El Deportivo

El baloncesto de hoy


Varias personas que asisten a los juegos de la ACB me han preguntado cómo califico el baloncesto de ahora, en comparación al que se jugaba en los años 80, o al de los 60. Y, por último, luego de una discusión fraterna con varios buenos ex jugadores de los 80, me he decidido a expresar por escrito mi opinión.
En primer lugar, para los que no me conocen, he sido seleccionado nacional en los años 1964 y 65, subcampeón centroamericano de tiros libres en esos dos años, seleccionado universitario y mejor jugador del equipo nacional universitario en 1968. Creo que soy el único nica que ha jugado en Primera División en Europa, con el equipo Vichy, de la Liga Francesa. Además, he sido dirigente durante más de 15 años; jugué en Perú y allá fundé una de las mejores academias, la del Real Club de Lima, que hoy lleva mi nombre. Lo menciono para que sepan “que puedo escupir en rueda”.
En los años 50, el juego era mucho más lento, tiempo de la bola al lado del jugador, del tiro y del pase a dos manos, del gancho elegante, de los lances sin salto, del salto triple calculado y donde casi nadie, aun teniendo estatura, tocaba el aro, o menos, hacía un “dunk”. En términos de la defensa, en los 50 predominó la defensa personal en el medio campo defensor. Vi y jugué algunos partidos en este estilo: los Morales, Glenn Hogdson, Checho Gutiérrez, Tarzán Castrillo, el Negro Tellería, Tito Ruiz e inclusive, Eugenio Leytón, entre otros, jugaron en este estilo.
En este período, Fadel Abdalah, de Jinotega, asustaba con sus 6.4; hoy sería uno más de los medianamente altos. Al final de la década, las mujeres predominan en calidad, son de las mejores del istmo y se codean con peruanas, cubanas y mexicanas. Los varones “no escupen en rueda” en el ámbito centroamericano.
En los 60 se introducen al deporte algunos cambios que le dan mayor dinámica y vigor. Es la década del “Jump Shoot”, del juego rápido y de la defensa personal. La bola pasa a ser un elemento más útil para el jugador; de ser manejada al lado del jugador, pasa a ser rebotada al frente, entre las piernas, por donde sea, inclusive se le mueve en compás con la muñeca, sobándola, acariciándola. Los tres segundos en el área, los diez segundos para el saque, todo hace que el juego sea más y más rápido.
Los scores suben como sube la calidad del juego. El salto se hace más alto, más largo y más rápido. La construcción de los primeros colegios públicos con internado, el traslado de la Escuela de Agricultura de Chinandega a Managua, los hermanos cristianos del colegio Cristóbal Colón, el instituto Eliseo Picado y la presencia de un entrenador salvadoreño-gringo, el capitán Germán Arriaza, inciden en la transformación del baloncesto masculino.
En 1964, por primera vez un equipo masculino gana un juego en un Centroamericano, y en el 68 una selección juvenil de varones se corona subcampeona del istmo. Sin embargo, en 1964 las chicas ya han sido campeonas centroamericanas.
Durante toda la década de los 60, y aún en los 70, los varones van desplazando a las damas en la supremacía del deporte. Sobre todo en los 70, las damas están en franca decadencia. El terremoto obliga a trasladar los campeonatos a la cancha Los Marañones, de la Colonia Centroamérica.
Creo que en los años 80 se ha jugado el mejor basket masculino de toda la historia del país. No tengo la menor duda. El Gobierno del Frente le dio al baloncesto masculino un apoyo especial, aunque no fue igual con el femenino. Inclusive, para algunos jóvenes, el deporte fue una forma de escapar del odiado Servicio Militar. Pero, independiente de los aspectos políticos, el Gobierno promovió el fogueo con algunos equipos de nivel mundial. Así, el equipo nacional formado por jóvenes de indiscutible calidad pudo desarrollar sus talentos; y como que fuera una cosa sencilla se codearon con jugadores de China, Cuba y Rusia, y visitaban esos países con una facilidad pasmosa, para beneficio de su capacidad y mejoría. El que juega con buenos, aprende a hacer cosas buenas. Así de sencillo. Eso les dio calidad a los nacionales; y era chapupa vieja ver, no a uno, sino a dos equipos nacionales de calidad peleando en torneos internacionales.
Pero, lo que marcó la cúspide del deporte fueron los torneos “Carlos Ulloa”. Allí se jugó un basket muy, pero muy superior al que se ha jugado en cualquier época de la historia del deporte en Nicaragua.

Sólo algunas anotaciones
1 La mayoría de los jugadores llega a la cancha casi a la hora del juego, inclusive algunos llegan ya comenzado el juego; entran en calor en forma desordenada y sin ánimo. Unos se están vistiendo, otros están corriendo, otros ya comienzan a jugar, otros platican con el público, otros se mofan de los dirigentes que no los pueden despedir, otros...
2 No dan importancia al calentamiento; corren unos pocos, faltan los encestes de calentamiento. No entiendo las nuevas enseñanzas, pero la sicología enseña que los reflejos se condicionan con la práctica. Increíble para el capitán Arriaza, o del Aliado Pallais, que los hubieran mandado a dar 20 vueltas al gimnasio, cuando menos. La falta de personalidad de los entrenadores sobrepasa la complicidad más descarada.
3 El juego es excesivamente débil en la defensa; eso se nota en los altos “scores”, pero más en el total de jugadores con cinco faltas en cada juego. Además, eso permite que jugadores extranjeros sin calidad se pavoneen de ser “la mamá de Tarzán”. Estoy seguro que varios de ellos, a excepción de Jason Walters, Pedro Salazar, César Estling y dos que no recuerdo sus nombres, no llegarían ni a ser bancas en equipos de los 80. No es exageración. En aquellos equipos no había extranjeros.
4 La desidia y aburrimiento cubre a jueces y anotadores. Ellos no escapan del desastre. Muchas veces se dedican a dar explicaciones a los jugadores sobre sus fallas, permiten faltas de respeto reiteradas y hacen evidentes sus tendencias y debilidades hacia ciertos entrenadores y --el colmo-– jugadores. Otro factor que incide en contra de los jueces es que, generalmente ellos participan en la organización de campeonatos en varias categorías y barrios, de tal forma que, años después, sus patrocinados son los que participan en los juegos que ellos deciden. Esto quizá no sea ilegal, pero no es ético, aunque eso no es mucho en nuestro desventurado país.
5 Pero algo está pasando que rebalsa la paciencia y la inteligencia; al menos a mí, que he sido formado en el respeto a mi país. No sé por qué se les ocurrió que, en todos los partidos corrientes, los jugadores del equipo de casa canten el Himno Nacional. Eso sería una gran señal de patriotismo si no fuera porque el sagrado Himno Nacional es motivo de la burla más grosera por parte de la mayoría de los jugadores que no lo cantan, y, por el contrario, se mofan de quienes lo hacen. Los pocos que lo hacen lo cantan en voz baja, casi a la fuerza. Grave es que varios equipos son patrocinados por universidades que debieran ser quienes promuevan el respeto a los símbolos patrios. He visto a rectores y profesores de esas universidades en la cancha sin inmutarse ante tal descaro y actitud increíbles. En este aspecto, pueda ser que haya mejores atletas (talento), pero no deportistas. Deportista es el que tiene porte, personalidad; eso falta en casi todos los jugadores de lo que hoy se mal llama baloncesto.
Y eso es tarea de formación. Es educación. Y es fácil ver los resultados. Más en los años 60, pero también en los 70 y 80, una gran cantidad de jugadores finalizaba alguna carrera profesional. Los tiempos han cambiado, pero creo que las actitudes de los representantes tienen que ver mucho con este detalle. Quizás alguien diga que esa tarea no se le puede exigir a un banco, o a las casas comerciales y firmas patrocinadoras, pero sí debería ser condición fundamental para las universidades.
En resumen, para los que me han preguntado, tipos de jugadores como los Mullins, los Savery, los Scott, los Sammy, los Ángel Sánchez, los Hodgson, los Putá Omier, los Benito Lampson, el Flaco Ever Vargas, Ayestas y otros que, lamentablemente se me escapan, así como el Monstruo Miller, Leonardo Green, Novedades, no se ven en estos partidos. Faltan ganas de jugar. ¿Será la paga? No sé.
Para finalizar, tengo que echarme flores yo mismo, si no, ¿quién lo va a hacer?: Yo era más rápido que el “Pollo” González... ¡¡¡Y esto que este “Pollo” sí que es bueno y rápido!!!

Managua, agosto de 2006.

El basket de hoy
Indiscutiblemente hoy se juega un basket diferente al de los años 80. Hay mucho talento, pero poco cultivo. Tengo que pensar que Troy Watson, Lampson, Anthony Gayle, “el Pollo” González, Olivas, Walter Roberts, Martín Amador, Edwin Watters, entre otros, son excelentes jugadores. Pero si a ellos les hubiera tocado jugar en los 80, hubieran sido mejores, quizá tan buenos o mejores que lo que fueron los Mullins, los Hodgson, los Scotts, los Argüello, los Benito Lampson o el Flaco Ever Vargas; o como el “Monstruo” Miller de mi tiempo, que asustaba a los rivales con su extraordinaria musculatura natural, o el siempre inteligente Leonardo Green, o el versátil y vivísimo “Novedades”, Antonio Blandón. No me cabe duda. Pero, ahora... hay mucha caña que moler.
Es evidente que hay mejor dribling, hay más salto, hay más recursos, todos hacen el “dunk”, hasta los chaparros... pero no hay disposición anímica. No se puede ir a una batalla con soldados que no quieren ganar.
Hay una displicencia soberana en el juego, tanto en los jugadores como –-lo peor-– en los entrenadores.
Eso ha influido en la calidad del juego y en la “familiar” asistencia a los juegos, a los cuales ya vamos solamente los que, realmente, gustamos y saboreamos el juego.