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El genial Floyd, intacto


Edgard Tijerino

Los genios, mientras no son atrapados por la edad y ven estranguladas sus prodigiosas facultades, conservan ese toque de distinción que los colocó por encima de los otros en la escala de valoraciones, así estén entrando y saliendo de la lámpara, como lo demostraron Jordan, Alí, Pelé y tantos otros.
Floyd Myweather es la última maravilla producida por el boxeo. Manny Pacquiao es más impetuoso, espectacular y destructivo, pero quien mejor aplica la belleza de la pintura, la danza, lo poético y lo musical, en la geometría del cuadrilátero, es Mayweathwer, for1midable peleador de inagotable destreza, que parece haber sido moldeado por un escultor como Rodin, con el mismo cincel y un parecido asombroso a Robinson, Alí y Leonard, por mencionar a los tres mosqueteros que Dumas hubiese imaginado entre las cuerdas.
La mayor intriga que ofrecía el retorno de Mayweather haciéndole frente a un rival tan exigente como Márquez -ciertamente vencedor de Pacquiao en una pelea que fue sentenciada empate, arrugando de incomodidad a la luna, que lo vio todo-, era como responderían sus armas esenciales, velocidad, habilidad, puntería y hasta la cuota de poder que exhibió en tres dimensiones contra Ricky Hatton.
Alí retornó contra Jerry Quarry y Oscar Bonavena, rivales buscados a la medida para que graduara conveniente su reconstrucción, pero cuando chocó con Frazier, rebotó comprobando que después de tres años y medio, no era el mismo; en cambio el Leonard que vimos tomar un riesgo considerado casi suicida frente a Marvin Hagler, fue deslumbrante.
En su primer combate desde diciembre de 2007, Mayweather mostró esa frialdad que se edifica alrededor de la autosuficiencia, conseguida con el cultivo de las habilidades y soportada por la confianza en la preparación física. Desde el primer asalto, Mayweather, púgil de admirable y terriblemente efectiva versatilidad, estableció diferencias, y en el segundo, tumbando a Márquez, se terminó de adueñar del ritmo del combate, convencido de que no tenía por qué excederse en el uso de su rapidez de piernas.
Su jab zurdo, funcionando como estocada precisa, el acompañamiento de su derecha, tanto en directo como en cruzado, la maestría de su bloqueo, esa facilidad para pasar golpes con una flexibilidad llamativa, la forma de volcarse para contragolpes, lo oportuno de sus amarres, el saber golpear saliendo o retrocediendo, su manejo en las sogas.
¡Diablos!, estamos hablando de un curso de arquitectura boxística. De un catalogo de virtudes, sólo posible de juntar por alguien con el talento de Mayweather, tan difícil de golpear y tan improbable de esquivar.
Carece sí Floyd, de ese corazón inflamado que convirtió en ídolos de las multitudes a peleadores como Olivares, Durán, Chávez, Wilfredo Gómez, y otros con menos habilidades que él, pero como diría Borges, “no todos saben disfrutar del verdadero arte”, y visto desde cualquier azotea, Mayweather confirmó ser el más grande artista del boxeo en el momento actual.
Qué bueno, porque estábamos necesitando su retorno. El genio está intacto.

dplay@ibw.com.ni