Deportes

Rooney “bombardeado”


El País, España

“Odio Inglaterra, y a su jodida gente”, dijo una vez Ashley Cole, estrella de la selección inglesa y del Chelsea.
Que Wayne Rooney haya pasado la noche con una prostituta mientras su mujer Colleen estaba embarazada, y entre sesiones de pasión ilícita en un hotel haya pagado a un camarero 240 euros por un paquete de Marlboro, no es lo más sorprendente. Lo que le deja a uno boquiabierto es cómo los pormenores del drama -desde los detalles de la táctica sexual del futbolista que apodan Shrek hasta las reacciones de la esposa, sus padres, la prima, los padres de la prostituta, amigos varios y multitud de “fuentes cercanas” no identificadas- aparecen día tras día en los diarios ingleses.
Uno se pregunta: ¿por qué quisiera un futbolista español, tan mimado y protegido él por los medios de su tierra, arriesgarse en el circo romano que es Inglaterra? Uno sólo puede ir a jugar a la Premier League si tiene nada, pero nada, en su vida privada que desee esconder.
Leyendo News of the World, The Sun, The Daily Mail y otros tabloides ingleses nos mantenemos tan al tanto de la vida de los Rooney (o de la de los jugadores John Terry o Ashley Cole o, en su día, Cristiano Ronaldo o David Beckham) como si fueran nuestros vecinos, o como si todos tuvieran cámaras Gran Hermano colocadas en sus hogares. Gracias a la prostituta, que vendió su historia por bastante más de lo que le pagó Rooney (1.400 euros). Eso fue el domingo pasado. El lunes nos cuentan que Colleen, huida a casa de sus padres, está “llorando cubos de lágrimas” y que el padre, Tony, ha declarado: “Ese hombre nunca jamás volverá a entrar en mi hogar”.
Martes: Colleen le ha dicho a Wayne “Ya no te necesito más”, mientras las páginas de deportes concentran su interés en el Inglaterra-Suiza de esa noche en el estado de ánimo del crack pecador.
Miércoles: Rooney marcó contra Suiza (titular: “Wayne la mete -y no le cuesta 1.400 euros-”) y su actitud hacia su mujer y su familia es, “ellos son nada sin mí; si Colleen me quiere dejar, que se vaya”. Colleen, mientras, le ha llamado para gritarle (textual, según “una fuente”): “¿Cómo me puedes haber hecho esto a mí, la madre de tu hijo?”. Pero una gran amiga cuenta que Colleen padece una crisis de confianza. “¿Seré fea?” se pregunta.
Jueves: los padres de la prostituta piden perdón, a través de los tabloides, a Colleen y su familia: “We’re so sorry” (“Lo sentimos tanto...”).
Viernes: Wayne, arrepentido, es el que no deja de llorar ahora; la llama todo el tiempo para rogarle que le perdone.
Y entonces resulta -esto no se atrevería a inventarlo ni la telenovela mexicana más desaforada- que Colleen va a visitar en el hospital a su hermana adoptada, de 12 años, que tiene una enfermedad cerebral y peligra de muerte.
Lo más curioso es cómo los Rooney se prestan al juego. Tal es su desesperación por seguir en el centro de la luz pública, se supone, que, en vez de esconderse de semejante bochorno, salen al escenario, lloran, rabian, gruñen, hacen todos los numeritos que exige el guión. Igual que un partido de fútbol, teatro en vivo y en directo. Le preguntaron a Fabio Capello, el seleccionador de Inglaterra, cómo veía todo el alboroto. El italiano encogió los hombros y respondió, “It´s England”. Pues sí.