El Deportivo

Padilla, el útimo de 200 jonrones

El artillero Ramón Padilla regresó a casa para forjar nuevos valores y dedicarse a la pesca artesanal

En la historia de nuestro béisbol, sólo cuatro bateadores se han dado el lujo de alcanzar más de 200 jonrones en su carrera. Ernesto López encabeza la lista, seguido de Próspero González, Ariel Delgado, y el último en conseguirlo fue el rivense Ramón Padilla, quien tuvo sus mejores épocas con el uniforme de los Indios del Bóer, y prueba de ello es que en la temporada de 1993, logró conectar 36 jonrones, quedándose a seis de la marca de todos lo tiempos que impuso el “Tiburón Mayor” Ernesto López, en 1978.
En la temporada 2002-2003 Ramón se despidió del béisbol, jugando inicialmente con el Chinandega, pero terminó vistiendo el uniforme de Estelí. Al concluir su carrera de 19 años en la Primera División, Ramón se despidió con 213 jonrones, que lo ubican como el cuarto mejor jonronero de nuestro pasatiempo favorito y es superado únicamente por los 319 de Ernesto López, los 250 que hasta el momento lleva Próspero González y los 235 de Ariel “Panal” Delgado.
Pero además de pertenecer a este reducido grupo de aporreadores de pelotas, Ramón es parte de los bateadores de más de mil hits, ya que en sus dos décadas que dedicó al béisbol logró llegar a 1,176 imparables. Además, es uno de los siete peloteros de más de mil hits, más de 100 jonrones y 100 bases robadas.
Ramón, quien es hijo de una humilde pareja de la comunidad de La Virgen, llegó a la Primera División en 1985, y la oportunidad se la dio el equipo Frente Sur Rivas.
Desde su llegada mostró su casta tanto bateando como patrullando el jardín derecho, desde donde mostraba su fortaleza en su brazo, para infundir el respeto de los corredores.
Con el tiempo fue sacando sus garras y tras ser el máximo jonronero en la campaña en 1989, la directiva del Bóer le hizo una buena oferta para llevárselo al campamento indio.
Según Padilla, él se fue a jugar con el conjunto capitalino porque económicamente le aseguraban un mayor ingreso. “Pero a la vez le quería dar el gusto a mí papá Emilio Padilla, de verme jugando con el Bóer, porque él es boerista”, explicó Padilla en el patio de la casa de su papá, ubicada en La Virgen.
Con el Bóer, Ramón disfrutó de los títulos de 1995, 1996 y 1998, pero su gran año fue la temporada de 1993, donde en cada juego mantenía encendida a la fanaticada india por sus constantes jonrones.
Ese año bateó para .335, conectó 119 hits, empujó 99 carreras, anotó 91, pero dejó la magnífica marca de 36 jonrones, la tercera máxima cifra de todos los tiempos aquí, superada sólo por los 41 y 42 de Ernesto López en 1977 y 1978. No obstante, al final de la década su rendimiento fue decreciendo y el Bóer lo dejó en libertad, y fue así que fue a dar al Chinandega y luego a Estelí.
Para Ramón, una de sus fechas memorables fue su arribo a los mil imparables. “Esa oportunidad la tuve jugando para el Rivas en el año 2000, y ese mismo día, mi hermano Alberto también alcanzó esa cifra. Eso es algo inolvidable”, comentó.
Con la selección, dice que sus mejores hazañas fueron el jonrón que le pegó a China Taipei en extrainning y que sirvió para que Nicaragua ganara medalla de bronce en la Copa Intercontinental de 1991, ya que con su trancazo dejaron tendido al equipo asiático en el inning 13. A la vez, se le hace imposible olvidar el jonrón que pegó contra Australia en los Juegos Olímpicos de Atlanta.
Según Ramón, sus logros como bateador de largo metraje se los debe a su disciplina, “ya que yo me levantaba a las cinco de la mañana a correr, y a las nueve ya estaba en el estadio en las prácticas y corriendo con pesas. Además, César Jarquín me ayudó en mucho en cuestiones técnicas”, explicó.
Después de su última temporada, Ramón se marchó hacia Costa Rica, donde militó en el béisbol de ese país.
Posteriormente se fue a trabajar a los Estados Unidos, pero ya a sus 40 años regresó recientemente a la comunidad que lo vio crecer y en la cual la familia Padilla se ha caracterizado por su pasión al béisbol, y eso es lo que quizás está motivándolo a dedicarse a forjar nuevos valores. Y es que según Ramón, en la comunidad de La Virgen, situada frente a las costas del lago Cocibolca, hay entre 20 y 25 chavalos “que tienen talento para el béisbol, y yo tengo tiempo y la capacidad para instruirlos, y si ellos tienen el deseo de aprender, varios pueden llegar a la Primera División”, comentó.
A la vez indicó que en esta nueva fase de su vida, se dedicará a la pesca artesanal para subsistir de esta actividad económica, y por ello pretende establecerse definitivamente en La Virgen e instalar un local, confiando en que el alcalde de Rivas, René Martínez, lo apoye con un lote de terrenon