El Deportivo

¿Dónde están los relevos?

El béisbol de Colombia y Nicaragua adolece la falta de promoción de peloteros por problemas en la dirigencia y falta de apoyo gubernamental

Martín Ruiz

Una mañana del año 2000, en una conferencia de prensa en el INJD, Carlos García anunció con mucho optimismo que para el torneo Premundial de Panamá podríamos presentar uno de los mejores equipos de todos los tiempos, principalmente por la gran cantidad de peloteros que estaban firmados en el béisbol organizado.
Ya estaban abiertas las puertas a los profesionales, y empezamos a soñar. Todo mundo tomaba nota de los posibles miembros del súper staff de pitcheo, en el que estarían Vicente Padilla y hasta el mismo Denis Martínez, quien comentaba que podría sacar algunos outs; se pensó en Oswaldo, Raudez, así como en Marvin Benard, Juan Muñoz y otros firmados.
Sin embargo, ese sueño se frustró. Sólo se reportó Oswaldo Mairena. Otros desistieron y algunos ni se reportaron.
Desde entonces, esa ha sido una constante, no se ha podido incorporar a muchos de esos talentos profesionales y se ha tenido que recurrir a los peloteros que han recibido su “release” y se mantienen jugando en nuestras ligas, donde no evolucionan por las limitaciones existentes.
Y desde que están los profesionales, así como el bate de madera, hemos retrocedido posiciones en los torneos oficiales. Fuera de los Juegos Centroamericanos, nuestros mejores resultados han sido en los torneos clasificatorios, como el Premundial del 2000 en Panamá, en que fuimos segundos, y un tercer lugar en el torneo de Arizona el año pasado. Fuimos cuartos en los Centroamericanos y del Caribe de San Salvador en 2002 y en los Panamericanos de 2003, dos sextos y un noveno lugares en los Mundiales, y no nos invitan a las Copas Intercontinentales. En Cartagena ocupamos un octavo lugar.
Esa falta de resultados, así como la pérdida de calidad en la liga local, ha provocado una serie de demandas dirigidas al cambio en las estructuras de Feniba, que exista un proyecto de desarrollo para los peloteros jóvenes, y también se exige que el Gobierno se interese más por respaldar al béisbol, que es el principal deporte de Nicaragua, el único que nos brinda resultados y altas satisfacciones.
En Cuba, el equipo nacional compite con más corazón que otros conjuntos que tienen las debidas atenciones. Cada victoria la saboreamos como una gran conquista, abrazamos los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro y se peleaba por el pase al Mundial de Taiwan el próximo año.
Este debe ser la última Selección para un fuerte grupo de peloteros, unos por edad, otros por rendimiento. El conjunto que nos representa tiene un promedio de edad de 29.42 años. Sólo se tiene a tres peloteros menores de 20 años, que son Ariel Saldaña, Gilton Calderón y Danilo Álvarez, este último desafortunado por enfermarse desde que llegó a Cuba y no mostró sus cualidades. Hay dos de 20 a 25, seis de 25 a 30. La mayoría está entre los 31 y 35 años, con once, mientras Eddy Talavera cuenta con 39 años y Asdrudes Flores con 45.
Es necesaria la renovación del equipo, con jugadores con cualidades que puedan conseguir los excelentes resultados que se tuvieron a lo largo de los años 90. El asunto está en encontrar a esos peloteros, y que den los ansiados resultados.
La respuesta está en los jugadores que están firmados. Ahí están Ofilio Castro, Mario Holmann, Ronald Garth, Walter Sevilla, Manuel Centeno, Renato Morales y un fuerte grupo de lanzadores, como Mario Peña, Norman López, Douglas Argüello, Luis Obando, Wilder Rayo, Luz Portobanco, Gonzalo López, Rafael Fletes, Omar Reñazco, Errol Lampson, William Juárez, Devorn Hansack.
Desafortunadamente, esos jugadores están en campaña en estos momentos y no los prestan al equipo nacional. Hay otros que no están disponibles, como Gonzalo, que ha tenido múltiples lesiones y ha sido intervenido quirúrgicamente; Juárez abandonó a los Dodgers y Hansack está sancionado por la IBAF por dopaje.
De otro fuerte grupo de jugadores jóvenes, unos no se incorporaron, otros están lesionados, y terceros están proscritos por asuntos de disciplina. Entre todos ellos están Edgar López, Jimmy González, Eduardo Romero, Freddy Chévez, Kenly Chang, Reymundo Leytón, Sergio Mena, Norman López, Olman Rostrán, Darrell Walters, Juan Oviedo. De los de experiencia figuran Aníbal Vega y Marlon Abea.
Fuga de talentos
Feniba ha fallado en el trabajo con el béisbol menor, y principalmente con el juvenil, por lo que se le exige que dirija sus planes en esa dirección, y es loable el trabajo que hace la Liga Profesional con los campeonatos para peloteros juveniles. Dos de ellos, que están en la Selección, Saldaña y Danilo Álvarez, se han desarrollado en esas ligas.
Pero el béisbol nacional tiene un problema, los “caza-talentos”, o “escuchas” nacionales de los equipos de Grandes Ligas, que no permiten ver a esos elementos que pudieran engrosar los equipos nacionales o la misma Selección, que es la que al final sufre.
No se le puede negar a un muchacho la oportunidad de firmar y crearse un futuro, está en su derecho. Pero es increíble la cantidad de jugadores que están firmando. La cifra supera a los 40, muchos no han jugado siquiera en la pelota federada local.
Todos sueñan con llegar a las Grandes Ligas, pero si revisan los antecedentes de los siete peloteros nicaragüenses que llegaron, apartando a Marvin Benard, que se formó en las escuelas de Estados Unidos, todos han destacado en la liga local y con la Selección Nacional: Denis Martínez, Antonio Chévez, Albert Williams, David Green, Oswaldo Mairena y Vicente Padilla.
Se tenía grandes esperanzas en William Juárez, pero da la impresión de que el diestro cambió sus intereses y ambiciones, y actualmente se aplaude el comportamiento de Devorn Hansack, quien en una segunda oportunidad en el béisbol organizado está respondiendo. Hansack lució inmenso con la Selección en Holanda, y por eso le dieron otro chance.
Es cierto que entre más firmen, se tendrán más peloteros con desarrollo en las academias de las organizaciones de grandes ligas, y que después vendrán a mostrar su talento aquí. Pero no lo hacen en la Primera División, algunos tal vez en la Liga Profesional, y difícilmente lo harán con la Selección. Además, tienen poca identificación con los aficionados.
Aparte de Juárez, que hacia el año 2002 estaba en excelente forma, y de Juan Muñoz, dos años después, muy pocos de los firmados brillan en el terruño. Eso se debe a que se incorporan en nuestra pelota después de mucha acción en las menores.
Y los pocos peloteros que van surgiendo, los “escuchas” o “caza-talentos” los van firmando, basados en el “potencial” que tienen, que muchas veces no se desarrolla, porque sencillamente no están “comprobados”.
Ahí está el caso de Danilo Álvarez. El muchacho mostró mucha potencia en sus envíos en un “try out”, pero cuando debutó en Primera División, con hombres en las bases, en momentos en que hay que demostrar el temple, se derrumbó. Para el colmo, está con la Selección en Cuba y se enfermó desde su llegada, por lo que no ha podido actuar. Otros malograron sus dotes, como Gonzalo López, que tras una jugosa firma con los Bravos de Atlanta, podría encaminarse al descarte por las intervenciones quirúrgicas.
Se puede hacer un line-up con los “caza-talentos” nacionales que se mueven por todo el país cada vez que se les anuncia la existencia de jóvenes con algún potencial. Omar Cisneros trabaja para los Filis de Filadelfia, Nemesio Porras para los Marineros de Seattle, Hubert Silva para los Medias Rojas de Boston, Edgar Rodríguez para los Yanquis de Nueva York, Alex Torres para los Gigantes de San Francisco, Wilfredo Blanco para los Mets de Nueva York, Marvin Throneberry para los Bravos de Atlanta, Juan Manuel López para Reales de Kansas City, Julio Sánchez para los Diamondbacks de Arizona, Elvin Jarquín para los Padres de San Diego, Juan Carlos Mendoza para Dodgers de Los Ángeles. Hace poco Germán Espinoza se desvinculó de los Tigres de Detroit, y se menciona que Aníbal Vega trabajará para los Rojos de Cincinnati.
De este grupo, sólo Nemesio, Torres, Throneberry, Elvin y Mendoza, trabajan en la formación de los jugadores. Alex lo hace en Estelí, y los otros con la academia de la American College. El resto sólo detecta, llama al scout, quien mira a los pelotero, firma o descarta.
¿Y qué ganancia tiene el béisbol o los entrenadores que formaron a esos peloteros? En fútbol existe el “derecho de formación del jugador” y se paga porcentajes por la firma, ya sea para el equipo que lo formó o su entrenador o representante. Calixto Vargas entrenaba a peloteros bajo ese acuerdo, y muchas veces se le criticó, pero estaba en su derecho.
Aquí no se práctica eso. Los “caza-talentos” firman a peloteros y quienes los formaron no reciben nada a cambio. Pero esos “escuchas” sí reciben bonificaciones de sus equipos.
Es necesario trabajar con los peloteros juveniles, hay que hacer un proyecto orientado a su desarrollo, pero también debe establecerse una reglamentación en la que se estimule a los entrenadores para formar jugadores, que hacen tanta falta y que se necesitan para mejorar el nivel de nuestra pelota.

Desaparecen los ídolos
Renier González
Prensa Latina
La época en que se podía reconocer a un equipo de béisbol latinoamericano por una o varias figuras quedó en el olvido, pues los continuos cambios en los equipos y la falta de calidad hacen irreconocibles a muchas novenas.
Con algunas excepciones, la pelota, como se le llama en muchas naciones, sufre una alarmante falta de calidad.
Pero ¿por qué ha disminuido el nivel de muchos equipos a pesar de la llegada de los profesionales?
El problema no es nuevo, y desde la década de los 80, todavía en la era amateur, se notaba un alarmante descenso en la calidad de los países que practican el deporte de las bolas y los strikes.
Muchos beisbolistas eran firmados por el profesionalismo, y como muy pocos llegaban a las Grandes Ligas, pasaban a engrosar un “ejército” de semiprofesionales que no podían representar a la tierra que los vio nacer.
La mayoría de esos peloteros, que ya vieron pasar sus mejores momentos, son los que representan a sus países en estos momentos, con el agravante de que reciben en casi todos los casos muy poco o ningún apoyo gubernamental.
Si a esto añadimos que la Major League Baseball que rige el béisbol profesional en Estados Unidos pone una y mil trabas para dejar participar a los mejores jugadores y prospectos latinoamericanos, pues la situación se hace aún más compleja.
En este panorama, dos ejemplos que esclarecen la situación los encontramos en Colombia y Nicaragua.
Colombia, con una profunda división entre sus dirigentes, su federación embargada y un apoyo muy escaso, muestra un nivel de juego bien pobre.
En la década de los 40 usted sabía que los cafeteros tenían entre sus muy buenos peloteros al zurdo Carlos “Petaca” Rodríguez, un pitcher que fue héroe en el título de los Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla 1946 y colaboró con el cetro mundial de 1947.
Después llegaron los felices años 60 y 70 con el campeonato mundial de 1965 y varias medallas en diferentes certámenes.
Beisbolistas de la talla del antesalista Abel Leal, los jardineros Tomás Moreno y José Manuel Corpas, el inicialista Luis Gaviria, el short stop Orlando “El Ñato” Ramírez y los lanzadores Orlando “El Caballo” García y Alcibiades Jaramillo, integraron aquellos equipos.
Pero a partir de entonces comenzaron los problemas, las escasas intervenciones internacionales, y el béisbol, que es una pasión en la costa caribeña, dejó de dar alegrías a la afición colombiana.
Algo parecido sucede con Nicaragua, que desde 1998 no logra medallas en un certamen internacional de importancia.
A todos los problemas comunes de esta tierra de lagos y volcanes se añade la nula visión futurista de la Federación local.
Es cierto que Carlos García, presidente de la entidad, es un entusiasta hombre del béisbol, pero sus métodos para dirigir el deporte nacional de Nicaragua lucen arcaicos y no incluyen para nada las categorías infantil y juvenil.
Hace bastante tiempo que los nicas no intervienen en ningún certamen de esos niveles inferiores.
Los éxitos de los años 30 y 40 con los hermanos Cayasso (Stanley y Jorge), José Ángel “El Chino” Meléndez y Jonathan Robinson fueron continuados por Alejandro “Toro” Canales y otros.
Más tarde, y tras la desaparición de la Liga Profesional, llegó la época dorada de los 70 con los lanzadores Julio Juárez, Sergio Lacayo y Antonio Herradora, además del short stop César “La Maravilla” Jarquín y el inicialista Calixto Vargas.
Por aquella etapa también sobresalían el receptor Vicente López, los jardineros Ernesto López, Julio Cuarezma y Pedro “El Bambino” Selva, además del intermedista Rafael “El Capi” Obando.
Tras el triunfo de la Revolución Sandinista, en 1979, se le dio un nuevo impulso a la mayor pasión de los pinoleros, y con figuras como Julio Moya, el ya desaparecido Diego Ráudez, Pablo Juárez, Julio Medina y otros, se obtuvo el subtítulo panamericano en Caracas’83.
Más tarde llegaron los últimos guerreros, que dieron el vicecampeonato mundial en 1990, como Nemesio Porras, Próspero González, Ariel “Panal” Delgado, Henry Roa y Epifanio Pérez.
Hoy en día en tierras pinoleras hay jugadores a los que no les interesa vestir la camiseta nacional por falta de interés o condiciones, además del nulo apoyo del gobierno en los últimos 15 años.
En fin, que los ídolos del béisbol en muchas naciones latinoamericanas van desapareciendo y sólo Cuba, con un sistema deportivo diferente y totalmente efectivo, es reconocible por sus hombres y calidad en el concierto internacional.