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“Chirizo”, libre de culpa


Edgard Tijerino

René González puede dormir tranquilo. “El Chirizo”, con ese catedrático del boxeo que es Nacho Beristain en su esquina, se vio superado por un peleador de agobiante agresividad, muy buena asimilación, dueño de un potente golpeo y con una preparación física de maratonista.
Es fácil decir “voy a ejercer presión”, lo difícil es sostenerla durante diez asaltos, como hizo el mexicano Urbano Antillón con el púgil pinolero la noche del sábado, en Aguascalientes, impidiéndole conseguir la necesaria claridad round tras round, utilizando una izquierda rápida, constante y bastante certera, capaz de abrir ofensivas y continuarlas, hasta provocar derrumbes como el ocurrido en el primer asalto, precisamente cuando González se lo estaba apuntando.
Incluso, un genio del ring como Leonard, cuando es sometido a ese tipo de presión, carece de espacios para desarrollar su boxeo. Lo vimos en su primera pelea con Durán, desesperándose incluso por quitárselo de encima, igual que lo mostrado por Alí frente a Joe Frazier en el Garden de Nueva York, en 1971, con su talento embotellado frente a la presión que le colocaron encima en todo instante.
González es más agresivo y dispara más golpes con mejores trazados, pero frente a rivales que no son tan volcados, pegajosos e insistentes disparando desde cualquier ángulo, como Antillón, quien tiene el concepto del boxeo de todo fajador nato: pegame con tal que yo también te pegue. Y va con todo, con la escopeta y los trastos viejos, sin dar ni pedir tregua.
¿De qué podemos acusar al “Chirizo”? De no tener una mayor frecuencia de golpes que un rival de frenética ofensiva; de buscar cómo refugiarse en la pelea en reversa para intentar manejar la distancia con sus combinaciones, y no poder hacerlo, porque siempre fue empujado hacia las sogas viendo reducirse su radio de acción; de no poder neutralizar una izquierda punzante y martirizante que entraba reiteradamente en su rostro, buscando el acompañamiento de una derecha también activa pero no efectiva; de quedarse rezagado en las respuestas golpe por golpe, superado por la insistencia de un rival que parecía preparado para ese ritmo por 20 asaltos de haber sido necesario.
Toda la estrategia que pudo trazar Beristain y la obediencia de González fueron hechas astillas por el ímpetu de un peleador construido con la madera de Rocky Graziano o Jack LaMotta, dispuesto a no ceder la iniciativa así se produzca un terremoto.
Sería interesante una revancha por las variantes que deben aplicarse. Claro, el “Chirizo” no es un púgil con la versatilidad de Leonard para cambiarle el paralelogramo de posibilidades a Antillón, como Sugar lo hizo con Durán, pero es obvio que forzará una pelea más cerrada, y hasta con opciones favorables, si consigue al mismo tiempo una condición física capaz de mover montañas.

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