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¡Sudó Goliat!

* Con dos jonrones triunfó Cuba

Edgard Tijerino

No todas las derrotas tienen sabor amargo. Hay algunas que enaltecen, como ésta por 4-1 frente al Goliat cubano, haciéndolo sudar y sufrir con el pitcheo mortificante del derecho Elvin Orozco, viendo cómo esos bateadores tan temidos eran reducidos a polvo sin hit ni carrera durante cinco entradas, haciéndoles recordar la ventaja pinolera por 1-0 sostenida hasta el inicio del séptimo en los Panamericanos del 2003 por Olman Rostrán.
Perdimos 4-1, porque en béisbol, casi tan efectivamente como en boxeo, ese divino tesoro que es el punch, arma fundamental de los cubanos, hace estragos, y mata. El jonrón de Yulieski Gourriel después del hit “quiebra hielo” de Michael Enríquez en el séptimo, frustrando a Orozco y proporcionándole a Cuba ventaja de 2-0 en un abrir y cerrar de ojos; y el vuela-cercas disparado en el noveno por Alfredo Depaigne contra el relevista Julio Raudez, también con uno a bordo, destrozaron el esfuerzo pinolero.
¡Qué estimulante fue el hit del encendido Jimmy, empujador de Matamoros en el cierre del séptimo, estrechando la diferencia 2-1 y dándole forma a la posibilidad de forzar algo milagroso! Pero, el ingreso de ese viejo e inagotable león que es Pedro Luis Lazo, como reemplazo del abridor zurdo Yulieski González, ligeramente flaqueante, nos cerró las puertas bruscamente con seis ponches en tres entradas y un tercio, sobreviviendo a una seria amenaza en el octavo, cuando con dos outs, Sotelo y Sandor Guido conectaron hits consecutivos. Lazo rejuveneció abanicando a Matamoros, y el peligro nica se esfumó.
Elvin Orozco, no es el chavalo sin experiencia que era Denis Martínez aquella tarde del mes de agosto de 1972, en el estadio Quisqueya, en Santo Domingo, cuando Heberto le entregó la pelota para fajarse con Cuba, en juego que ganó Antonio Herradora, pero pese a su estadía en la organización de los Yanquis desde el 2006, el derecho de apenas 21 años, que está tratando de crecer en la liga de verano que se juega en Dominicana, no parecía ser lo suficientemente apropiado para enfrentar con posibilidades de éxito el bateo cubano, tan dañino incluso en los Clásicos, atacando a big leaguers altamente calificados.
Pero Orozco, 18-2 y 180 ponches a lo largo de 160 entradas en las menores, sorprendió con su confianza para tomar el reto. Poco a poco, cero tras cero, los asustados eran los cubanos, buscando cómo conectar su primer hit después de 16 outs. El batazo de Enríquez debe haberlo aturdido un poco, y Gourriel, ponchado en el primer inning, fue encima de una recta, haciendo pasar la pelota encima de la pared del right-center, señalando la ruta hacia la victoria.
Pero no hay forma de quitarle brillantez al pitcheo de Orozco, como tampoco se puede dejar de reconocer la bravura del equipo, siempre en pie de lucha, hasta el jonrón rompe-corazones de Despaigne. Nicaragua, que llegó sigilosamente al Mundial, utilizando las pantuflas de la discreción, logró proyectarse después de sepultar dudas, y aunque ha sido dos veces vencido por Venezuela y Cuba, está ofreciendo actuaciones que no imaginamos antes de zarpar.
Hacer sudar y sufrir a Goliat, como en Edmonton y en Atlanta, tiene méritos.