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Grotesco final de Valero


Edgard Tijerino

¡Cuidado!, no saber manejarse en el paraíso frente a la tendencia a descarrilarte, puede acercarte peligrosamente al infierno. ¡Diablos!, por eso es que muchas veces los sueños son aplastados brutalmente por las pesadillas, como ocurrió en el caso del púgil venezolano Edwin Valero, protagonista de una tragedia que supera la imaginación de Sófocles.
Desde las raíces de la pobreza, Valero soñó abrirse paso hacia la grandeza impulsado por su fiereza entre las cuerdas destrozando rivales, hasta llegar a Campeón del Mundo, y lo logró. Se convirtió en una celebridad no sólo en Venezuela, sino que en el mundo del boxeo, pero lo atrapó la adicción por el alcohol, se distorsionó como persona, utilizó su agresividad para provocar pánico aún fuera del ring, y desembocó en lo grotesco asesinando a su esposa. Luego, en prisión, decidió quitarse la vida ahorcándose.
¿Cómo regresar al punto en que uno se equivoca tan dramáticamente que cambia drásticamente su vida, matando y muriendo como Valero? Cierto, es complicado ser boxeador. Siempre entre las brasas, golpeando y recibiendo, luchando contra los intereses de tantos, siendo utilizado de diferentes maneras, sometido a enclaustramientos agobiantes, sediento de sangre como un vampiro, instalado a la orilla de un punto de ebullición. Pero puedes adaptarte, sobrevivir y superarte, distanciándote de los Tyson, Monzón, Corrales y tantos otros que aún sin escuchar el sonido de la campana, no pueden desprenderse de la barbarie.
No fue ese el caso de Valero, incapaz de batallar con el alcohol y de conseguir el mínimo entendimiento requerido para controlar sus impulsos. Era admirable verlo combatir. Saltaba como un tigre en busca del adversario, y lo devoraba. Esa racha de 18 nocáuts consecutivos en el primer asalto iniciando su carrera, hizo que todos los cuellos giraran bruscamente para fijarse en cada uno de sus gestos, movimientos y golpes, sin parpadear.
Todos querían ver en acción al nuevo fenómeno que se coronó Campeón Superpluma de la AMB y Ligero del CMB, no dejando títere con cabeza a lo largo de 27 combates. Partidario de Chávez, se hizo un tatuaje con la bandera de Venezuela y el rostro del mandatario. Sus excesos lo llevaron a ser protagonista de un accidente en moto y varios episodios violentos, entre ellos agresión a su esposa Jennifer provocando una ruidosa denuncia.
Fama y fortuna, sin tener control, es un cocktail explosivo. ¿Cómo es posible que puedas cometer un homicidio, y más escalofriante aún, asesinando a tu esposa? Entrar y salir de un hotel, informando “yo lo hice” con aparente frialdad. Ser llevado a una celda y suicidarte. Todo eso es anormal para quien tenía como atleta, un presente resplandeciente y un futuro tan ancho como un océano.
Su fama subió como un cohete, y se sostuvo en el firmamento del boxeo sin declinar, pero Edwin Valero no pudo llegar a apreciar ese toque de distinción porque no tenía idea del mañana, y mucho menos, de su responsabilidad como figura cumbre del boxeo venezolano.

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