El Deportivo

Ray Sugar Leonard una leyenda viviente


Xavier Araquistain

Primero cautivó al mundo del boxeo aficionado con sus relampagueantes triunfos en ese nivel, que coronó ganando la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1976 en Montreal, Canadá. Y después con su boxeo de primera clase, de movimientos felinos, reflejos increíbles, uso alucinante de sus manos, realizando combinaciones muy rápidas y violentas, ágil, brioso y efectivo, triunfó Ray Charles Leonard, conocido en el mundo del box como “Sugar” Ray Leonard.
Hablar de Leonard es hablar del boxeador más carismático en la historia del boxeo, después de Muhammad Ali. El oriundo de Wilmington, Maryland, debutó el 5 de febrero de 1977 ante Luis Vega, a quien boxeó durante seis rounds y los tres jueces lo vieron ganar por idéntico puntaje de 30-24 en el Civic Centre de Baltimore. Apenas comenzaba a escribir su historia y en su combate número 14 lo midieron al difícil Floyd Mayweather, al que noqueó técnicamente en el décimo round, luego de derribarlo dos veces en el octavo.
Leonard siguió su invicto y cuando sumaba 23 triunfos disputó el título de la Federación Americana de Boxeo (NABF), noqueando a Pete Ramzany en cuatro asaltos. Luego defendería una vez esa corona ante Andy Price y luego le amarraron la pelea titular contra el boricua Wilfredo Benítez, vencedor del colombiano Kid Pambelé, y en un gran combate, Leonard batalló 15 rounds hasta noquear a Benítez en la última vuelta, para coronarse monarca de las 147 libras, versión CMB, el 30 de enero de 1979.
Su carisma, su fama, su calidad, movían multitudes y luego de defender ante Dave Green, a quien noqueó en cuatro vueltas, se montó la pelea contra el panameño Roberto “Manos de Piedra” Durán en el Estadio Olímpico de Montreal, el mismo escenario que lo había visto coronarse en aficionado con medalla de oro. Eso sucedió el 20 de junio de 1980 y Leonard decidió olvidarse de sus grandes cualidades de boxeador rápido y escurridizo, y decidió fajarse con el “tapudo” de Durán que le había dicho muchas cosas.
Fue una lucha sin cuartel y el recorrido de los 15 rounds fue una gran exhibición de box, pero al final Leonard caería en las tres tarjetas de los jueces. Harry Gibbs marcó 145-144, Angelo Poletti 148-147 y Raymond Baldeyrou 146-144, para perder su invicto y la corona de las 147 libras.
La revancha se montó muy rápido, pues muchos opinaban que Leonard había ganado y otro tanto se inclinaba a que un empate era lo más salomónico; pero ante la derrota, se dio la revancha el 25 de noviembre del mismo año, 1980, y el Súper Domo de Nueva Orleans fue el escenario. Leonard utilizó su mejor boxeo esta vez, golpeó a su gusto y antojo y enloqueció a Durán, quien superado y desesperado por no poder alcanzar al habilidoso Sugar Ray, decidió abandonar al sentirse incompetente de poder detener la movilidad de Leonard y de no poder evitar el golpeo. Durán inventó que le dieron calambres en el estómago, pero en realidad Leonard “lo acalambró” y se rindió.
De esa manera recuperaba su corona y después de defenderla una vez ante Larry Bonds (KOT en 10) decide dar el salto a la categoría superwelter (154 libras), y reta al ugandés Ayub Kalule, a quien apodaban “La Bestia”. En trepidante combate, Leonard termina noqueando técnicamente en la novena vuelta y gana su tercer título, ahora en una segunda categoría y la versión AMB.
El 16 de septiembre de 1981 unifica coronas AMB-CMB, enfrentando al noqueador de Pipino Cuevas, Tommy Hearns, y ambos dan un espectáculo en el cual Leonard saca todas sus reservas para apuntarse un nocaut técnico en el round 14, cuando Hearns dominaba el pleito en las tarjetas. La revista Ring Magazine declara esa reyerta como la “Pelea del Año”. Así, Leonard agrega una cuarta corona, siempre en dos categorías.
Expone sus diademas una vez ante Bruce Finch y lo resuelve en tres rounds. Leonard por sus cualidades, su fama y la gran fortuna que ha comenzado a amasar, se toma un descanso de casi tres años y cuando decide regresar es para retar al espectacular campeón mediano Marvin Hagler, cuando ya las peleas de campeonato han sido reducidas a 12 rounds en lugar de los tradicionales 15 asaltos.
En un “peleón” que causó mucha polémica, Leonard en un cierre espectacular en el round 12, logra llevarse una decisión dividida, que Hagler y su gente protestan en el Caesars Palace, de Las Vegas, y obtiene su quinta corona en tres categorías. Hagler opta por el retiro y hace bien, pues nunca más regresó como muchos peleadores.
Súper mediano y ligero pesado
Leonard entra en un ritmo de una pelea anual y para el 7 de noviembre de 1988 montan un espectáculo y dos títulos en oferta, pues además de disputar el título vacante de las 168 libras OMB también opta a la corona Ligero Pesada que poseía el canadiense Danny Lalonde, un espigado peleador canadiense que le llevaba ventajas en estatura y alcance, además de que era poseedor de buena pegada.
Nuevamente en el escenario del Palacio de los Césares de Las Vegas, Leonard brinda una gran exhibición de agallas y temeridad, liquida a Lalonde en nueve rounds y obtiene sus coronas seis y siete en cinco categorías diferentes. Leonard fue un verdadero “showman” y es considerado uno de los más grandes boxeadores en la historia.
En junio de 1989 expuso su corona OMB de las 168 libras ante Tommy Hearns, dándole la revancha y apuradamente la logra retener con un empate, pues el juez Jerry Roth vio ganar a Hearns 113-112, Tom Kaczmarek a Leonard 113-112 y Dalby Shirley la dio nivelada 112-112. Leonard fue derribado en los rounds 3 y 11, y aún así consiguió el empate que muchos consideraron como regalado.
Leonard decide pelear una tercera ocasión contra Roberto Durán y el combate se da en las 168 libras en diciembre de 1989 en el hotel Mirage, de Las Vegas. Leonard se lleva una decisión unánime en 12 asaltos y decide retirarse. Todos sus fans aceptan su retiro con pesar, pero lo que muy poca gente sabe es que Leonard ya estaba enviciado en las drogas, especialmente en el consumo de cocaína y alcohol. Su vida se complica, se divorcia de su esposa Juanita y cae muy bajo en el mundo de las drogas.
En medio de grandeza, la gente que conoce sobre sus problemas lo protege al no hablar del tema, del cual el propio Leonard confesaría una vez retirado y regenerado de sus adicciones. ¡Ah! Si Leonard se hubiese mantenido en el retiro. Pero en febrero de 1991, ya con problemas económicos, porque en el bacanal todo se acaba, decide regresar con muy malas condiciones y comienza a prepararse nuevamente.
Y sin hacer méritos, le consiguen una pelea directa contra el campeón mundial de las 154 libras del CMB de ese momento, el también norteamericano Terry Norris, quien públicamente confiesa que Leonard ha sido su ídolo y su fuente de inspiración para meterse al boxeo. El 9 de febrero de 1991 se convierte en una fecha triste, pues Norris apalea a Leonard, quien llegó en una condición muy lamentable respecto a la de sus años anteriores.
Después de lucir lento, fuera de distancia y superado en todas las líneas por el joven Norris, Leonard es superado por puntajes de 119-103, 120-104 y el más piadoso la vio 116-110. El gran Sugar Ray cae dos veces, una en el segundo y la otra en el séptimo. “Si no se le hubiese ocurrido regresar”, decían sus seguidores, casi todos los amantes del box en el mundo.
Pero aún faltaba más. El 1 de marzo de 1997, Sugar Ray Leonard decide hacer un segundo regreso a los 40 años y con un título inventado de la IBC (¿?), decide enfrentar al boricua Héctor “Macho” Camacho, de 34 años, en las 160 libras y es noqueado técnicamente en cinco rounds, dando lástima, por lo que el referee decidió parar el desigual combate.
Ese fue el fin de Leonard. Realizó dos últimas peleas para dar lástima y opacar su grandeza, dejando una triste e ingrata impresión en la memoria de todos los que le seguimos, porque su carrera fue tan gloriosa como electrizante. Sus actuaciones lo engrandecieron porque llegó al boxeo a llenar el gran vacío que Muhammad Ali había creado cuando se retiró definitivamente en 1981.
Leonard fue el Alí de las divisiones ligeras, fue un hombre espectáculo, quien vistió calzonetas cortas y guantes vistosos. Sus vestimentas incluían sombreros de copa con los colores de la bandera de su país e imitaciones de frac rayados para subir al ring. Al igual que Sugar Ray Robinson, Sugar Leonard podía deslumbrar por su boxeo o atraer por su versatilidad, y lo demostró pelea tras pelea, venciendo a los más grandes peleadores de su generación, como Benitez, Durán, Hearns y el “Maravilloso” Marvin Hagler.
En restrospectiva, Leonard realizó 40 combates entre 1977 y 1997, ganando 36 veces, 25 de ellas por nocaut, perdió tres combates y empató en una ocasión. ¡Ah! si no se le hubiera ocurrido regresar para las dos últimas peleas, la grandeza de Leonard sería reconocida mucho más. Si sólo hubiese sido lo suficientemente inteligente para no regresar a esas dos últimas peleas. Sin duda, Leonard, después de Alí, es el más grande de los pesos ligeros.