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Barcelona al ritmo de Messi


Barcelona

Jugaron los rojiblancos a pecho descubierto, dispuestos a intercambiar golpes desde la alineación, y salieron amoratados, porque el Barcelona es un equipo más ofensivo y equilibrado, mejor armado y acertado. ¿Cinco goles en siete remates?, y desde luego mucho más cuerdo. El atrevimiento de Abel con la formación permitió el lucimiento del plantel de Guardiola, que recuperó una de sus mejores versiones, tanto desde el plano colectivo como individual, sobre todo por el protagonismo de Messi, desequilibrante como pasador y rematador, perseguido de mala manera por los zagueros forasteros. Los azulgrana se desplegaron a la velocidad de la luz, como en los mejores tiempos, nada que ver con los últimos partidos, cuando costaba resolver las jugadas más sencillas. Definitivamente, los duelos con el Atlético son diferentes, rocambolescos, siempre saldados con goleadas.
Incluso los mejores porteros precisan de una intervención, sencilla o de mérito, para calentar y adquirir confianza cuando comienza el partido. A Roberto, un debutante, no le dieron ni tiempo de ponerse debajo de los palos: Henry remató al travesaño al poco de sacar de centro y al minuto Ibrahimovic ya había dejado el balón en la red. Un gol extraordinario por el gesto técnico del ariete y porque respondió al ideario futbolístico del entrenador: el balón salió del arquero Valdés para Mawxell, el lateral lo dejó a pies de Busquets y el pivote profundizó para el ariete, sensacional en el giro a espaldas de los centrales y preciosista en el toque con la puntera sobre la salida del meta.
Atacaba tan bien el Barça como mal defendía el Atlético, destensado y cándido, como si siguiera aún en el vestuario, así que los remates y los goles fueron cayendo sin parar en el marco del pobre Roberto. La sincronía de los medios con los delanteros azulgrana contrastaba con la negligencia rojiblanca a la hora de tirar la línea del fuera de juego y achicar los espacios. Busquets y Xavi habilitaban reiteradamente a Ibrahimovic y Messi, que celebró su renovación con un tanto de una ejecución precisa porque antes de rematar regateó al portero con un control con el pecho.
Partido por la mitad y diseminado, el Atlético alcanzó el área contraria con una cierta asiduidad y también de manera desenfocada, habilitado un par de veces por Chigrinski, que jugó más como un delantero que como un defensa por el riesgo que tomó en cada maniobra, a veces de forma innecesaria y en otras con la jerarquía propia de un libre.
La respuesta barcelonista a cada llegada de los atacantes del Atlético fue terminal. Alves transformó un libre directo con un tiro cruzado, duro y seco, y Keita coronó una jugada excepcional de Messi. La pulga recibió la pelota de Ibrahimovic en el lateral derecho del área y no la soltó hasta ponerla a pies de Keita después de darse una vuelta completa en una baldosa apoyado en hasta cuatro toques con su zurda.
Messi no sólo resuelve los partidos, sino que genera momentos de una expectación solemne, situaciones que se escapan de la normalidad, ajenas incluso al marcador. No importa si la pelota acaba o no en la red, sino que se celebra el suspenso que crea la pulga con la pelota atada a su prodigiosa zurda, bien defendido o mal zancadilleado por el rival.
A la soberbia actuación de Messi se unió más tarde la vuelta de Iniesta, justamente cuando el partido se apagaba, cosa lógica después de una primera parte exuberante, cerrada con un gol de Agüero después de un error de Busquets. Los futbolistas se tomaron el segundo tiempo para descansar mientras los entrenadores cambiaban piezas y economizaban esfuerzos. Apenas se contaron oportunidades y a falta de ritmo de partido, la gente reparó en Iniesta, Márquez, Forlán, mayoritariamente en los especialistas.
Ayer no parecía el día de Forlán hasta que, al igual que Agüero, en el último momento dejó sus señas en un remate cazado después de un saque de Valdés y una pelota no disputada por Iniesta. Las concesiones defensivas barcelonistas propiciaron los goles del Atlético y, por lo demás, la actuación azulgrana fue con el tiempo muy variable. A un inicio intenso, rápido y preciso siguió un rato de excesivo barroquismo y ensimismamiento, de excesiva desatención y poca finura.