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Barcelona una gran lección


La entusiasta hinchada del Racing se arrancó solemne y vigorosa con La Fuente de Cacho, una canción popular que funciona como himno, expectante y animada como estaba ante la visita del Barcelona. La Fuente de Cacho suena a la salida del equipo y resuena con cada gol del conjunto cántabro. El Sardinero, por lo demás, no se le da muy bien al Barça, y la gente parecía especialmente animada con la posibilidad de cantar victoria. Falsa ilusión. En cuanto acabó el coro y se puso la pelota en juego, los azulgrana impusieron el silencio más absoluto, señal de mando, de jerarquía, de fútbol que no necesita música.
Tic-tac, tic-tac, tic-tac. Xavi puso el reloj en marcha, Ibrahimovic ofició de Ibracadabra y Messi gambeteó mejor que Maradona. Tres goles se contaron en tres remates consecutivos después de veinte minutos de un rondo excelso que sólo Arana interrumpió con un par de arrancadas por el costado de Abidal.
Aplicado, el equipo atendió de forma escrupulosa las instrucciones de su entrenador, publicitadas el día antes en la sala de prensa, y el Barça ofreció media hora de fútbol deliciosa, el mejor compendio de su ideario: posición, posesión, circulación y definición. Jugaron los azulgranas desde la salida con ritmo y fluidez en la cancha del Racing. Un fútbol rápido, fácil, simple, imposible de defender, tan bonito como ante el Inter e igual de efectivo que frente al Atlético, justamente como había pedido Guardiola, que recuperó una alineación más convencional para que el equipo se reencontrara con su esencia futbolística desde lo simple No jugó Chigrinski, se mantuvo Sergio Busquets como medio centro y emergió la figura de Ibrahimovic, siempre un palmo por encima de Henrique, el central descartado por el técnico azulgrana.
Ibrahimovic, de momento, funciona como un delantero centro fuerte, al menos contra los débiles, para no desmentir a Sacchi. Ayudado por el brazo, ayer cabeceó a la red un centro de Messi para reflejar la superioridad azulgrana sobre la cancha (0-1) y después asistió con un taconazo a Piqué para que certificara el triunfo (0-3). A mitad de camino, entre el gol de Ibrahimovic y el de Piqué, apareció Messi con una jugada excepcional, muy suya: el regate seco para sentar a sus dos marcadores y el disparo colocado al palo derecho del portero. Lento, suave, delicioso (0-2).
A excepción de la lesión de Ibrahimovic, que se dobló el tobillo, apenas hubo más noticias del partido hasta que Messi decidió intervenir nuevamente antes de ser sustituido. Tomó la pelota de Xavi en la banda derecha y se paseó por la frontal del área como un equilibrista sobre el alambre, sorteando defensas con su zurda prodigiosa, hasta ganarse el espacio para clavar el balón en el hueco imposible para el mejor de los guardametas. Duro, seco, terminal (0-4).
Xavi, mientras, continuó en la cancha. Messi es único y jugaría bien en muchos equipos, incluso en la selección argentina, sobre todo si le rodearan de un buen puñado de futbolistas. Ibrahimovic también metía goles con el Inter. Xavi, en cambio, está asociado necesariamente al Barça. El volante es quien marca el estilo y a su alrededor se organiza el equipo. Xavi participó en los cuatro goles. Nadie interpreta mejor las consignas de Guardiola y el fútbol en su versión más sencilla, más lúcida, más infantil. La respuesta de Xavi a las inquietudes del entrenador fue contundente: lección aprendida. Lección magistral Volvió a jugar el Barça con los ojos cerrados.
Al Racing le quedó el consuelo de marcar el gol del honor, un tanto estupendo de Serrano y sonrojante para Márquez, superado por el volante con un caño.