El Deportivo

Rocky Marciano, inmortal del boxeo

Quería ser pelotero, pero la necesidad económica lo empujó al boxeo, donde nadie pudo derrotarlo

Prensa Latina
El boxeo mundial evoca el fallecimiento del estadounidense Rocky Marciano, abrazado a la inmortalidad como uno de los mejores superpesados de la historia por su demoledora pegada e indomable coraje.
Marciano murió el 31 de agosto de 1969, cuando la avioneta Cessna piloteada por su amigo Glen Belz se estrelló cerca de Newton, Iowa, víspera de cumplir los 46 años (nació el 1 de septiembre de 1923 en la ciudad de Brockton, estado de Massachussets).
Pese a una estatura pequeña (5.10 pies) y un peso promedio muy bajo para su división (185 libras), el norteamericano tejió una de las leyendas más impresionantes del pugilismo profesional.
“La bomba de súper demolición de Brockton”, como apodaban a Marciano, ganó 49 combates (43 de ellos antes del límite) sin la sombra de un revés y mantuvo la corona mundial desde 1952 hasta su retiro en 1956.
El estadounidense derrotó a adversarios de la talla de Joe Louis, Jersey Joe Walcott y Ezzard Charles, más grandes y rápidos que él, gracias a su precisión, consistencia e inteligencia sobre el ring.
Además, su capacidad para asimilar asalto tras asalto todo tipo de golpes y no rendirse nunca hasta destrozar al contrario de una trompada letal atemorizó a más de uno y aún despierta comentarios entre fanáticos y especialistas.
Rocco Francis Marchegiano, “Rocky Marciano”, hijo de inmigrantes italianos que llegaron a Estados Unidos a principios del siglo XX, creció fuerte y saludable, y con un sueño: ser pelotero.
Su pasión por el deporte lo llevó a ejercitar su cuerpo desde pequeño, aunque la falta de recursos (debió trabajar como zapatero) lo apartó del béisbol y lo inclinó al boxeo en 1943, cuando estaba enrolado en el Ejército.
En sus dos primeros combates como aficionado ante Henry Lester y Joe De Angelis perdió por descalificación y puntos, y se fracturó la mano derecha.
Sin embargo, su espíritu indoblegable y afán de triunfar lo mantuvieron vinculado al pugilismo, después de terminar la vida militar y abandonar sus labores de zapatero.
En 1947 debutó como profesional por todo lo alto, con un triunfo por nocaut en el tercer asalto ante Lee Epperson, un peleador más pesado y alto que él.
Un año después registró 11 peleas y ganó 10 por KO, ocho de ellas en el primer asalto, para mantener su impecable paso en 1949 y 1950, cuando triunfó en 13 (11 por K.O) y siete, respectivamente.
El salto a la fama lo dio ante el estadounidense Roland LaStarza, un joven de origen italiano, en el Madison Square Garden de Nueva York el 24 de marzo de 1950 frente a 13 mil 658 personas.
LaStarza llegó al duelo invicto, luego de 37 presentaciones, pero Marciano consiguió derrotarlo con decisión dividida, después de una auténtica batalla.
En 1951, Al Weill, preparador de Marciano, lo mantuvo entrenando hasta julio para comenzar el camino hacia la disputa del título mundial, con éxitos ante Rex Layne en seis rounds, Freddy Beshore (cuatro) y Louis (nueve).
Con la victoria ante el mítico Louis sepultó las esperanzas del ex monarca universal (1937-1949) de regresar a los cuadriláteros, tras 27 meses de retiro.
Ante la caída de su ídolo de la juventud, el futuro campeón mundial no festejó y fue uno de sus grandes amigos. Louis murió en 1981, totalmente olvidado y arruinado por aquellos que lo aplaudieron e hicieron fortuna con él.
Contrario al hábito del boxeo profesional, Marciano ayudaba a sus rivales después de noquearlos, los animaba para reponerse del revés, trataba de confraternizar con ellos y evitaba humillarlos o burlarse de ellos en público.
El momento culminante en la carrera de Marciano llegó el 23 de septiembre de 1952 ante Walcott, el monarca universal más viejo hasta ese momento en los superpesazos, entonces con 38 años.
En una memorable pelea, el natural de Brockton noqueó al defensor en el décimo-tercer y último asalto para conquistar el título del orbe y salvar un combate que hasta ese momento perdía en las cartulinas de los jueces.
Ocho meses después Walcott intentó recuperar la corona, pero esta vez cayó fulminado por un derechazo en el primer round.
Tras este resonante triunfo defendió con éxito el título en seis ocasiones entre 1953 y 1955.
Poco después de su retiro en 1956 y ya convertido en una verdadera leyenda del boxeo mundial, contribuyó a la promoción del deporte en un programa de televisión que condujo por un año.
Pese a su técnica rudimentaria, con signos de mala coordinación y balance, Marciano llenó con su atrevida personalidad y fortaleza física la época dorada del boxeo mundial