El Deportivo

Le regresó el fuego a Leyland


Jim Leyland y Chuck Tanner se sentaban juntos casi todas las noches de verano por seis temporadas mirando a los Piratas jugar, dos managers ganadores de Series Mundiales hablando de béisbol y disfrutando el juego mientras trabajaban como escuchas.
A mitad de la temporada 2004, Tanner notó un cambio en la actitud de su amigo. Era evidente que Leyland ya no estaba contento con sólo mirar y criticar. El dos veces electo como Manager del Año de la Liga Nacional quería correr un equipo nuevamente.
“Él y yo hablamos en confianza muchas veces, y me dijo, ‘Estoy listo para volver. Estoy ansioso por volver,’”, dijo Tanner mientras se preparaba para ver a los Tigres de Leyland jugar ante los Atléticos de Oakland en la Serie de Campeonato de la Liga Americana. “Le dije: ‘Tú eres el mejor manager que no está en el béisbol --y mejor que muchos que sí lo están’”.
Leyland, quien inició su carrera en el béisbol como receptor de liga menor para los Tigres, llevó al título de la Serie Mundial de 1997 a los Marlins de Florida, y logró tres títulos de División para los Piratas en una carrera que duró de 1986-99.
Pero cansado, emocionalmente agotado y desgastado por estar lejos de su hogar en Pittsburgh, Leyland se retiró de su trabajo con los Rockies de Colorado tras apenas una temporada allí en 1999. Dejó atrás un contrato de millones que nunca cobró, el contrato más grande otorgado a un manager hasta ese momento, y dijo que nunca volvería a manejar un equipo. Eso finalmente cambió cuando tomó las riendas de Detroit en octubre de 2005, reemplazando a Alan Trammell.
Mientras estuvo alejado del juego, Leyland no parecía estar extrañándolo mucho. Disfrutó ver crecer a sus hijos Patrick, de 15 años, y Kellie, de 13. También vio juegos como escucha de los Cardenales de San Luis, pero su único vínculo con el juego fue ayudar a entrenar al equipo viajero de su hijo.
Leyland recibió en ocasiones llamadas de equipos que buscaban un manager, pero le dijo a los periodistas en 2003: “No pienso regresar. Tienen que estar locos para pensar que podría regresar”.
Pero en menos de un año, cambió de pensar. Buscó activamente ser nombrado manager de Filadelfia tras la temporada 2004, pero el entonces gerente general, Ed Wade, escogió a su asistente especial Charlie Manuel. Un decepcionado Leyland regresó a ser escucha.
Cuando los Piratas despidieron al manager Lloyd McClendon en septiembre de 2005, Leyland esperaba regresar a la novena que había dejado hace nueve años, durante una purga salarial que surgió años después que el grupo de Bonds-Bonilla-Van Slyke se rompiera. Los Piratas todavía no tenían una gran nómina, pero le gustaba la media docena de novatos que había subido al equipo grande, y sentía que ellos estaban listos para ganar nuevamente.
Justo cuando él se sentía listo para volver a manejar un equipo.
“El fuego regresó”, dijo. “Tiene que estar ahí para que yo pueda hacer las cosas de la manera que hay que hacerlas”.
Aun cuando Leyland iba a ese estadio casi todas las noches, los Piratas no contactaron al hombre que claramente era el premio mayor entre los managers que estaban disponibles en el mercado. Para el tiempo en que el gerente general de los Piratas Dave Littlefield, quiso llamarlo para concertar una entrevista al finalizar la temporada, ya Leyland estaba en camino a Detroit para hablar con su ex gerente general con los Marlins, Dave Dombrowski.
Dombrowski sintió la necesidad de apurarse porque sabía que muchos equipos querían hablar con Leyland. Pero el equipo donde realmente Leyland quería estar había mostrado poco interés, posiblemente porque los Piratas ya habían arreglado un acuerdo con el ex manager de los Dodgers, Jim Tracy.
A pesar de subir en el sistema de fincas de los Tigres como receptor y manager de liga menor, Leyland nunca había dirigido en la Liga Americana antes de hacerse cargo de los Tigres. Pasó la temporada muerta conociendo a su personal, un cuerpo de lanzadores que incluye destacados brazos jóvenes como los abridores Justin Verlander y Jeremy Bonderman, y el relevista Joel Zumaya.
Durante las actividades del equipo en el invierno, Leyland observó las presentaciones de los peloteros. Observó y se dio cuenta en su mente de cuáles eran sinceros y hablaban de corazón, y cuáles no lo eran. Quería saber de los jugadores con los que podía contar.
Para el mes de marzo era real para los visitantes del campamento de los Tigres que se respiraba un aire diferente, un aire de confianza en un equipo que hacía apenas tres años habían perdido 119 juegos. Durante la mayor parte de la temporada regular los Tigres tuvieron el mejor récord de las Grandes Ligas.
A pesar de la caída que les costó el título de la División Central de la Liga Americana en el último día de la temporada, el equipo de los Tigres, que hacía un año había perdido 91 juegos, este año ganó 95. ¿Y esos Piratas que Leyland quería manejar si le daban la oportunidad? Perdieron 95 partidos con su nuevo manager, la misma marca del año anterior.
Tanner miró desde lejos cómo Leyland de forma experta energizó su rotación de lanzadores y maximizó su talento. Era obvio para Tanner que “ellos creen en él”
“Para mí, él es el Manager del Año --en ambas ligas-- y el Jugador Más Valioso”, dijo Tanner. “¿Cómo puede ser él el JMV? Él no batea ni fildea, pero es él quien ha juntado todos los elementos, el que hace que los muchachos produzcan, el que logra que hagan bien las cosas. Él es el mejor”.

Tigres de Detroit en postemporada
AÑO SERIE RIVAL RESULTADO
1907 World Series Chicago Cubs Pierde, 0-4
1908 World Series Chicago Cubs Pierde, 1-4
1909 World Series Pittsburgh Pirates Pierde, 3-4
1934 World Series St. Louis Cardinals Pierde, 3-4
1935 World Series Chicago Cubs Gana, 4-2
1940 World Series Cincinnati Reds Pierde, 3-4
1945 World Series Chicago Cubs Gana, 4-3
1968 World Series St. Louis Cardinals Gana, 4-3
1972 AL Championship Series Oakland Athletics Pierde, 2-3
1984 World Series San Diego Padres Gana, 4-1
AL Championship Series Kansas City Royals Gana, 3-0
1987 AL Championship Series Minnesota Twins Pierde, 1-4