El Deportivo

“Soy insaciable”

Serena Williams volvió a los primeros planos del tenis mundial

Melburne,
Australia / EFE
La estadounidense Serena Williams se declaró un ser insaciable de victorias, tras ganar su octavo Grand Slam y su tercer Abierto de Australia.
“Sabía lo que quería hacer, porque soy insaciable”, dijo Serena tras humillar a la rusa Maria Sharapova (6-1 y 6-2). “Creo que todavía hay cosas que incluso puedo hacer mejor, y estaba segura de lo que deseaba hacer cuando salí ahí fuera”
Con un vestido blanco, el pelo suelto, y portando su teléfono móvil en una mano y en la otra un sándwich, Serena comenzó su discurso con la copa de campeona al lado. “Disculpad pero tengo hambre, aún no he comido nada”, dijo.
Luego señaló que este triunfo había que colocarlo por encima del resto. “Nunca esperaba perder, porque siempre me mantengo positiva. Por la mañana me levanté y me sentí diferente a cuando gané en Wimbledon. Muy feliz, con mucha confianza, sin nervios”, aseguró.
“He tenido ampollas, he estado enferma, tuve diarrea y alcancé la final, así que me desperté sabiendo que cualquiera que fuera el resultado estaría feliz”, dijo.
Serena señaló que la victoria fue fruto de su agresividad. “Mi padre y mi madre me enseñaron a jugar así al tenis y cuando juego bien es difícil que alguien me gane en el circuito femenino, porque tengo un estilo único, un juego singular. Yo nací para jugar al tenis”, señaló.
“Pero (Maria) Sharapova probablemente se vaya a casa ahora mismo y trabaje para que estas cosas no vuelvan a sucederle de nuevo. Aunque hubiera sido la 775 del mundo, si ella hubiera perdido se iría a casa y se entrenaría lo mejor posible, como yo haría también”, dijo Serena.
“Voy a hacer lo mismo porque sé que alguna jugadora cuyo nombre no es Sharapova, pero que termina en ‘ova’ y tiene 12 años y es de Rusia, o de donde sea, está trabajando duro ahora mismo para estar lista contra mí. Por eso voy a seguir en mi línea”, añadió

Juicios y películas de una campeona
Miguel Luengo
Melburne, Australia / EFE
La estadounidense Serena Williams ha vivido una vida de película, cuyo último renglón se escribió en Melburne, donde ha sido capaz de convertirse en la séptima jugadora en ganar tres veces el Abierto de Australia.
Su madre Oracene no creía en ella. Es más, señaló que la encontraba algo “oxidada”, pero en el espíritu de Serena se mantenía una esperanza, quizás encontrada tras permanecer diez días en Senegal y Ghana con su madre y dos de sus hermanas, mientras Venus se recuperaba de su lesión en la muñeca y darse cuenta de los problemas de esos dos países comparados con su cuenta corriente.
En esa visita Serena dio ‘clinics’, charló con los escolares y participó en una campaña de vacunación. Allí respiró después de haber vivido una de las etapas más duras de su carrera.
En noviembre del pasado año el juicio que se siguió en Palm Beach contra su padre Richard durante dos semanas por incumplimiento de contrato alteró su preparación y la puso al borde de un ataque de nervios. El jurado declaró a Richard culpable de fraude, pero no le castigó y no tuvo que abonar daños y perjuicios por la no realización de una nueva edición de “la batalla de los sexos”.
La idea había sido propuesta por dos promotores privados, Carol Clarke y Keith Rhodes, propietarios de la empresa CCKR, en 2001, y no llegó a realizarse. Ellos aseguraban que habían perdido millones y que Richard les engañó. Sus hijas Venus y Serena declararon que él no era su representante y por tanto no podía decidir por ellas.
Venus nunca tomó parte en la negociación. Así lo determinó el jurado, pero la firma de Serena apareció en un documento relacionado con la exhibición. Ella dijo que era una falsificación, pero el jurado reconoció su participación.
Richard no estuvo en la sala cuando se dictó el veredicto. Sí, en cambio, sus hijas, que, al conocerlo se abrazaron. La exhibición hubiera supuesto unas ganancias cercanas a los 45 millones de dólares para los Williams. No tendrán que pagar pero está prevista una apelación.
Pocos atletas habrían aguantado tanta presión y luego iniciar un regreso como el que ha logrado en Melburne Park, donde entró como la 81 del mundo y salió en el puesto 14, tras destruir a la que se convirtió en reina de nuevo en el circuito femenino, Maria Sharapova. Pero Serena ha encontrado otras cosas fuera del tenis que han forjado su carácter y también su economía. Tiene una marca propia de diseño, Aneres, su nombre al revés, y ha tenido escarceos con el mundo del cine y la televisión.
Así, en febrero de 2001, las dos hermanas pusieron sus voces a un capítulo de la famosa serie televisiva “Los Simpson”, y ahora Serena está involucrada en la producción de una película sobre Althea Gibson, la primera campeona negra (ganó Wimbledon y US Open en 1957 y 58, y en Roland Garros en 1956) en la historia del tenis.
“La historia de Althea fue formidable y creo que ha sido menospreciada. En el US Open tenemos la pista Arthur Ashe y la Louis Amstrong, y después han dado a las instalaciones el nombre de Bille Jean King, que me encanta, pero creo que Althea hizo mucho por la gente como yo por este deporte, y se lo merece”.
Sus contratos siempre fueron escalofriantes, y así en 2001 la firma “AquaClara”, empresa norteamericana encargada de comercializar agua mineral que contiene 800 por ciento más de oxígeno que el agua común, reveló una cifra de 21 millones de dólares para Venus y Serena, sus apoyos.
Cifras para aplacar su adicción a la telecompra, pues Serena admitió en su momento que no es capaz de resistir a la tentación de las ofertas que le llegan por televisión en los hoteles donde se encuentra. Vestidos y envío de flores a sus amigos son su predilección.
Pero toda esa fama se volvió contra ella cuando en 2002 estuvo siendo acosada por un admirador alemán llamado Albrecht Stromeyer, de 34 años.
En septiembre de 2002, durante el US Open, Stromeyer fue detenido cuando seguía un entrenamiento de Serena. El aficionado durmió unas noches en Central Park, y cuando fue interceptado por la Policía dijo: “Vine a ver a Serena para expresarle mi amor y además porque es la mejor de todos los tiempos”.
No era la primera vez que cruzaba un océano para demostrar su pasión por Serena. En febrero de 2002, en un torneo de la WTA en Bélgica, reservó una habitación en el mismo pasillo del hotel en que se alojaba la tenista, e intentó que un entrenador mediara para conseguir una cita. Luego estuvo en un hotel en Scottsdale (Arizona), coincidiendo nuevamente con “su amada”, y le dejó varios mensajes y regalos.
El 3 de marzo Stromeyer fue arrestado por desnudarse frente a la recepción, después de que su petición de ver a la tenista fuera rechazada. Y en mayo fue detenido en un torneo en Berlín tras proclamar su amor cerca de la pista, y también en Roma en el hotel en el que estaba la menor de las Williams. Por último en Wimbledon lo detuvieron en un partido que disputaba la americana después de haberle dicho que la amaba y que nunca le haría daño.
Esos problemas tuvieron su inicio cuando Richard, su padre, utilizó su fama y su evidente trascendencia para quejarse de racismo contra sus hijas. Después fue acusado de “arreglar” un partido entre ambas hermanas en Indian Wells.
Los problemas familiares continuaron con el arresto del hermano de las chicas, acusado de golpear a su esposa. En esta causa, el juez de Palm Beach lo puso en libertad, pero le prohibió acercarse a ella y a sus hijas de 7 y 11 años.
El capítulo más trágico de su vida lo vivió Serena cuando su hermana mayor Yetunde Price fue asesinada el 14 de septiembre de 2003, en Compton, un suburbio de Los Ángeles donde las dos campeonas americanas crecieron.
Edward Maxfield, de 23 años, miembro de la banda que acabó con la vida de Yetunde en un incidente de tráfico, fue condenado a quince años de cárcel.
Serena Williams, que acudió al juicio, señaló ante el juez: “es una desgracia para nuestra familia, que siempre ha sido buena y siempre ha ayudado a la gente”. Hoy, en el día más grande, le dedicó el triunfo a ella.