado antes de partir hacia Costa Rica. Algo que siempre voy a añorar es la comida nicaragüense. Las tortillas, el arroz, los frijolitos, el vigorón con el chicharrón tostado. En Costa Rica a veces como vigorón pero sigo prefiriendo el chicharrón de cáscara dura o tostada. A la edad de ocho años uno no puede decidir en nada, sólo estaba para obedecer y mis padres decidieron que iríamos a vivir a Costa Rica, un lindo país que dio muy buena acogida, nos nacionalizamos y es en donde hemos hecho nuestras vidas, y en mi caso, he triunfado.

¿Qué te decían las personas que te vieron crecer como nadadora?
Mirá, no hay prototipo de cuerpos para la natación. A mí me decían que ganaba porque era más alta que mis demás rivales, pero la verdad es que yo siempre pesaba entre 15 y 20 kilos más que mis rivales y era en el agua en donde tenía que luchar. Ser nadadora requiere de trabajo muy duro, de planificar todo, la disciplina es básica, trazarse metas. Hay que ir poco a poco, hay que ser realista, hay que ir por etapas.
Convertirse en nadador es como llegar a ser gerente de una empresa. Debés de comenzar desde abajo.
En un banco se empieza como cajero, luego se es ascendido a jefe de cajeros y vas saltando puestos hasta que por fin llegás a ser gerente general del banco. Finalmente, a los jóvenes de Centroamérica les quiero recordar que somos países pequeños, pero si nos proponemos metas las podemos lograr en base a trabajar duro, planificando todo, con disciplina, que es lo más importante.
Así se despidió de Nicaragua y de los lectores de EL DEPORTIVO la sirena de la medalla de plata en Seúl, Corea, hija de padres alemanes, nacida en Nicaragua y que el destino la llevó a la bella Costa Rica, en donde ha triunfado, aunque sigue añorando la comida pinolera.