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Orgullo mordido


Edgard Tijerino

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“No puedo flaquear, porque más que mi vida, es mi reputación lo que está en juego”. Esa frase del pistolero Doc Holliday, antes de un duelo innecesario con un forastero desconocido, en una de tantas películas del oeste que vi cuando era chavalo, me quedó grabada por siempre. Graficaba la trascendencia del orgullo, eso que Argentina le mordió ayer a España, derrotándola 4 por 1 en el Monumental de Buenos Aires.
Fue sólo un juego amistoso, pero igual, provocó asombro. A los 13 minutos, Argentina estaba en ventaja 2-0 con un pincelazo magistral de Messi y un remate cruzado de Higuaín desde la izquierda después de una recepción precisa, la fuga, el esquive, la llegada y el remate. Los dos goles, espectaculares, desnudando a la defensa del Campeón del Mundo.
¡Qué extraño fue ver a España súbitamente azotada por un vendaval! Esta Argentina de Batista jugaba con soltura, sincronizaba, desequilibraba y definía. Todo lo que le hizo falta al equipo gaucho contra México y Alemania en el Mundial de Sudáfrica, fue colocado artísticamente sobre el tapete del estadio de River Plate frente a una España tan desorientada, como la falla del arquero Reina en el minuto 34, resbalándose y perdiendo el control del balón, para provecho de Tévez, que no perdonó estableciendo el 3-0, excesivamente drástico.
España pudo lograr algo más que el gol de Llorente al minuto 84, pero un disparo de Villa rebotó en la escuadra y se malograron otras dos oportunidades que también rebotaron en los postes. Sin embargo, el equipo de Del Bosque, pareció una fotocopia borrosa del visto tan resplandeciente en la Copa.
En tanto, por caer el telón, con la multitud delirante, un cabezazo del Kuhn Agüero recibiendo desde la izquierda, selló el marcador 4-1, abollando la reputación de un equipo que ha sido casi invencible en broma y en serio durante los últimos años, mostrando una superioridad incuestionable.
Raramente, lo mejor de España, como es su medio campo, en el cual se movieron Busquets, Xabi Alonso, Cesc y Xavi Hernández, no fue en esta ocasión lo suficientemente funcional y creativo, y eso facilitó que Argentina, siempre agresiva, fabricara espacios y multiplicara opciones generando peligro y concretando.
Batista, el sucesor de Maradona, aplicó variantes con Zanetti, Cambiasso, Banega y Gaby Milito, quienes estuvieron fuera del mapa en la Copa de Sudáfrica, y Messi se encontró desde muy temprano con el gol, mostrando su magia inagotable. El accionar de Tévez y la presencia amenazante de Higuaín, hicieron recordar por momentos, lo mejor de Argentina visto en el Mundial.
“No juzguen a este equipo por un juego amistoso. Estoy contento, y reitero, no quiero un equipo de individualidades”, dijo prudentemente Batista, agregando: “Quiero un equipo que sepa cómo gestar jugadas de ataque. El 4-3-3 es un esquema que me gusta”.