El Deportivo

Nadie como Throneberry

Clyde Williams se convirtió rápidamente en un ídolo del béisbol casero, y seguramente su nombre será recordado, justo como ocurrió con Marvin Throneberry, el más grande artillero que nos ha visitado

Carlos Alfaro

48 años después se sigue escuchando la misma frase: “Cuando suenan las campanas de la Iglesia El Carmen es porque hubo otro jonrón de Throneberry”.
Aquel trancazo histórico que el artillero del Cinco Estrellas le descargó a Hugo Howell en uno de los desafíos de la campaña 1957-1958 aún es recordado. El tiempo no ha podido borrar de las memorias las hazañas de Marvin durante esa temporada en la Primera Liga Profesional.
“Fue hace mucho tiempo, y sólo recuerdo que fue un cambio de velocidad el que me cazó para mandar la pelota fuera del estadio por el right-field”, recordó Howell de Throneberry, quien antes de venir a Nicaragua ya había vestido el uniforme de los Yanquis de Nueva York en 1955.
Una popularidad insuperable, eso tuvo Marvin… Hubo personas que en toda la campaña siempre presenciaron los desafíos del Cinco Estrellas, con tal de ver al fuerte artillero.
“No era necesario un cuadrangular. Bastaba con sólo ver su swing para que nos deleitáramos con Marvin”, recuerda el ingeniero Bayardo Cuadra, uno de los más fieles seguidores de Throneberry.
En aquella época, cuando Managua era muy reducida y el Estadio era el palacio de la inmortalidad, Marvin con sus 16 cuadrangulares y su liderato de bateo en la campaña 1957-1958 dejó por siempre su nombre marcado en las memorias de los nicaragüenses.
“El arrastre que él tuvo, no sólo era limitado en los varones. Las mujeres, en una época en que eran muy recatadas, se desbordaban por él. Marvin tenía una musculatura única, y su manera de usar el uniforme sin mangas en las camisas hacía que las chicas se derritieran por él”, rememoró Julio César Miranda Aguilar, uno de los principales historiadores del Béisbol Nacional.
La popularidad que alcanzó Marvin no es comparada con la de nadie. Aún cuando el líder de todos los tiempos en una temporada de Béisbol Profesional es el mexicano Felipe Montemayor, del Oriental, con 21 cuadrangulares, el nombre que suena es el del norteamericano
“Hasta una prostituta de la época le decían “la Throneberry”, porque era alta y hermosa como él”, dijo Miranda Aguilar. “En 1959 se hizo una competencia canina en el Estadio y el perro que ganó, un “Gran Danés”, tenía el nombre de Throneberry”, añadió.
“También de Throneberry dijo que su antebrazo era más grande que las piernas de Sucre (Frech). Siempre se engrandeció la imagen de él y eso lo hacía cada vez más popular”, recordó el ingeniero Cuadra.
Luego de descargar 16 vuelacercas y ser líder de bateo en el mismo año, con .344 puntos de promedio, Marvin fue la gran decepción la temporada siguiente (1958-1959), al disparar menos de diez vuelacercas.
Esa temporada fue el año de los 21 jonrones de Montemayor, incluso, hasta Ronny Hansen, del Bóer, con sus 17 cuadrangulares, superó la antigua marca de Marvin.
Pero ninguno de ellos, pese a las estadísticas, causó el impacto de él… Ese año (1958-1959) Marvin reforzó al Bóer, y justo como había actuado en la campaña regular, siguió en la Final.
Su pobre rendimiento, sin embargo, no empañó para nada su imagen y su legado…
El Bóer perdió la final contra el Oriental, que era guiado por la ofensiva de Montemayor, y esa fue la última vez que se le vio a Marvin por Nicaragua.
Cuando se volvió a saber del gran Throneberry fue cuando estaba en las Grandes Ligas, con los Yanquis de Nueva York.
De Throneberry a Williams
Han pasado 48 años y Throneberry aún es recordado. Nadie como él ha alcanzado esa popularidad e inmortalidad en tan poco tiempo… 48 años de ayuno había tenido la afición nica, hasta que nos llegó Clyde Williams.
Después de Marvin, nunca antes alguien había sido principal gestor de llevar al público al Estadio, hasta ahora que lo hace Williams. Es el tiempo de Clyde. Su popularidad no está aún al nivel de Throneberry, pero su nombre podrá ser recordado por mucho tiempo.
Un amigo empresario, dueño de una fábrica textil, sorprendido dijo: “Estoy vendiendo 80 camisas del Bóer diario. Casi un 80 por ciento de las solicitadas son con el número 34 que usa Clyde Williams”.
Williams y sus trece cuadrangulares a lo largo de la campaña lo han convertido en el máximo ídolo de la afición boerista, y en la peor pesadilla para los contrarios, especialmente para el conjunto leonés. “Yo sólo busco cómo hacer mi trabajo. Más que por asuntos personales, mi enfoque es ayudar al equipo.
Me siento feliz de estar rindiendo al máximo”, dijo Williams.
“Cuando está en el cajón de bateo todos están pendiente de lo que pasa”, dijo el gerente general del Bóer, Nemesio Porras. “Hasta los vendedores dejan todo lo que hacen por ver a Williams”, añadió. Sus batazos han enloquecido al público. Quienes no iban al Estadio ahora lo hacen por Williams. Y el fenómeno no sólo es en el Bóer, sino donde quiera que él vaya.
“Él es un gran artillero. Sabe manejar la presión y, sobre todo, tiene la capacidad para echarse al hombro al club”, dijo el mentor Noel Areas.
De Throneberry a Williams. Pasaron 48 años para que viéramos al fenómeno, no sólo actuando en el cajón de bateo, sino fungiendo como un ídolo, por lo que desde ya son inmortales de nuestro béisbol n