El Deportivo

Una joya entre hombres


El País /Madrid
Michelle Wie, la niña prodigio del golf, tiene 16 años, unos cuantos millones de dólares en su cuenta bancaria y una idea entre ceja y ceja: convertirse en una regular del circuito de la PGA, aquel en el que semanalmente se cotejan Tiger Woods, Phil Mickelson, Vijay Singh y Sergio García, entre otros. “Mi objetivo es llegar al circuito masculino y quedar entre los 10 primeros”, repite. Cada vez menos personas dudan de que lo consiga. Sobre todo después de verla jugar.
La declaración de Wie se produjo en Incheon, a las afueras de Seúl (Corea del Sur), después de firmar una tarjeta de 69 golpes (-3) en la segunda jornada del SK Telecom Open, un torneo del circuito asiático en el que ella es la única mujer participante. El resultado, sumado a los 70 golpes del primer día, le permitió pasar, por primera vez, el corte en un torneo de hombres. Va 17ª, a seis golpes de la cabeza. Era su octavo intento en un afán que persigue desde que tenía 14 años, cuando ya era alta y flexible como ahora, un junco, ya mandaba la bola más lejos, incluso, que cualquier mujer crecida, a la misma distancia que muchos hombres, y participó en el Open Sony de Hawai. No pasó el corte, por un golpe. Al día siguiente volvió a la escuela.
La escuela la dejó dos años después, el 11 de octubre de 2005, el día que cumplió 16 años y anunció que se hacía profesional. Detrás de ella, dos grandes empresas patrocinadoras, Sony y Nike, y contratos por ocho millones de dólares. Sólo dos mujeres deportistas, las tenistas Serena Williams y Maria Sharapova, ganan más que ella. Y sólo dos jugadoras de golf antes que ella, la coreana Se Ri Pak, que terminó décima en un torneo menor de Corea en 2003 y la norteamericana Babe Zaharias, en el Open de Los Ángeles de 1945, habían pasado el corte en un torneo masculino. “Y ahora debo jugar bien el fin de semana”, dijo Wie, “esto no ha acabado aquí”. Dentro de unos días, el 15, Wie afrontará un desafío aún más complicado, la fase previa de clasificación para el Open de Estados Unidos, uno de los cuatro torneos del Grand Slam, pero seguramente será una cita más tranquila que su estancia en Corea del Sur, el país de nacimiento de sus padres, donde ha disfrutado de un baño de masas, agobios y protección policial cotidiano n