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¡Quiero a Mayorga!


Edgard Tijerino

Con un pie sobre el “cadáver” de Michael Piccirillo después de haberlo derribado tres veces en ruta hacia una victoria rotunda por KOT en 11 asaltos, Vernon Forrest, golpeando su pecho, gritó excitado: “¡Quiero a Mayorga!”
También mencionó a De la Hoya, Cotto, Mayweather y Hatton, pero fijó su atención en Mayorga, el bravo nicaragüense que lo derrotó dos veces, precisamente cuando Forrest, domesticador de Shane Mosley, con suficiente autoridad en dos combates, alcanzaba su más alta valoración por parte de los expertos.
Hay una vieja espina clavada en el corazón de Forrest, quien parece haber superado el impacto sicológico de aquellos dos reveses, y se muestra ansioso por volver a encerrarse entre las cuerdas con el fogoso pinolero, reciente vencedor de Fernando Vargas.
Forrest, dos años ausente después de ser golpeado por Mayorga, ha realizado un exitoso retorno sin precipitaciones, calibrando su esfuerzo, midiendo sus pasos, tomándose el tiempo, pese a que sus 36 años obligan a apurarse.
En el sexto asalto, con un certero golpe de derecha, Forrest derribó a Piccirillo y pareció tomar las riendas del combate, pero decreció en el octavo round, sólo para agitarse bruscamente en el noveno atacando la cabeza del italiano, hasta tumbarlo nuevamente.
Ya con la decisión en el bolsillo, como lo demuestra la puntuación de los jueces hasta ese momento, 98-90, Forrest se mostró agresivo en el undécimo asalto enviando por tercera vez a la lona a Piccirillo y obligando al árbitro, Arthur Mercante junior, a detener la desigual batalla.
Ahora con 40 triunfos, dos derrotas frente a Mayorga y un empate, Forrest, que pese a la amplitud de su triunfo abrió espacios para ser golpeado en la primera parte del trayecto, grita a pulmón abierto: “¡Quiero pelear con Mayorga!”
Es lo que el nicaragüense, ansioso de otra pelea ruidosa y productiva, quería escuchar. Ni él ni Forrest son los mismos de 2003, pero lo importante, pese al evidente desgaste, es la nueva oportunidad de enfrentarse.
Posiblemente Forrest se considere preparado para obviar las feroces arremetidas verbales de Mayorga que tanto lo asustaron antes de subir al ring en las peleas anteriores. Un hombre callado, Forrest ha visto que el mejor antídoto es asimilar lo que diga Mayorga y todos sus gestos, manteniendo la concentración.
A Mayorga eso le vale y va a seguir utilizando la agresión verbal como factor presionante, sobre todo con Forrest, quien es el rival que más se ha alterado.
Casi, casi, podríamos ponerle sello a esta pelea en las 154 libras.

dplay@ibw.com.ni