El Deportivo

El fracaso de un proyecto

La derrota de Múnich reveló el desacierto de las contrataciones de Ramón Calderón en el Real Madrid

Madrid / El País.-
“Es el fin de un ciclo”, dijo, con aire perturbado, un veterano de la expedición del Madrid, al salir del estadio de Múnich, el miércoles. “Es muy simple”, abundó; “o aciertas con los fichajes o no aciertas. Y aquí los nuevos no han dado lo que se esperaba de ellos”.
El partido de vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones fue el más importante de todos los que jugó el Madrid esta temporada. La ocasión requería que los jugadores dieran su máximo nivel. Era la hora de los veteranos reclutados el verano pasado con la excusa de que conducirían al equipo en los momentos decisivos hacia los títulos. No fue así. El hundimiento afectó especialmente a los fichajes de Ramón Calderón. Sólo Van Nistelrooy, con dos goles y un pase de gol en la eliminatoria, se comportó de acuerdo a las expectativas que generó su contratación. El resto, o no comparecieron o lo hicieron de forma superficial.
Sometido a examen en Múnich, el proyecto deportivo de Calderón resultó ser un fracaso. De los ocho futbolistas que ficharon Pedja Mijatovic y Fabio Capello sólo cinco jugaron el partido. De esos cinco, sólo uno, Van Nistelrooy, disputó los 90 minutos. Capello sustituyó a tres: a Emerson, a la media hora de juego; a Higuaín, en el descanso; y a Gago, en el minuto 75. A Diarrá lo expulsó el árbitro por darse empujones con Van Bommel.
De los tres que no pisaron la hierba, sólo Reyes lo hizo por fuerza mayor: sufrió un esguince de rodilla. El sevillano no viajó a Alemania. Sí lo hicieron Marcelo y Cannavaro. El italiano sufrió un problema muscular en el último entrenamiento y prefirió no arriesgarse. El hombre tiene un agudo sentido del ridículo y, ante la posibilidad de un partido deshonroso, optó por no jugar infiltrado. Este detalle no pasó desapercibido en el vestuario. Algunos compañeros, viendo que otros se infiltran y que juegan en las grandes ocasiones opinaron que Cannavaro se permite la misma clase de lujos que Emerson. Es decir: que pacta con Capello para jugar discrecionalmente. ‘Con Italia éste sí que habría jugado’, dicen. El caso de Marcelo es menos escabroso. Mijatovic lo fichó porque le hizo un gol a Gales en un amistoso con Brasil. A Capello no le convence. Tan poco cree Capello en Marcelo que frente al Bayern le mandó a la grada.
La sucesión de desaciertos se prolonga. No se conocen las causas por las cuales Calderón no aceptó la dimisión de Mijatovic cuando se la ofreció. Esta confidencia la hizo el propio presidente, tras el partido del miércoles, en ‘El Larguero’ de la cadena SER. Según Calderón, el director de fútbol le ofreció su puesto en reiteradas ocasiones durante los últimos meses. ‘Él no quiere ser un estorbo’, explicó Calderón. El presidente, que debe considerar que Mijatovic le resulta útil para algo, lo persuadió de que siguiera.
Mijatovic no es el único que apunta hacia la puerta de salida. Capello también quiere dejar el club. Pero a diferencia del montenegrino, el italiano no disimula sus intenciones. Lo advierten a diario los futbolistas y los empleados del Madrid, que, dicen, observan al italiano más ‘vacilón’ que nunca, ‘maleducado’ y ‘jeta’.
La plantilla del Madrid observa a Capello como un cuerpo extraño. Tan precaria se hace la relación que hasta el propio Cannavaro, su adláter, critica al técnico en privado. Los jugadores sienten que no se entrenan bien. ‘Estamos físicamente muy mal’, se quejan. Creen que la displicencia del técnico ha generado una inercia de abandono. No hay reacción. Nadie espera ganar la Liga. Competir comienza a experimentarse del mismo modo que un fastidio.
Capello ha perdido la fe en todo lo que se relaciona con el trabajo. Tal vez también sospecha de sí mismo. Da síntomas de estar harto de su personaje, acude a los entrenamientos sin energía, lo deja todo en manos de Toni Grande, el ex ayudante de campo de Del Bosque, o de su preparador físico, Massimo Neri. El hombre practica un cinismo tan extremo que va diciendo por el club, a sus hombres de confianza, que los malos resultados no son culpa suya sino de los jugadores. ‘Este equipo no es bueno’, sentencia, como si él mismo no fuera el principal responsable del diseño de la actual plantilla, dando de baja a siete futbolistas -Ronaldo, Juanfran, Pablo García, Diogo, Gravesen, Woodgate, Baptista y Soldado-, marginando a tres -Beckham, Cassano y Pavón-, y fichando a ocho por valor de 105 millones de euros. Bajo su dirección el Madrid hizo la inversión más grande en fichajes que se ha hecho en España en las últimas temporadas. Pero a Capello le resulta insuficiente.
Capello ya no pide fichajes. Ahora sólo reclama que le dejen irse, y que encima le paguen esta temporada completa y una más. Calderón dice que, si no le ha echado ‘no es por un problema de dinero’. Pero acto seguido agrega que Capello, para marcharse, se conformaría con cobrar ‘otro año’. Es decir: cuatro millones de euros más. Sólo por hacer el equipaje.