El Deportivo

La testosterona otra vez protagoniza casos de dopaje


La Habana / PL.
La hormona testosterona volvió a la palestra para convertirse en principal protagonista del positivo de dopaje del estadounidense Floyd Landis, ganador del último Tour de Francia de ciclismo.
En primera instancia, a Landis le detectaron niveles anormales de testosterona en un control realizado tras la decimoséptima etapa del Tour de Francia, en la cual logró descontar ocho minutos al español Oscar Pereiro, entonces líder, con una escapada de 130 kilómetros.
La testosterona, perteneciente al grupo de los andrógenos y la principal de las hormonas masculinas, fue prohibida en 1982.
La referida sustancia es segregada por los testículos e influye sobre diversos órganos, entre ellos el cerebro o el corazón, además de tener un efecto anabolizante sobre los músculos.
Los médicos la prescriben a los pacientes con insuficiencia en los testículos, pero en la esfera del deporte siempre fue recomendada, clandestinamente, con la intención de aumentar la potencia muscular.
A pesar de sus aparentes bondades a la hora de competir, puede disminuir las defensas del cuerpo humano contra ciertas infecciones, entre ellas el cáncer, según un estudio reciente realizado en Australia.
Hasta el momento, cualquier control de testosterona epitestosterona que supere el nivel seis es sancionado, siempre que el deportista no demuestre que se debe a su condición fisiológica o a algún padecimiento.
Un análisis espectrométrico de masa isotópica del carbono puede detectar con relativa facilidad si el deportista recibió una dosis adicional de la referida sustancia.
En el ciclismo, su uso se generalizó a finales de la década de los años 80, un poco antes de ceder su protagonismo a la eritropoyetina (EPO), la última estrella de los estimulantes.
En la memoria quedan los casos del holandés Gert-Jan Theunisse, el corredor de larga cabellera que destacó en los Tour de aquellos años (mejor escalador y cuarto en la general en 1989), quien fue controlado positivo en tres ocasiones por testosterona.
El colombiano Santiago Botero (que presentó en su descargo una receta médica) y el italiano Francesco Casagrande siguieron el camino equivocado, en tanto el español Iñigo Landaluze, que dio positivo en una oportunidad, no fue suspendido por su federación, pudo correr el último Tour, (fue tercero en la 10ª etapa, en Pau).
La mayoría de los deportistas que utilizan la testosterona para mejorar su condición física, luego se arrepienten de haberlo hecho, pero sin poder resolver el mal que le hacen al deporte.
Los dopajes en el ciclismo dejaron muy mal parado al referido deporte, tanto o más que el béisbol y el sonado escándalo del estadounidense Barry Bonds, quien desde finales de 2003 está en el centro de la tormenta por el uso de tetrahidrogestrinona (THG).
La propia THG sumergió también en el lodo al atletismo, sobre todo en Gran Bretaña y Estados Unidos, poco después de que un entrenador, molesto con sus pupilos, revelara su uso a la Agencia Antidopaje del segundo país (Usada).
Tan mal ha quedado la imagen del ciclismo profesional, que poco después de darse a conocer el positivo de Landis, el español Oscar Pereiro, su escolta en el Tour de Francia, aseguró que prefería el segundo puesto a saber que el ganador dio positivo de dopaje.
En otra situación, Pereiro, que puede convertirse en ganador si al final se decide la descalificación de Landis, se hubiera embolsado el dinero y se habría guardado de hacer algún comentario.
El corredor del país ibérico sabe que los rumores sobre el multiganador del Tour, el estadounidense Lance Armstrong, el alemán Jan Ullrich y el italiano Iban Basso, pueden lanzar al ciclismo al grupo de deportes apestados, tal como las pesas en el siglo pasado.
Hasta el momento, Landis es uno más de los dopados, pero en días, o quizás en semanas, se podría convertir en el primer ganador de la ronda francesa que pierde su título por usar sustancias ilegales.