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¿Quién dijo miedo?


Edgard Tijerino

¡Qué atrevido este Stuttgart, con la flexibilidad, destreza y pujanza del brasileño Cacau, la firmeza y utilidad de Gebhart, los desbordes desequilibrantes y constantes llegadas de Hleb, y con esa entrega y presencia de Molinaro! No sólo irrespetó al poderoso Barcelona el equipo alemán, sino que logró crecer como amenaza durante un primer tiempo a largos ratos estrujante para la tropa de Guardiola, sin salidas claras, carente de ideas, y consecuentemente sin poder sacarle provecho a la posesión de la pelota.
El gol de cabeza logrado por Cacau, a los 25 minutos, y el de Ibrahimovic con un doble remate a quemarropa, a los 52, establecieron el empate 1-1, en duelo de intensidad sostenida, aguijoneado por el suspenso, que un Stuttgart sin temor, pudo haber resuelto favorablemente.
Estaba Xavi y también Ibra, pero hicieron falta Danny Alves y Abidal. La defensa del Barcelona sufrió tanto o más que Ulises regresando a Itaca, en tanto el mejicano Márquez naufragó frente a un Cacau imparable en los primeros 45 minutos, cuando el medio campo del Stuttgart movió mejor los hilos y fabricó más posibilidades. Mientras Iniesta buscaba una brújula, Ibra se sentía abandonado y Messi era desconectado, hasta su deslumbrante aparición en el minuto 39, cuando se filtró frontalmente serpenteando y abriendo surcos, disparando con ese pincel que tiene en la zurda y obligando a Lehman, a mostrar sus reflejos en elástica y efectiva estirada. La pelota, detrás del arquero, giró peligrosamente acelerando corazones y rebotó en el poste izquierdo, regresando a poder de Lehman.
¿Puedes encerrarte con un oso y abrazarlo sin sentir miedo? Eso fue lo que hizo el Stuttgart ayer retando al mejor equipo del mundo con una confianza asombrosa. Y fue ese atrevimiento imprevisto, lo que desajustó al Barcelona, sin tiempo y espacio para corregir fallas o garantizar progresiones.
A los 25 minutos, el centro desde la derecha enviado por Gebhart, pasó zumbando como un 747 encima de la línea de tres zagueros españoles, Puyol el último de ellos, siendo interceptado y golpeado con precisión por la cabeza de Cacau, inutilizando el manotazo tardío que intentó Valdés con su izquierda. El Stuttgart, que sin ceder terreno ni dar tregua, malogró otras tres oportunidades de ampliar ventaja, tomó ventaja por 1-0.
Muy temprano en el segundo tiempo, Barcelona empató en uno de los pocos momentos de desequilibrio claro que mostró el muro germano. Una pelota llegada por arriba, fue bajada por la cabeza del siempre oportuno Piqué hacia Ibra. El remate de derecha fue rechazado por Lehman con el pecho, pero Ibra insistió y asestó la estocada nivelando la pizarra.
El mayor dramatismo se vivió en el minuto 68, cuando Lehman salió muy mal y la pelota llegada desde la izquierda vía aérea, pasó por encima rumbo hacia donde estaba Ibra. El incómodo remate de derecha del sueco fue desviado por Molinaro con su hombro en la propia raya. El Barcelona reclamó el penal tan inútilmente como lo hizo el Stuggart en el primer tiempo, sobre una mano de Piqué sometida a discusión, y la barrida de Márquez tumbando a Gebhart.
Atravesando por el mar de las dificultades, el Barcelona rescató un punto en Alemania, y quedó en una situación favorable para el regreso a casa. No dejó un buen sabor el equipo catalán, pero logró un buen resultado.