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¡Qué tristeza!

* Noqueados por Puerto Rico

Estoy derrumbado frente a la computadora, molesto con esta tristeza sin fin, aguijoneado por un dolor antiguo, golpeado por ese nocaut frente a Puerto Rico 16-0, consecuencia de una defensa agujereada, un pitcheo bombardeado y un ataque amordazado.
No teníamos escape como lo dijimos ayer, pero no pensamos salir del escenario de esa forma. Cada uno de nosotros, fanáticos desde pequeños de ese deporte tan apasionante e intrigante que es el béisbol, seguramente se sintió como Dostoiewski en la Casa de los Muertos, creyendo que estábamos asistiendo al fin del mundo.
Fue todo demasiado brusco, deseando empacar los bates y largarnos sin volver a ver hacia atrás, borrando los amargos recuerdos, excepto el triunfo sobre Japón, los cinco innings magistrales de Orozco frente a Cuba, y el bateo encendido de Jimmy González.
Aún ganándole a Puerto Rico no íbamos a ningún lado, pero siempre atrae morir fajándose, dejar constancia que tenemos nivel para competir en un Mundial. Dos errores del chavalo Marín, un buen prospecto en nuestro medio, abrieron las puertas para dos carreras sucias de los boricuas contra el abridor sorpresivo, Julio Raudez; más adelante, anotaron otras tres, una a costa de Armando Hernández y dos cedidas por Berman Espinoza. Perder 5-0 después de cinco entradas, tijereteaba las débiles esperanzas, pero cuando Oswaldo Mairena es atacado con cuatro, era un buen momento para “tirar la toalla”. Jairo Pineda permitió tres más, y Esteban Pérez la última de esa entrada. José Luis Sáenz recibió tres más en el séptimo, que nos dejaron con el orgullo por los suelos con el 16x0.
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Regresamos de Croacia y Holanda con las manos vacías. ¿Y que queríamos con un adiestramiento apresurado, sin fogueo, sin la cantidad de peloteros profesionales con amplia experiencia, sin la cantidad necesaria de jugadores que se mueven en las menores?. Amigos, los milagros hay que fabricarlos.
¿Cómo culpar a los muchachos? Ellos son víctimas de nuestras limitaciones; están en desventaja respecto de los otros; se superan frente a las exigencias, pero no lo suficiente. No se trata de tal o cual error, de los innings en que dejamos corredores en posición anotadora, del pitcher que debió ser reemplazado, del abridor mal seleccionado, del toque de bola que no se realizó, del intento de robo imprudente, de un mal fallo, de equivocaciones del manager.
¿Saben cuántas veces nos ha pasado lo mismo? Montones de veces. El problema es la falta de planificación y de recursos alrededor de una Selección Nacional. Los ticos gritan, brincan, lloran y sangran, porque su equipo de fútbol es producto de un proceso serio, bien elaborado, con una gran inversión.
Pero, ¿y aquí?. No es culpa del gobierno inmerso en mil quinientas dificultades, que hizo posible el viaje y facilitó la transmisión por TV, sino del aparato inutilizado que tiene el béisbol casero, nada que ver con el plan de los años 70, y tampoco con el de los 80, proyectos que terminaron diluyéndose más adelante, en contraste con las firmas de prospectos.

¿Vamos a lanzar maldiciones por la eliminación? Por favor, ¿qué conseguimos con eso?. Lo que hay que hacer es trabajar, elaborar replanteos, apoyar, invertir y progresar. Estar conscientes de que la Selección es el equipo de todo el país.