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Este Forrest oscurecido


Edgard Tijerino

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Al amanecer del 1 de enero de 2003, Vernon Forrest, instalado en la cima de la montaña, jefeando el ranking libra por libra después de dos impactantes victorias sobre Shane Mosley, brillaba intensamente.
Cerca de la media noche del 12 de julio de ese mismo año, era un hombre destruido. Por culpa de Ricardo Mayorga, quien lo venció dos veces contra pronóstico, por nocaut y por decisión.
Forrest desapareció de los escenarios por dos años. Nunca se supo dónde permaneció oculto ni qué sicólogos lo atendieron. Seguramente anduvo, anduvo y anduvo en busca de la luz del día, tratando de salir del túnel y borrar las imágenes de lo ocurrido en las dos peleas con Mayorga.
Reapareció en 2005, cuando comprobó que al despertarse, ya no veía a Mayorga venir hacia él con sus pistolas humeantes disparando frenéticamente.
Venció a Sergio Ríos y Elco García, re-adaptándose a la geografía del cuadrilátero. Ahí estaba Forrest de nuevo entre las cuerdas intentando moverse con aquella soltura que provocó deslumbramiento frente a Mosley, lanzando su larga izquierda en combinación con su otrora poderoso cruzado de derecha, acercándose al riesgo espantando fantasmas.
Le ganó una difícil decisión al veterano Ike Quartey, uno de los grandes tormentos de Oscar de la Hoya y, recientemente, superó a Carlos Baldomir en una pelea desteñida. Hata hoy, ha sido un Forrest oscurecido.
Pero regresó al trono de las 154 libras y esta noche se fajará con Michael Piccirillo, otra víctima de Mayorga, en busca de continuar su lenta reconstrucción. Forrest es favorito para prevalecer por considerarse que pese a todos los inconvenientes que lo han rodeado, dispone de mejor armamento.
Compartimos esa opinión. Forrest, sin necesidad de aproximarse al púgil que fue antes de conocer a Mayorga, puede manejar a Piccirillo y mantenerse en la cresta de las 154 libras.
Ahora con 36 años, Forrest triunfando, podría estar colocándose en ruta hacia una tercera pelea con el pinolero, algo que probablemente no le atrae, pese a que tampoco Mayorga es el mismo que lo golpeó con dureza en 2003, en las dos mejores exhibiciones de su carrera, incluso con cierta coherencia a ratos.
En los barrios bravos, cuando sos chavalo y alguien te derrota dos veces, adquiere una “paternidad” que te impide volver a “bujarle”. Mayorga consiguió esa ventaja sicológica sobre Forrest y la puede hacer valer en un tercer enfrentamiento.
No sería raro que Forrest no tenga interés en encerrarse nuevamente en un ring con Mayorga. Podría sentirse atrapado y sin salida.