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En el espejo está Alexis


Edgard Tijerino

Desde MEXICO
Casi inevitablemente, un sigiloso aburguesamiento afecta a los boxeadores que con sus ejecutorias consiguen fama y fortuna. Recuerdo cuando en 1975 conversé con Carlos Monzón en el hotel Tamanaco en Caracas, después de escucharlo decir durante una Conferencia que contrario a ciertos señalamientos periodísticos, seguía siendo el mismo, no alguien distinto.
El empresario boxístico Tito Lectoure, con quien tuve una buena amistad, y el entrenador Amilcar Brusa, sabían que no era así. Ellos vieron saltar a un Monzón distinto, hacia la buena vida, o dulce, como diría Fellini. El entrenamiento por sus exigencias, con una alta cuota de sacrificio, se había convertido en una “Cámara de torturas” para el llamado “Gaucho de Hierro”.
Mientras estaba empeñado en salir de la oscuridad y proyectarse hacia la grandeza, Monzón tenía el espíritu de un gladiador, concentrado en su preparación, pero llegó el momento en que el sonido del despertador para levantarse temprano y las órdenes de extender la sesión en el gimnasio y recorrer kilómetros extras, le parecían “música macabra”.
Hace unos días conversando con “Chocolatito” en Puebla, me pareció captar algunas señales de incomodidad con la intensidad del trabajo requerido para garantizar su crecimiento boxístico. “No voy a entrenar hoy, porque no lo necesito, no tengo problemas de peso”, dijo el jueves, colocando a un lado la necesidad de seguir haciendo ajustes, afilando su boxeo, como casi siempre lo hicieron artistas del ring tipo Alí y Leonard. Un día antes de pelear con Shavers, en 1977, “El Profeta” realizó a puertas abiertas en el Felt Forum del Garden, un fuerte entrenamiento con Jimmy Ellis.
No es fácil someterse al sacrificio que se requiere para entrar y mantenerse en la elite del boxeo. Uno lo entiende, pero cada profesión tiene sus características, y siempre, aunque se trate de un cirujano o un ingeniero, hay que trabajar intensamente en la preparación para ser bueno de verdad.
¡Qué bueno fue escuchar a Román decir que al regresar a Nicaragua, descansaría tres días y se reportaría al gimnasio para continuar aceitándose y puliéndose! Eso quiere decir que lo estimuló la actuación ofrecida en Puebla frente a Meneses, y viéndose un rato en el espejo que fue Alexis, uno de sus más grandes creyentes, decidió trabajar a fondo, con toda la seriedad que el caso requiere.
No hay mejor espejo que el dejado por Alexis. “Nunca me levanto primero que él, no tengo que decirle que haga unos kilómetros más y es el primero que decide hacer más rounds en el entrenamiento, tomando también más tiempo con la cuerda y el costal”, decía Ramón “El Curro” Dossman, quien había sido adiestrador de Ismael Laguna.
Alexis nunca se presentó a un combate titular dejando pendientes horas de entrenamiento, y la mejor forma física que le vi, fue en la parte final de su carrera, cuando enfrentó a Pryor buscando una cuarta corona.
“Chocolatito” debe sentir la obligación de seguir esas huellas. Son las que conducen al Paraíso del boxeo.

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