El Deportivo

La hazaña de Heriberto Nicolás


Sergio Aguirre

Llevando un álbum bajo su brazo, el cual después nos mostró con merecido orgullo, aunque luego se transformó en melancólicos recuerdos, el otrora corredor de calidad incuestionable en sus tiempos y los actuales, el atleta Heriberto Nicolás, muestra con nostalgia las fotos amarillentas, pero bastante conservadas, que hablan por sí solas de sus inobjetables triunfos obtenidos en los años 50 en las agotadoras pruebas de fondo de la disciplina del atletismo.
Surgido de una familia humilde, Heriberto Nicolás inicia su carrera deportiva en 1955 en el colegio Bautista, donde estudiaba becado. En ese entonces practicaba y corría los 800 y mil 500 metros planos en los días de pista y campo, los “Field Days” bastante frecuentes en ese centro escolar, y luego, en eventuales competencias intercolegiales y en una olimpíada juvenil nacional. Cabe señalar que siempre dominó de forma inobjetable a sus adversarios en cada una de esas categorías.
Sin embargo, no fue sino hasta el 14 de septiembre de 1956, fecha en que además de celebrarse en el país un aniversario más de la Batalla de Jacinto y luego, el Día de la Independencia, también se festejaba el Centenario en que Managua fuera elevada a capital de la República, eso hizo que la carrera como atleta de Heriberto Nicolás tuviera su verdadera iniciación, y también su reto más importante.
“Las autoridades del Ministerio de Educación de esa época, en ocasión de la celebración del Centenario de haber sido nombrada Managua capital del país, deciden realizar el primer maratón, denominado “San Jacinto”. Hicieron la convocatoria nacional, en especial a los colegios que en ese tiempo eran los que llevaban la batuta en el deporte para que participaran en el evento”, recordó Nicolás.
La convocatoria fue abierta y en una sola categoría. La carrera se realizó del monumento a Andrés Castro, en la Carretera Panamericana, y concluyó en la Plaza de la República. Todo el recorrido fue de 43 kilómetros, y no de 42.195 kilómetros como está establecido, porque como un tramo de la carretera hacia Tipitapa estaba cortado por la crecida del río, los corredores tuvieron que dar la vuelta buscando el puente viejo de Tipitapa.
“Del colegio Bautista participamos dos, Wilfredo Gutiérrez, quien finalmente ganó el maratón, y yo, que con 19 años y cursando el quinto año de bachillerato, quedé en segundo lugar a sólo unos segundos de diferencia. Recuerdo que de 37 corredores que salimos, únicamente llegamos 18 a la meta”, manifestó.
Hazaña sin igual
Nicolás cuenta una hazaña nunca vista en Nicaragua y tal vez en todo el mundo. En diciembre de 1956, después del maratón, participó en las Olimpíadas Nacionales, en las que ganó cinco primeros lugares, pero sobre todo en tres competencias que actualmente resultaría difícil ganarlas en un período de 30 horas, y que internacionalmente no se programan, como son los mil 500 metros, cinco mil metros y 10 mil metros planos.
“Resumiendo, el cuatro de diciembre de ese año a las ocho de la mañana participo en la carrera de cinco mil metros, impongo un récord nacional de 17.11 minutos. A las diez de la mañana, corro en los mil 500 metros y gano la carrera; al día siguiente, a las diez de la mañana, se corre por vez primera en Nicaragua la categoría de 10 mil metros y también la gano.
En un término de cuatro horas después, participé en dos pruebas de ciclismo y me llevé el primer lugar en cada una de esas pruebas, para totalizar las cinco medallas de oro”, resaltó.
De igual forma, recordó que un mes antes en esa competencia, en noviembre de 1956, en el colegio Bautista, centro escolar en el que se estaba bachillerando, había ganado el primer lugar en los 800 y mil 500 metros, añadiendo con mucho orgullo, pero a la vez con humildad, que “esas categorías fueron las tradicionales en las que siempre competí y que por ley ya me pertenecían”.
Precisamente, ese comentario lo llevó a acordarse de la enconada rivalidad que existía en ese tiempo entre el colegio Bautista y el Instituto Ramírez Goyena, cuyos atletas los llegaban a visitar los días que el centro escolar donde estudiaba organizaba los “Días de Pista y Campo”, “mientras que después nosotros le respondíamos las visitas cuando ese instituto realizaba sus célebres Olimpíadas Nacionales”, comentó.
“Las luchas eran feroces -–evocó Nicolás-;- tan es así que en las competencias de atletismo donde participé siempre eran seis corredores, tres del Bautista y tres del Ramírez Goyena, y el reto de los competidores siempre fue que uno de los dos centros escolares se quedara con los tres primeros lugares, algo que nunca ocurrió, pero puedo afirmar que nuestro colegio casi siempre arrollaba en esas competencias”.
Un aspecto importante que Heriberto trajo a colación fue que en ese tiempo las competencias eran muy concurridas por los espectadores, más cuando se realizaban en el Estadio Nacional.
“Las localidades se llenaban de bote en bote, era algo fabuloso observar de 15 a 20 mil personas presenciando estos Juegos, en donde el Gobierno no participaba en nada.
Eran promovidos por el colegio Bautista, el Ramírez Goyena, los Hermanos Cristianos, el Colegio Centroamérica, el Pedagógico, la UNAN, el Instituto de Masaya, entre otros”.
Agregó que todos los antes mencionados eran los que organizaban, patrocinaban, asumían sus gastos y esos eventos eran todo un éxito.
“Ahora, lamentablemente, todo eso se ha perdido, y lo que es peor, el Gobierno sigue sin meterse.
El único destello de apoyo real al deporte se vio en a los años 80, pero después esa ayuda fue retirada, y la empresa privada parece no tener mucho interés de involucrarse en esta misión”.
Sobre la calidad de los atletas de aquel tiempo, valoró que pudo ser mejor, pero las condiciones en que se corría en el Estadio eran infames, tan desastrosas como tortuosas, ya que la parte de tierra en la que se practicaba y se hacían las competencias, para que no se levantara polvo, le echaban hormigón, y sobre ese rudo material participaban los atletas con zapatos no aptos para ese tipo de terreno.
“Con una pista de tartán como la que existe ahora, se hubieran implantado récords más difíciles de tumbar, incluso algunos pudimos hacer mucho más allá de nuestras fronteras”.
Actualmente Heriberto Nicolás es un ingeniero industrial, graduado en México, con esposa y dos hijos, propietario de una pequeña empresa que tiene la esperanza de que Nicaragua, y sobre todo su juventud, vuelva a los tiempos en el que practicar deporte más que un entretenimiento era una responsabilidad alimentada con disciplina y distinción.
El pequeño titán
La hazaña de Heriberto Nicolás recientemente cumplió 50 años y no aparece registrada en la historia del atletismo nacional, cuya federación se fundó en 1964. La marca de 17.11 minutos de Nicolás en los 5 mil metros fue mejor que la de Salvador Paiz (18:00.4), quien fue el primer campeón nacional de esa distancia. Aunque después el registro se ha ido mejorando, todavía se considera competitiva ante la falta de fondistas de calibren