El Deportivo

Ty Cobb: el gladiador del terreno

El ídolo de Georgia obtuvo 12 títulos de bateo, tres de ellos con promedios superiores a .400, y conectó cuatro mil 191 indiscutibles

Prensa Latina
Para los amantes del béisbol, Ty Cobb fue siempre el hombre poseído por las furias y que convirtió los terrenos en un verdadero campo de batalla.
A esa conclusión llegaban inmediatamente los rivales de ocasión, pues, ante la vista de todos, el llamado Melocotón de Georgia se afilaba los spikes frente a la cueva para hacer saber al contrario que aquella era una confrontación de vida o muerte.
Cobb no sólo tenía de oponentes a los jugadores del equipo contrario, sino también a sus propios compañeros, porque él quería ser el primero en todo lo que hacía.
Una vez, Cobb, nacido el 18 de diciembre de 1886, se lió a golpes con su compañero de cuarto Nap Rucker en una oportunidad en la cual este último intentó ducharse antes que él.
Esa obsesión por ser el uno en todo le dio brillo a su accionar durante 24 campañas, en las cuales bateó para un altísimo promedio de .367, que se ha mantenido imbatible durante 78 años.
Pero hay más, según el legendario Nap Lajoie, Ty, quien comenzó en 1905 con los Tigres de Detroit, era el analista más avezado del juego y se aprovechaba de cualquier factor psicológico.
Para Lajoie, de origen francés, Cobb “como jugador no era físicamente mejor dotado que los demás, excepto por sus piernas. Lo que más influía en su grandeza era el acucioso análisis de cualquier situación, escogía cualquier punto débil y jugaba para ese punto”.
“En el home podía detectar el mínimo signo de nerviosismo por parte de cualquier hombre al campo y entonces bateaba hacia donde se encontraba para aprovechar cualquier parpadeo o un tiro malo”, agregó Napoleón.
Y agregó: “Cobb utilizaba los nervios de los otros jugadores en beneficio propio. Cuando una bola salía de su bate, ésta no era distinta a ninguna otra, pero Ty tenía el don de hacer pensar a los jóvenes que sus batazos eran diferentes.”
El ídolo de Georgia obtuvo 12 títulos de bateo, tres de ellos con promedios superiores a .400, y conectó cuatro mil 191 indiscutibles, una marca que sólo cedió con el paso del tiempo a los cuatro mil 256 de Pete Rose.
En su fructífera carrera robó 892 bases, 96 de ellas en la temporada de 1915, para establecer una marca que amenazó con superar el medio siglo de vida, hasta que en 1962 Maury Wills se estafó 104.
En 24 campañas se robó en 35 oportunidades el home, una cifra a la cual nadie pudo acercarse aún, además de anotar en múltiples ocasiones desde segunda base, con elevados de sacrificio.
Tan asombrosa era su velocidad en las almohadillas que en 1911 se lanzó al robo de segunda y el receptor Paul Krichell tiró a tercera por si acaso a Ty se le ocurría llegarse hasta allí.
La prensa y los fanáticos la emprendieron con el enmascarado, quien se defendió con una frase inmortal: “Ésa ha sido una de las jugadas más inteligentes que he realizado en mi carrera. Cobb era impredecible”.
Racista hasta lo indecible, Cobb era muy disciplinado en su entrenamiento, en el cual ejercitaba hasta la saciedad el deslizamiento con los spikes por alto para amedrentar al contrario, a pesar de que continuamente sus piernas quedaban en sangre viva.
Sin embargo, a pesar de su juego rudo en extremo, sólo fue expulsado del terreno una vez, quizá porque jugadores y árbitros sabían que una vez terminado el partido tendrían que vérsela con sus puños.
La más nombrada de estas broncas tuvo lugar después de un juego de exhibición en Dallas, en el cual Ty clavó sus spikes a Buck Herzog tratando de llegar a la intermedia.
Poco después Herzog llegó hasta el hotel donde se hospedaba Cobb y lo retó, tal vez con la intención de que éste se amilanara, pero eso nunca ocurrió.
Con muebles pegados a la pared y Eddie Ainsmith como tercer hombre del improvisado ring, ambos hombres se liaron a golpes, y, por una vez al menos, Cobb tuvo que reconocer que un ser humano más pequeño que él (6.1 versus 5.11 pies) le había pegado duro.
Una descripción precisa de Cobb la ofreció Rube Bressler, de los Atléticos de Filadelfia: “Cobb tenía ese terrible fuego, esa fuerza increíble. No era muy querido, pero a él no le importaba. Vivía solo en el cuarto”
Bressler agregó también: “Aunque le hicieron la vida muy dura cuando apareció por primera vez, les dio una lección. Su determinación era fantástica. Nunca vi a nadie como él. Ésta era su base. Ése era su juego. Todo era suyo. El hombre más temido en la historia del béisbol”.
De Ty Cobb, quien falleció el 17 de julio de 1961, siempre habrá que hablar en presente. Su granítica impronta --marcas por delante forjadas con fiera voluntad-- se mantiene incólume a pesar de los añosn