El Deportivo

Alí no era un pegador poderoso, pero sí tenía puntería


ESPNdeportes.com
NEW YORK
Cuando se le pide a cualquier persona adulta que mencione a un campeón mundial peso completo, lo más probable es que su contestación sea: Muhammad Alí.
¿Por qué? Hay muchas razones. Pero nadie puede negar que Cassius Clay o Muhammad Alí son dos de los nombres más reconocidos en todo el planeta. Y ambos pertenecen a la misma persona. A uno de los más orgullosos, controvertidos, agradables, inteligentes y determinantes deportistas y religiosos que uno pueda haber llegado a conocer en su vida.
Misteriosamente, Alí desarrolló todas esas virtudes cuando ingresó en una religión de miembros afroamericanos, en un país racista dominado por la raza caucásica y religión cristiana. Su elección religiosa, en combinación con la deportiva, fueron los famosos golpes uno-dos que todavía luchan por derrocar a Alí.
El boxeo es un deporte al que pocos le tienen respeto intelectual porque lo creen brutal. Otros sostienen que es una profesión en la que ingresan jóvenes no cultivados y torpes que carecen de educación académica y/o sapiencia natural. Todos estos ingredientes lo convierten en un deporte trágico. Estos ingredientes, sumados a una religión minoritaria en medio de la América verdadera, no pudieron opacar a los musulmanes negros gracias a Muhammad Alí, su mayor promotor y defensor en los ardientes años del desarrollo.
En la década del 60, el mundo boxístico descubrió a Alí, un jovenzuelo alto y bien parecido que actuaba muy raro, demostrándole al fanático de boxeo que él podía presentar una mala actitud física en el cuadrilátero e igualmente vencer con su función cerebral.
Lo hizo tan obvio que hasta sus propios entrenadores parecían sufrir un desgarre nervioso trabajando en su esquina a principios de su carrera profesional.
Alí fue un boxeador que sabía y entendía claramente qué poderío y qué velocidad eran necesarios para aplicarlos en el momento oportuno... Tenía el poder cerebral para escoger el tiempo y el espacio donde conectar sus más efectivos golpes. Muhammad aprendió muy temprano, que los impactos inesperados siempre hacían daño y que, si aterrizaban en la quijada de su oponente, él caminaría sin peligro hacia una esquina neutral para esperar serenamente que transcurrieran diez segundos antes de que su brazo fuera alzado.
Muhammad Alí siempre fue consciente de eso. Irónicamente, él engañó al mundo entero: fue en contra de esas lecciones básicas de buen boxeo y aplicó recetas que los maestros consideraban erróneas. Por ejemplo, eso de estirar su cintura hacia atrás es una de las equivocaciones más peligrosas que puede ofrecer cualquier pugilista. Todo boxeador sobresaliente se agacha para esquivar ganchos o barre campos o mueve la cintura hacia los lados para evitar ser conectado con jabs y otros golpes rectos. Los entrenadores sobresalientes siempre les advierten a sus pupilos que, bajo ninguna circunstancia, hay que echar la cintura hacia atrás en las cuerdas.
Alí, nos enseñó que eso era cierto. Nunca negó que hacerlo era un riesgo peligrosísimo. Él fue tumbado y lastimado unas cuantas veces debido a esa acción. Pero una vez que ya tuvo detectado el peligro, Alí logró capitalizarlo para engañar sus rivales. Movía su cintura hacia atrás a propósito y cuando su adversario lanzaba un gancho de izquierda hacia su expuesta quijada, el campeón ya iba de camino con un recto de derecha, lleno de velocidad y poder, que ocasionaría una masiva distorsión de los sentidos de su rival.
Alí no era un pegador brutal o poderoso. Él era un pegador de puntería y buen tiempo que conectaba cuando su oponente menos lo esperaba. Como tal, sus golpes eran más sorpresivos y consecuentemente, más efectivos al hacer contacto.
Su gran trabajo fue enseñarle al mundo las características que realmente separaban al campeón del resto. Su trabajo fue tan obvio como emblemático.
Quién sabe cuántos campeones lograron sus metas debido a las lecciones fundamentales de Alí, quien martilló en nuestra conciencia sus auto-elogios tan repetidamente que todos llegamos a admirarlo. El mundo boxístico le debe respeto eterno a nuestro campeón. Una oración y deseos para que se mejore y se restablezca lo antes posible. Es lo menos que debemos pedirle al Señor por el gran Muhammad Alí.

El cumpleaños 65 de Muhammad Alí, el 26 de enero de 2007, es un hecho relevante en el mundo del boxeo profesional.
Después de todo, él ha sido, quizás, el boxeador más grande en la historia de este duro deporte. Y como sabemos, fue el más inusual. Esas y muchas otras particularidades son de un gran interés para los fanáticos del boxeo. Por eso, siempre es interesante recordar su extraordinario pasaje a través de uno de los más atractivos reinados que un deportista haya podido exhibir.
Obviamente, debemos consignar el hecho que Alí sufre de una enfermedad horrible, mejor conocida como el Mal de Parkinson.
Es la misma enfermedad que se llevó a mi padre hace unos años. Y, aunque he tratado con varias personas en esa condición, Alí ha sido el primero y el único boxeador de elite que conozco que se ha visto afectado por esta enfermedad.